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ESTUDIOS RELIGIOSOS 


Del mismo 


autor publicada por esta easa 


Ensayos de crítica é 


historia.— Una peseta. 


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ly / 

Alberto liin Ffúas 


Cstudios 

religiosos 



F. Sempere t Compañía, Editores 

Calle del Palomar, núm. 10 


VALENCIA 


3 523 6 


Imp. de la Casa Editorial F. Sempere y C. m Valencia 


CARTA-PROLOGO 


Salamanca 13 de Diciembre de 1906 . 

Señor don Alberto Nin Frías. 

¡Ay mi buen amigo , y en qué torbellino me 
veo metido! He de dar dos clases diarias, despa- 
char el rectorado , atender d colaboraciones fijas 
como la de La Nación, de Buenos Aires , y luego 
una correspondencia que cada día crece , sobre 
todo con americanos , y añada que preparo tres 
libidos , el primero de versos . F paseo á diario , 
gracias d lo cual y d esta excelente constitución 
física con que Dios me regaló , resisto todo ello 
sin resentirme. Ahí sólo, en Montevideo , tengo tres 
amigos de los de primera , ote aquellos con quienes 
me gustaría departir de largo , que son: don Juan 
Zorrilla de San Martín , don José Enrique Rodó 
y usted. 

Pero hagan cuenta que hablo con mis amigos 
en mis escritos públicos, y en mis libros , La vida 


Vi 


CARTA-PRÓLOGO 


de don Quijite, pongo por caso, les habrá habla- 
do de mí. 

Con usted querría departir — á ver si llego á 
ir por esas tierras , que lo deseo— muy en especial 
del cristianismo en esa América. 

Yo no sé por qué el protestantismo histórico 
no acaba de satisfacerme y me parece poco ade- 
cuado para los pueblos que llamamos latinos. 
Cierta estrechez de criterio , y por mucho que 
quieren sacudirse de ello siempre conservan un 
supersticioso culto á la letra. Tal vez en el fondo 
sea el católico más racionalista, por ser más pa- 
gano, que el protestante , que es más fideista. Los 
cristianos educados en el catolicismo, cuando 
dejan éste siguiendo cristianos están más prontos 
á aceptar los resultados de la exégesis libre. 

Lo que creo se prepara, es un cristianismo á 
secas, un cristianismo amplio y universal, igual- 
mente elevado sobre catolicismo y protestantismo, 
sin dogma católico ni protesta protestante , algo á 
que confluyen la tendencia del abate Soisy — cuyos 
dos preciosos libros L’Evangile et l’Eglise y 
Autour d’un petit livre conocerá usted — y de 
Harnack de otra parte, por ejemplo . En todas 
partes se camina á algo que es á modo de una 
síntesis ó una depuración de las distintas confe- 
siones cristianas en aquello en que se asemejan. 
Y si el catolicismo tiene que dejar todo lo especi- 
fico suyo, que es, digamos, como un 80 por 100 de 
su contenido, también el protestantismo tiene que 


CARTA-PRÓLOGO 


Vil 


dejar del suyo aunque sólo sea un 20 por i 00. 
Tiene que dejar el literalismo y la doctrina de la 
inspiración verbal de las Escrituras. Hay que ir 
al cristianismo puro , dejando hasta el dogma de 
la divinidad, de Jesús , en que no creyó Jesús 
mismo . 

Hasta otra. Sabe es su amigo afectísimo 


Miguel de Unamuno. 




Sobre el espíritu filosófico del autor 


No hace mucho tiempo que, r comentando 
otro libro de Nin Frías, señalaba yo lo diferen- 
te, y aun opuesto, de nuestros respectivos pun- 
tos de partida, en nuestra orientación ideal. El 
procede — decía — del protestantismo, yo del he- 
lenismo; pero después de notar esta diferencia 
agregaba que, á pesar de ello, nuestros espíri- 
tus se aproximaban más cada día y convergían 
á un mismo término, porque toda gran ruta 
ideal, no importa cuál sea, lleva en dirección á 
la armonía, á la amplitud, á la comprensión de 
todo lo bueno, á la amistad con todo lo her- 
moso. 

Y he aquí que ha llegado la ocasión de que 
luchemos juntos, porque esta es la hora en que 
me ha tocado asumir, contra ciertas tendencias, 
la defensa de la tradición cristiana y del ideal 
cristiano, á pesar del paganismo de mi imagi- 
nación y de mi gusto artístico. 


X 


SOBRE EL BSPÍRITU FILOSÓFICO DEL AUTOR 


He explicado recientemente cómo cabe par- 
ticipar sin contradicción de ambas devociones. 
La obra de Grecia perdura en lo mejor de 
nuestra mente: es el sentido de lo bello, la in- 
vestigación metódica, el pensamiento libre. Sin 
la persistencia de esta obra, el cristianismo 
sería un veneno que consumiría hasta el último 
vestigio de civilización. Las esencias más salu- 
tíferas, los específicos más nobles, son terribles 
venenos tomados sin medida ni atenuante. Es 
una gota de ellos lo que salva; pero no por ser 
una gota deja de serla parte esencial en la pre- 
paración en que se Ies administra. Lo que en 
la redoma del farmacéutico da el olor aromáti- 
co, el color, la eficacia medicinal, 1a virtud tó- 
nica es, á menudo, una gota diluida en muchas 
partes de agua. El agua fresca y preciosísima, 
el agua pura de la verdad y la Naturaleza, es lo 
que Grecia ha suministrado al espíritu de 
, nuestra civilización. Agradezcamos esta agua, 
pero no desconozcamos por eso la gota de 
quinta esencia que la embalsama y le da virtud 
de curar y la guarda de que se corrompa. 

Ambos principios han llegado á reunirse en 
la complejidad de nuestra alma, en nuestro 
concepto de la vida; pero no sin conflicto fre- 
cuente, no en síntesis perfecta y estable, sino 
más bien como mezcla que sólo se consigue por 
la tenaz agitación del vaso en que los dos ele- 
mentos se contienen. La concordia definitiva, 


SOBRE EL E9PÍR1TU FILOSÓFICO DEL AUTOR XI 

Ja unión íntima y segura, ¿es asequible y se 
producirá alguna vez? Cabe esperarlo de esta 
misteriosa alquimia que tiene por laboratorio 
el tiempo, y por material las idees y los senti- 
mientos humanos. 

Uno de los conductores de olmas que en 
nuestro ambiente pueden cooperar con más 
eficacia á esa tarea es, sin duda, Nin Frías. 
Pertenece al escaso número de los escritores 
que, en nuestro idioma, tratan con amor y con- 
ciencia el problema religioso (así lo ha reco- 
nocido Unamuno), y suyo es principalmente 
el mérito de haber atraído á ese alto objeto la 
atención de nuestra juventud. Su interpretación 
y comprensión del cristianismo es amplia, de- 
licada y profunda, y no excluye un vivo y justo 
sentimiento del espíritu clásico. Este cristiano 
sabe el modo de sacrificar, sin inconsecuencia, 
en el altar de las Gracias. Tiene un hondo sen- 
tido moral y religioso, y tiene además un claro 
sentido do lo bello. 


José Enrique Rodó. 







Bu Dictionairc International 

des Écriuains du Monde Latín 


Littérateur et critique, journaliste et profes- 
seur, a revélé, dans son jeune age, un rare ta- 
lent, un esprit original et une érudition peu 
commune. 

Né á Montevidéo, il a fait son éducation en 
Angleterre, en Belgique et en Suisse, se for- 
mant á l’école critique et positiva des Taina et 
Carlyle. Mais son positivismo n’est jamais pe- 
simiste: sa visión de beauté et de vérité l’em- 
porte toujours: cJ’aime le suggestif», dit-il; la 
suggestion du bien, la suggestion du beau, font 
de ce jeune homme un intellectuel exquis. 

II a fondé á Montevidéo la Société Cervan- 
tes, et il travaille avec toute son ardeur á rele- 
ver le niveau intellectuel de son pays. La criti- 
que littéraire a acueilli avec enthousiasme les 
premiers essais de ce jeune et puissant littéra- 
teur, qui semble destiné á jouer un role consi- 
dérale et bienfaisant dans l’Uruguay. 


XIV 


DU DICTI0NA1RE INTERNATIONAL 


Sur les traces de ces deux maitres, Renán et 
Taine, il ateindra ó son tour les hauteurs. 

On lui doit aussi un essai en franoais sur 
La religión de Taine (1900), un essai sur Cervan- 
tes (1900), á l’occasion de la création de la so- 
ciété littéraire Internationale de ce nom; mais 
surtout des Ensayos de critica é historia y otros 
escritos (1902), 309 pages; Nuevos ensayos de cri- 
tica (1904), 250 pages. A la fin de cet intéressant 
volume, se trouve une bibliographie compléte 
des écrits de ce jeune et brilla nt littérateur en 
voie de devenir á son tour un maitre. 

On lui doit en plus L’Arbre, livre de lectura 
pour les écoles primaires de son pays, en vue 
de la propagando pacifiste. Ce livre est pieuseu- 
ment dédié á la mémoire d’Elisée Réclus et á 
la sympathie pour son frére Onésime, deux au- 
teurs favorits du jeune écrivain. 

En outre il a publié cette année 1906: Études 
sur Jésus et son influence, 120 pages; Essai sur 
la vie de l'étudiant et ses rapports avec la mora- 
le, qui a été le sujet d’une conférence donnée á 
l’Université de Montevidéo (1906); en ce moment 
il prépare un volume avec ses meilleurs essais 
édité par la maison Sempere, de Valence (Es- 
pagne), et un étude sur le celebre styliste et pen- 
seur uruguayen J. E. Rodó. 

Ajoutons qu’il y a quelques jours le grand 
journal argentin La Nación a publié un article 
íort important de Nin Frias. Or, chacun sait 


DES ÉCR1VAJNS DD MONDE LATIN 


XV 


avec quel soin l'organe de Buenos-Aires trie les 
travaux qui lui sont remis. Acueillir l’oeuvre de 
Nin Frias c’est un nouveau et serieux homma- 
ge pui lui a été rendu. 


Borne , 1906 






DATOS BIOGRÁFICOS DEL AUTOR 


Por César L. Rossi 


Nació en Montevideo, el 9 de Noviembre de 
1879. Él puede repetir, respecto de sus antepa- 
dos, la frase de Marco Aurelio, el piadoso em- 
perador romano: «Recibí de mi abuelo costum- 
bres apacibles, paciencia inalterable; de mi 
padre, vigor, y de mi madre, instintos piadosos, 
generosidad: no solamente no hacer nunca el 
mal, sino que tampoco pensarlo siquiera.» 

En 1887, su padre, el doctor Alberto Nin, 
presidente entonces del S. Tribunal de Justicia, 
fué nombrado encargado de negocios en Ingla- 
terra, trasladándose á ese país con toda su 
familia. El joven Alberto continuó allí sus estu- 
dios primarios. La familia del doctor se trasla- 
dó á Wíndsor, preciosa ciudad donde residen 
con preferencia los reyes de Inglaterra. En este 
ambiente pintoresco y poético se deslizó la so- 
ñadora infancia de Nin Frías. La influencia del 
medio de que nos habla Taine — el gran maestro 


2 



XVIII 


DATOS BIOGRÁFICOS DEL ACTOR 


de Nin Frías — , determinó en éste una admira- 
ción muy pronunciada por las bellezas de la 
Naturaleza, de la cual ha sido siempre un ob- 
servador amante y sagaz. Espíritu esencialmen- 
te religioso, las serias cuestiones del destino 
humano tenían un lugar preferente en su pe- 
queña vida intelectual. 

Á los catorce años hizo un viaje á Italia, en 
compañía de sus padres. Varias veces, en ínti- 
mas confidencias, nos ha hablado de ese viaje, 
y siempre notamos que guarda un recuerdo 
dulcísimo de aquel magnífico país: su libro de 
viaje es la mejor prueba de ello. Y notamos 
también que, aunque muy joven todavía, ya ob- 
servaba las cosas de una manera seria 6 la' vez 
que picaresca. Sin duda, esas circunstancias 
tuvieron una gran influencia para su amor por 
la Historia y el Arte. 

Algún tiempo después, volvió con su familia 
á Montevideo, donde permaneció seis meses. 
De nuevo en Europa, ingresó al Colegio Inter- 
nacional de Ginebra (Suiza), donde hizo sus 
estudios de francés y siguió el curso de bachi- 
ller en ciencias. Pasó luego á Berna para estu- 
diar el alemán y continuar luego sus estudios 
superiores en Alemania. Su conversión al cris- 
tianismo evangélico es una de las páginas más 
interesantes del libro de su vida, tan rico en 
experiencias morales é intelectuales. Las pri- 
meras manifestaciones que de la libertad para 


DATOS BIOGRÁFICOS DEL AUTOR 


XIX 


elegir el camino de su salvación eterna recibió, 
fué en Wíndsor, donde conoció la Biblia. Es 
sabido que en las escuelas inglesas las clases 
comienzan por la lectura de las Sagradas Es- 
crituras. 

Nin Frías, en su carácter de católico, fué pri- 
vado de asistir á esas clases; pero él halló el 
medio de anular esa disposición, yendo á escu- 
char, detrás de 1a puerta, los cursos bíblicos de 
sus jóvenes condiscípulos. Su joven imagina- 
ción sintió ansias de esa lectura, y tanto habló 
de ella á sus padres, que éstos concluyeron por 
tolerar sus inclinaciones á la Biblia, regalándo- 
le un ejemplar de la Vulgata, ejemplar que 
nuestro distinguido amigo conserva como un 
precioso tesoro de su infancia. Nos cuenta que 
su ocupación preferida, su diversión más ama- 
da, consistía en reunir, los domingos, á sus pe- 
queños hermanos y enseñarles la historia del 
pueblo de Israel y los cánticos sencillos y con- 
movedores de los himnarios evangélicos. 

Quizás sea por la comunión de ideas, pero 
podemos asegurar que la faz más interesante 
de este «joven filósofo» (como lo ha sancionado 
la crítica) la vemos en sus ideales religiosos. 
¡Cuántas veces nos extasiamos, soñando en co- 
sas lejanas, al escuchar á Nin Frías en sus 
conversaciones sobre el «más allá»,., sobre su 
inmensa fe en una vida futural... 

Los gérmenes de cristianismo recibieron su 


XX 


DATOS BIOGRÁFICOS DEL AUTOR 


sazón en Berna, donde asistió con frecuencia á 
la Iglesia reformada, haciéndose bien pronto 
un espiritualista convencido. Desde entonces el 
espíritu de San Pablo y Lulero — esa fortaleza 
de carácter que sólo el cristianismo puede ge- 
nerar — han impreso un sello característico en 
todos los numerosos y profundos escritos de 
Nin Frías. 

En aquella época, su padre había sido mi- 
nistro plenipotenciario de nuestro país en Bél- 
gica y Suiza, además de Inglaterra, pero ciertas 
circunstancias de orden privado determinaron 
al doctor Nin á regresar al Uruguay. 

Nin Frías, que había ingresado al colegio de 
San Luis de Bruselas, se vió en la precisión de 
abandonar sus cursos y seguir á su padre á 
América. 

El director del Colegio Internacional de Gi- 
nebra había dirigido, poco antes de abandonar 
la Suiza, al doctor Nin una carta que hemos 
leído y constituye una profecía, hoy hermosa- 
mente cumplida, sobre lo que sería el talento 
y el carácter de nuestro biografiado. 

Definitivamente en su patria, Nin Frías ha 
ocupado distintos puestos, revelando en todos 
condiciones excepcionales. Ha sido encargado 
de sección en el Museo Pedagógico, y hoy des- 
empeña el puesto de Bibliotecario en la Cáma- 
ra de Representantes. Profesor de idiomas en 
la Facultad de Comercio, sustituto de Filosofía, 


DATOS BIOGRÁFICOS DEL ACTOR XX [ 

catedrático de Inglés en la de Preparatorios de 
nuestra Universidad. En este primer centro de 
enseñanza, Nin Frías es justamente muy soli- 
citado: formó parte del tribunal examinador en 
el concurso para llenar la cátedra de Francés, 
y se le llama para todas las mesas examinado- 
ras de idiomas y Filosofía. 

El 28 de Octubre de 1905, inició con los jó- 
venes Juan Carlos Gómez Folie y Wáshington 
Paullier un Comité de juventud intelectual co- 
lorada, para manifestar al doctor Claudio Wi- 
lliman la simpatía con que era recibida su 
candidatura entre el elemento joven. Dicha ini- 
ciativa, como se sabe, tuvo el más franco y 
brillante éxito, recibiéndose, desde un princi- 
pio, numerosas adhesiones de los departamen 
tos. Esos trabajos fueron continuados activa- 
mente, y después de la Asamblea verificada 
por la Juventud Colorada en el Instituto Verdi> 
dió origen al actual Comité Pro-Williman de 
la Juventud. 

Es socio corresponsal del Ateneo de Guate- 
mala, corresponsal de El Mundo Latino , de la 
Sociedad Heleno-Latina de Roma, del Ruskin 
Hall de Oxford, de la Revista positiva de Méji- 
co, de la Revista de Derecho , Letras ó Historia 
de Buenos Aires, de la Revue Américaine de 
Bruselas, de la Ilustración Sudamericana , etcé- 
tera, etc. 

Ha publicado varias obras de aliento, entre 


XXII 


DATOS BIOGRÁFICOS DEL AUTOR 


ellas un Ensayo sobre la Sociedad Cervantes (de 
la cual es iniciador); numerosos estudios críti- 
cos, históricos y filosóficos, un estudio sobre la 
religiosidad de Taine, dos volúmenes de Ensa- 
yos de crítica é historia, varios estudios en las 
revistas más importantes de Sud-América, una 
conferencia sobre la vida del estudiante y la 
moral, Estudios sobre Jesús y su influencia f un 
libro de lectura, El Arbol , y otros muchos es- 
critos, en los que campea su maravilloso espí- 
ritu de pensador y observador. 

Á la extensa lista de sus escritos, habría que 
agregar ahora el tomo de Ensayos de crítica é 
historia que la Casa Editorial Sempe^e, de Va- 
lencia, acaba de publicar. La importancia de 
esa biblioteca es de todos conocida: en los li- 
bros que ha publicado está el torrente de luz 
que iluminará la futura grandeza de Hispano- 
América. Un crítico justiciero ha señalado esta 
aparición en los siguientes términos: 

«La obra de Nin Frías, bajo la etiqueta de 
la casa Sempere, recorrerá todos los países de 
habla castellana, llevando á ellos, por vez pri- 
mera en esa encuadernación, una voz del pen- 
samiento uruguayo.» 


(Publicado en el Trabajo, de Canelones— Añe L núm. 9.) 


ENSAYO 


sobre las obras que la Casa Sempere ha publicado 
acerca del cristianismo 




ENSA YO 

sobre las obras que la Casa Sempere ha publicado 
acerca del cristianismo 


I, El cristianismo según la Iglesia libre. (Análisis de las 
ideas del profesor T. M. Lindsay, de Glasgow.) — II. El 
cristianismo y sus comentadores: Strauss; Renán; Maeter- 
linck: Tolstoi; Draper; el barón d’Holbach; Nietzsche; el 
nuevo realismo y el antiguo idealismo; el ideal de Occi- 
dente y el ideal de Oriente; la misión de la ciencia; el 
verdadero cristianismo; necesidad de nuevos ideales; lu- 
cha de tendencias; un juicio de Max Nordau. — III. El 
ideal insustituible; el testimonio del positivista Juan 
Morley; de Goethe; de Spencer; del psicólogo Guillermo 
James; una invitación para el estudio de estos proble- 
mas. Reflexiones finales. 


I 

Debido á la gentileza nunca desmentida de 
esta Casa Editorial hacia el pensamiento eleva- 
do y culto, publico estos estudios religiosos. 
Contribuyo así con mi pequeño esfuerzo á pre- 
sentar al neo-cristianismo. En mí no habla el 


XXVI 


ENSATO SOBRE OBRAS 


creyente á ciegas, ni el protestante liberal, que 
he sido desde los quince años, sino el profundo 
amigo de la ciencia y de la belleza moral que 
expresa en esta forma el agradecimiento por 
cuanto el cristianismo ha contribuido á mis sa- 
tisfacciones físicas, morales é intelectuales, por 
cuanto me ha hecho atiabar la inmarcesible ar- 
monía del Universo. 

La humanidad no debe ni puede vivir en el 
pasado, pero es su deber continuarlo bajo for- 
mas mfts perfectas. Una imagen sugestiva y 
verdadera á la vez del concepto de la vida y 
del progreso era aquella que perpetuaba en 
Atenas la fiesta simbólica de las lampadopho - 
rie. Para esa solemnidad se colocaban varios 
ciudadanos á cierta distancia unos de otros 
formando una cadena. El primero del círculo en- 
cendía una tea en el fuego del altar, y luego la 
transmitía, tal como la había recibido, al otro, 
y así sucesivamente. Cada uno de los concu- 
rrentes sólo debía preocuparse de conservar el 
brillo de la llama. Así es la vida mental, asi es 
la luz del cristianismo, que lleva en la mano 
nuestra civilización. 

Nuestro deber presente no es extinguirla, 
sino buscar su mayor esplendor, á fin de que se 
extienda la visión de lo bello y moral á todos 
los seres. 


ACERCA DEL CRISTIANISMO 


XXVII 


¿Pertenece la filosofía cristiana á un régi- 
men que cesa ó á uno que se afianza? 

La lectura de estos Ensayos por un lado y 
las obras de Ernesto Renán, Draper, David 
Strauss, de Mseterlinck, Merejkowsky, Tolstoi, 
Nietzsche por otro, podrán sugerir al lector 
consciente una idea cabal de la elevada teoría 
cristiana. 

Cualesquiera pueda ser la opinión definitiva 
que adopte la sociedad futura respecto al cris- 
tianismo, no podrá negársele, á la par de los 
grandes sistemas filosóficos y morales del mun- 
do, el haber sido una brillante y vigorosa etapa 
de la mente humana en la ruta, áspera hacia 
sus inmortales destinos. 

La palabra cristianismo proviene del adje- 
tivo cristiano , que á su vez se deriva del griego 
cristos , es decir, ungido; en su más lato sentido 
se aplica á la religión introducida por el hebreo 
Jesu-Cristo y comunicada á sus discípulos. 

Está constituido por dos elementos: el uno 
objetivo , la revelación de la mente infinita al 
hombre á efectos de su salvación; el otro subje- 
tivo , la posesión de esta manifestación y lo que 
implica para el ser humano, mediante la fe. 

La vida de Jesús y de su pueblo, que cons- 
tituye la esencia del cristianismo, se manifiesta 
en una organización visible y externa con ob- 


XXVIII 


ENSAYO SOBRE OBRAS 


jeto del culto, que vulgarmente se llama iglesia, 

Pero este culto no es el cristianismo, y aun 
menos lo son las diversas instituciones y cere- 
monias por las cuales se efectúa el culto. 

El cristianismo no puede menos de afectar 
poderosamente todo el elemento intelectual de 
la vida del hombre... El cristianismo no puede 
menos de diferir de Platón y Aristóteles en su 
concepción de Dios. Él considera al pecado 
como algo que se extiende á toda la raza huma- 
na, mientras que el pagano lo cree un error 6 
desgracia de los individuos... La teología y el 
cristianismo son dos cosas muy distintas... 

Las críticas hechas al cristianismo por las 
Dietas, reforzadas por los enciclopedistas (1), 
de que Jesús era un charlatán y que todo su 
Bistema se basaba sobre el fraude, han des- 
aparecido. Otros han creído ver en él una de las 
tantas religiones que contiene parte del patri- 
monio de las grandes verdades. Este es el punto 
de viBta evolucionista. 

La escuela de Tubinga, á la que pertenece 
Strauss, ha sugerido el método seguido por la 
mayor parte de los filósofos supernaturistas. Su 
método consiste en una crítica negativa, inge- 
niosa, para separar los elementos primitivos del 


(1) Y. Moisés, Jesús y Mahoma, por el barón d'Holbach. 


ACERCA DEL CRISTIANISMO 


XXIX 


cristianismo, tales como se presentaron en la 
mente de Jesús y los comunicó á sus discípulos, 
y los demás elementos agregados después por 
adherentes más filósofos. 

Este sistema tiende á explicar cómo surgió 
la armonía actual del conflicto entre las dos 
tendencias opuestas, es decir, entre el judaismo 
y el anti judaismo. 

Para estos comentadores, Jesús es un rabino 
judío y su religión sería no sólo producto suyo, 
sino la combinación de sus ideas con elementos 
pertenecientes á la civilización romana, á la 
filosofía griega y á la oriental. Todo esto se 
prueba por evidencias internas y en la premisa 
de que el cristianismo no es un producto sobre 
natural. Para los que niegan lo sobrenatural, 
el cristianismo sólo es una fuerza moral... La 
Biblia y el cristianismo no pueden separarse, 
mas exiBten con respecto al libro dos opiniones 
fundamentalmente distintas. Los naturalistas lo 
consideran como un compendio de verdades abs- 
tractas, que pueden condensarse en dogmas y 
resumirse en credos, mientras que aquellos que 
se atienen más á la interpretación espiritual del 
cristianismo estiman á la Biblia como un medio 
por el cual Dios se revela al lector creyente... 
El cristianismo no es meramente una revolución 
social ó paso natural en la marcha del progreso 


XXX 


ENSAYO SOBRE OBRAS 


humano. E 9 una religión cuyos origenes no hay 
que buscar dentro de la naturaleza humana, 
sino fuera de ella. El cristianismo empezó su 
carrera en el mundo en una época política, social 
y religiosa singularmente propicia al adveni- 
miento de una nueva religión universal y espi- 
ritual. 

El cristianismo, al solucionar el problema de 
su conexión con el judaismo, acertó en cuatro 
grandes cuestiones, pero al mismo tiempo incu- 
rrió en cuatro grandes errores. Estos últimos 
fueron el dar á la fe el ascendiente intelectual 
al prestar á la Biblia un aspecto completamente 
intelectual, al delinear los credos infalibles y al 
conferir á una clase privilegiada el poder de 
interpretar las Escrituras y regularizar la disci- 
plina eclesiástica. Las causas de sus rápidos 
progresos, pueden reducirse á estas cinco que 
formuló Grilbbon: 

1. a , el inflexible celo de los cristianos, pro- 
veniente del judaismo, pero desligado del espí- 
ritu estrecho é insociable, que en vez de atraer 
á los gentiles á la ley de Moisés, los habia ale- 
jado de ella; 2. a , la doctrina de una vida futu- 
ra, mejorada por una circunstancia adicional, 
que podía dar peso y eficacia á esa importante 
verdad; 8. a , los poderes milagrosos atribuidos 
á la Iglesia primitiva; 4. a , la pura y austera 


ACERCA DEL CRISTIANISMO 


XXX[' 


moral de loa cristianos; 5. a , la unión y discipli- 
na de la República cristiana, que gradualmente 
llegó á constituir un Estado independiente den- 
tro del corazón del imperio romano. 

Tres eran las razones que daban los paga- 
nos al convertirse al cristianismo: 

1. a , la sublimitud y la sencillez de las doc- 
trinas cristianas sobre Dios, el pecado y la 
salvación; 2. a , la noble pureza de la vida cristia- 
na, y más especialmente la de la mujer cristia- 
na; 3. a , la grandeza de la doctrina de la crea- 
ción, contenida en el Antiguo Testamento... 

La influencia política del cristianismo es tan 
noble como su poder moral; influyó mucho sobre 
el paganismo, en cuyo seno fué arrojado. 

Fué ei cristianismo quien comunicó al mundo 
estos dos grandes factores de la libertad civil: 
una opinión pública consolidada y un sistema 
eficaz de gobierno representativo... 

La tranquila influencia ejercida por el cris- 
tianismo sobre la mente humana, y especial- 
mente sobre las investigaciones científicas, es 
demasiado importante para no mencionarla. Los 
escritores anticristianos se han combinado para 
hacer resaltar la hostilidad existente entre la 
religión y la ciencia. 

...Semejantes críticas se parecen á los movi- 
mientos para derribar la escalera con la cual ha 


XXXII 


ENSAYO DE OBRAS 


ascendido al Bitio que ocupa. El cristianismo no 
creó la filosofía ni la ciencia... Estos fueron los 
últimos vestigios de la civilización pagana que 
se opusieron á la conquista cristiana. 

Muy pronto, sin embargo, la filosofía y el 
cristianismo hicieron las paces, y en los escritos 
de San Agustín hallamos el más noble platonismo 
junto á la más elevada teología cristiana. 

Lo cierto es que la ciencia tiene necesidad 
de construir sobre el fundamento provisto por 
el cristianismo, base que el paganismo no tiene 
la aptitud de dar, ó por lo menos nunca dió. 

La ciencia presupone y reposa sobre la uni- 
dad y uniformidad del universo, y esta idea, 
estrictamente hablando, es un concepto cristia- 
no. Aristóteles, el más científico de los filósofos 
de la antigüedad, no fué capaz de concebir la 
uniformidad de la Naturaleza según el sentido 
que esa frase tiene para el pensador moderno. 

Sus concepciones de la materia y de la for- 
ma, de la potencialidad y de la actualidad y 
otras, implicaban una sutil dualidad que se 
oponía á tales ideas, 

La uniformidad de la Naturaleza, capacidad 
del ideal, para realizarse en las cosas actuales 
siempre tendían á detenerse por una resistencia 
interna de la materia, opuesta en ocasiones á 
someterse á la ley. Fué esta la idea que impedía 


ACERCA DEL CRISTIANISMO 


XXXIII 


el resurgimiento de las ideas modernas concer- 
nientes á la uniformidad de la Naturaleza y de 
la totalidad de las cosas é ideas esenciales á la 
ciencia. 

...El cristianismo no se propuso la solución 
ni aun el enunciado de problemas científicos; 
su anhelo de acercarse á Dios lo habilitó para 
ver ahondar más el problema de la base de la 
ciencia que lo hubiese podido hacer el pensa- 
miento pagano. 

Las doctrinas de la creación y de la Provi- 
dencia también presentan los fundamentos 
sobre los cuales se alza la ciencia moderna. La 
doctrina cristiana de la creación establece que 
todas las cosas dependen absolutamente de 
Dios. 

Nosotros y todas las cosas nacemos de Dios 
y de nadie más. 

Prácticamente Dios es el todo en todos nos- 
otros, pues todas las cosas se originan en él y 
sólo dependen de él. La doctrina de la Provi- 
dencia señala el mismo pensamiento bajo otra 
forma. El nervio de esta doctrina es que Dios 
puede y hace concurrir efectivamente todas las 
fuerzas de la Naturaleza para el bien de su 
pueblo... De esta suerte la idea de Dios, como 
creador y conservador de todo, presta una com- 
pleta unidad al Universo, idea á la cual nunca 


3 


XXXIV 


ENSAYO SOBRE OBRAS 


llegó la filosofía pagana; ésta originó el concep- 
to de la uniformidad de la Naturaleza, exigido 
por la ciencia. El proceso mediante el cual el 
cristianismo hizo penetrar esta idea al intelecto 
humano, fué largo. Sólo cuando esto hubo suce- 
dido, fué cuando avanzó la ciencia. La tarea de 
la escolástica fué esa.. . La corrupción que apa- 
reció en el cristianismo se debió en parte al es- 
píritu del judaismo, á la política mundial de 
Roma, á la superstición pagana y á la inmora- 
lidad. La transformación del reino cristiano de 
Dios en una monarquía visible, de la cual las 
santas eran herederas; el abandono de Roma 
por los emperadores y el debilitamiento progre- 
sivo del poder civil, contribuyeron también á 
ese resultado. La infiltración en la Iglesia de la 
concepción hebrea del sacerdocio y del culto 
simbólico del templo, también fueron factores 
en la evolución regresiva de la pura y amplia 
doctrina de Jesús. 

He ahí esbozadas á grandes rasgos las ideas 
de un espíritu evolucionista, la síntesis hermo- 
sa y francamente intelectual á que arriba el 
pensador cristiano cuando no detenido por nin- 
gún preconcepto, analiza el Evangelio y su po- 
deroso desarrollo en la historia del mundo. Los 
pensadores ingleses y norteamericanos que han 
tratado este tema son legión, pero en un sentí- 


ACERCA DEL CRISTIANISMO 


XXXV 


do casi constantemente opuesto al de los filóso- 
fos anticatólicos del Continente. En muchas de 
las severas críticas y apóstrofes contra el cato- 
licismo ha ido envuelto el cristianismo primiti- 
vo. Es necesario deslindar posiciones como los 
pensadores que he mencionado. No han busca- 
do destruir ni anonadar, sino edificar é iluminar 
las conciencias con nuevos aspectos de la au- 
gusta verdad. 

El hombre de nobles tendencias siempre 
busca unir su esfuerzo al de todas las demás 
almas bellas. Recuerdo en este momento á un 
autor con quien he vivido en espíritu por las 
épocas de vida intensa, que fueron el reinado 
de Juliano y el Renacimiento. Cuanto hay de 
insaciable en las aspiraciones del alma huma- 
na, las he sentido al leer sus novelas cien veces 
grandes, mil veces bellas. Scott ni Hugo supie- 
ron evocar mejor el pasado, ni Taine adivinar 
el secreto, el misterio que toda alma bella lleva 
en sí. Hablo de Dimitry Merejkowsky, cuyas 
obras son de lo más notable que ha publicado 
esta Casa Editorial. En esas obras hay arte, 
hay sabiduría, está el pasado con los caracte- 
res insinuantes de la realidad. 

Recuerdo uno de los capítulos de La resu- 
rrección de los dioses en que se describe el ha- 
llazgo de una maravillosa estatua, esculpida 


XXXVI 


ENSAYO SOBRE OBRAS 


allá en la adolescencia del mundo. El fanatismo 
de los que se apoderaron del Evangelio para 
imponer sus ambiciones y caprichos la había 
ocultado allí, pensando acaso el que lo hiciera 
que tras aquella época de pasiones malsanas 
se sucederían otras de hermosa y libre menta- 
lidad. El cristiano que así pensó, conocía á 
fondo el maestro. El Renacimiento y la Reforma 
fueron gemelos; la vuelta al cristianismo pri- 
mitivo también fué un regreso al arte de Atenas 
y á la grandeza de su filosofía. Lo ocurrido con 
la Venus sucedió con las ideas de Jesús; sólo 
en el siglo pasado pudo contemplársele tal cual 
se presentó en los valles de Palestina y al bor- 
de de los lagos. Como ese símbolo de piedra de 
la belleza eterna que es la Venus de Milo, él es 
el complemento viviente, el soplo de vida de 
ese ser inerte, pero tan poderosamente sugesti- 
vo, que los hombres le confunden con lo eterno 
é impalpable. 

La belleza infinita sólo reside en Dios. 


ACERCA DEL CRISTIANISMO 


XXXVII 


II 


David-Federico Strauss nació en 1808, cer- 
ca de Stuttgart. Después de cursar todos los 
altos estudios de las universidades, estudió á 
Schleirmacher y luego á Hegel. Flotó, durante 
algún tiempo, entre un misticismo exagerado y 
la negación categórica de todo lo sobrenatural. 
En el siglo XIX puede considerársele como el 
más mortal enemigo del cristianismo y un po- 
deroso agitador de conciencias. Fué el creador 
de la crítica más disolvente hecha al cristia- 
nismo. 

En 1835 publicó su célebre Nueva vida de 
Jesús, que tan honda impresión produjo sobre 
viejos y jóvenes en la erudita Alemania. En 
1872 publicó, después de cuarenta años de la- 
bor intelectual contra la veracidad de los Evan- 
gelios, La antigua y la nueva fe. En estas obras 
expone la ruina de todos los misterios cris- 
tianos. Aconseja creerlo todo ó nada. Profundas 
inconsecuencias de criterio se notan entre sus 
primeras y últimas obras. No posee este origi- 


XXXVIII 


ENSATO sobre obras 


nal innovador de los estudios religiosos la sim- 
patía amorosa necesaria para comprender bien 
toda obra, cualidad que debe tener todo crítico 
en el sentir del divino Goethe. 

A pesar de todo su nihilismo, muchas veces 
desconsolador, no puede morir sin oir las pági- 
nas que escribiera Platón sobre la inmortalidad 
del alma. Quiso embellecer su funeral con el 
rito helénico, y que por encima de los lamentos 
de los suyos resonaran los sutiles acordes de 
Mozart. 

Strauss sugiere mucho, pero no convence, 
porque por encima de la dialéctica más sutil y 
la argumentación más lógica está la ambición 
humana, el instinto, el presentimiento de un 
progreso indefinido para el cerebro humano, que 
finalmente penetrará los grandes misterios... 

Strauss ha ejercido una influencia enorme 
sobre el libre pensamiento moderno. Sin él, 
Renán no hubiese sido. Ninguno que desee estu- 
diar el pensamiento cristiano, sus crisis, su 
evolución, sus triunfos y bus derrotas, puede 
dejar de leerlo, 

La vida de Jesús por Renán es, ante todo, 
una obra de arte, modelo de panfleto, escrito 
en un francés impecable y con tendencias á la 
novela histórica. Nada más hermoso y seductor 
que la dedicatoria de esa obrita, adornada de 


ACERCA DEL CRISTIANISMO 


XXXIX 


la más pura belleza. Esta obra embellece, sin- 
gularmente, el concepto humano del Cristo. 

En su Anticristo , sus Estudios religiosos , El 
Evangelio y la segunda generación cristiana y 
Marco Aurelio y El fin del mundo antiguo , des- 
cribe la epopeya del cristianismo en lucha, pri- 
mero con el judaismo y luego con el formidable 
imperio romano. De todos ellos se deduce la 
suma importancia de la persona de Cristo en la 
historia y de sus ideas en el porvenir religioso 
de la humanidad. Renán seduce siempre por el 
aticismo de su frase elegante, su pensamiento 
conciso y justo, sus juicios respetuosos y sim- 
páticos sobre el cristianismo que amó profunda- 
mente. Sin tratar el punto directamente, M^e- 
terlinck, en el Tesoro de los humildes (1), revela 
á cada paso la dulce nostalgia por el mundo del 
espíritu, su preocupación por todo lo sutil en la 
vida humana — cosas todas que el cristianismo 
incita á comprender y amar — . Como de un bajo 
relieve se disloca de este libro, tan hermoso 
como breve, un concepto profundo de la existen- 
cia. León Tolstoi, en La verdadera vida } seme- 
jante á un nuevo Strauss, creyente en la virtua- 
lidad poderosa de Cristo y su ley, interpreta su 
modo peculiar de concebir al cristianismo. 


(1) Publicada por esta Casa Editorial. 


XL ENSAYO SOBRE OBRAS 

Del fondo de la Rusia, tan deseosa de eman- 
ciparse como otrora las poblaciones esclaviza- 
das del imperio romano, sale esa voz austera 
para saludar en el cristianismo á una doctrina 
superior, á un sistema social aun por realizarse 
y á una fuerza de incalculable poder para el 
bien de la humanidad. 

En Los conflictos entre la religión y la ciencia, 
el erudito Juan G. Draper historea el titánico 
esfuerzo del pensamiento humano por emanci- 
parse no tanto de la religión como del poderío 
eclesiástico que durante tantos siglos retardó 
el progreso del mundo. Estudia soberbiamente 
al catolicismo latino. Esta cuestión es de las 
que más debieran interesar al español y al 
americano, pues aun la fe que impusiera la 
Iglesia allá en las tinieblas del pasado pesa 
como una capa de plomo sobre nuestra menta- 
lidad. 

Es necesario convencerse de que el abismo 
entre la Iglesia y el espíritu moral moderno se 
ahonda. La crisis es inmineute. Es indispensa- 
ble poseer todo el bagaje posible para afrontar- 
la con la razón, única arma del pensador. 

Bello sería que, como en otras épocas, la Igle- 
sia se pusiera al frente de la civilización. Gu- 
yau, ese armonioso espíritu, soñaba en la utili- 
zación de las inmensas fuerzas del catolicismo 


ACEROA DEL CRISTIANISMO 


XLI 


y de su sacerdocio en la gran obra de regene- 
ración social. 

Ei barón d'Holbach, el célebre enciclope- 
dista, estudia escépticamente la personalidad 
de los grandes reformadores Moisés, Jesús y 
Mahoma. Es un buen ejemplo del modo de pen- 
sar en materia religiosa de los hombres que con 
la ironía, el saber y la crítica despiadada, pre- 
pararon el advenimiento de la Revolución fran- 
cesa. 

Toda la obra de Níetzsche se encuentra im- 
pregnada de crítica acerba al cristianismo. La 
tendencia manifestada notablemente por el cle- 
ro católico hacia el aislamiento del mundo y sus 
legítimos placeres es lo que más rebela á este 
filósofo, enartnorado de la vida y sus satisfac- 
ciones. 

Al cristianismo opone su concepción darwi- 
niana del superhombre, especie intelectual su- 
perior que, á manera de los paquidermos de la 
historia natural, dominaría por su fuerza á los 
demás seres. 

En su intenso afán de satisfacer su más vo- 
luptuosa sed de arte, el filósofo aletnán olvida 
á los microbios, á la plebe, que como aquéllos 
la salud del cuerpo, dominan al resto de los 
hombres. 

Creo más bien, con un filósofo escocés, que 


XLII 


ENSAYO SOBRE OBRAS 


Wordsworth reveló mayor perspicacia cuando 
se dirigió á la Naturaleza para percibir la ma- 
nifestación y el significado espiritual del Uni- 
verso, y aun más pienso con Goethe que es el 
espíritu del planeta el tejedor del traje vivien- 
te de la Divinidad. 

«La lección para el idealista», prosigue esta 
mente sutil, si me es permitido hacer uso de una 
frase de Carlyle, es la siguiente: 

« ¡Cerrad vuestro Browning, abrid vuestro 
Goethe; cerrad vuestro Berkeley, abrid vuestro 
Platón; cerrad vuestro Bradley, abrid vuestro 
Hegel!» «Espero — continúa observando — que 
cuando se cierren las obras de Browning, Ber- 
keley y Bradley no se las lacrará hermética- 
mente, y que al leer á Goethe, á Platón y á 
Hegel se hará con ánimo crítico... 

»Pero lo que quiero significar con todo esto, 
es que nuestro deber es aprender á considerar 
más objetivamente nuestra experiencia, si de- 
seamos toda vez que el mundo se vuelva más 
inteligible para nosotros. No afirmo de ningún 
modo que pueda presentarse á nosotros como 
completamente comprensible en esta vida pre- 
sente. Esto sólo puede suceder al final del pro- 
ceso. Creo que éste debe llegar á su término y 
que veremos las cosas tales como son en ver- 
dad. Confieso abiertamente que, en la actual 


ACERCA DEL CRISTIANISMO 


XL1II 


encarnación, estamos aún en los pasos más ele- 
mentales de la marcha ascendente, y nuestras 
mejores teorías tan sólo son hipótesis para pro- 
seguir la investigación» (1). 

El libre pensamiento, credo de la mayoría 
de los autores de que he hecho mención, cum- 
ple con esta preciosa idea que Ibsen ha expre- 
sado tan hermosamente en Hedda Gabler (2): «Se 
respira con mayor libertad cuando se ve algo 
independiente y valeroso en el mundo, algo ilu- 
minado por un rayo de belleza absoluta.» 

La verdad única sólo existe en el mundo di- 
vidida; para llegar á poseerla, fuerza es cono- 
cer todoB los aspectos de la cuestión. 

Este estudio obedece á esa afirmación, y bus- 
co ir al encuentro de todas las ideas con el ánimo 
abierto y el corazón lleno de afecto. Sigo se- 
reno el principio de Goethe: «La simpatía afec- 
tuosa es esencial para la crítica productiva.» 

En un hondo libro sobre el ascetismo indio, 
leí un juicio vigoroso que condensa á maravilla 
mi pensamiento frente al conflicto entre la sa- 
biduría humana y las ansiaB del espíritu por el 
más hallá; helo aquí: «Lo sobrenatural de 


(1) J. M. MakeDzie, El nuevo realismo y el viejo idea- 
lismo. 

(2) Publicada por esta Casa Editorial. 


XL1V 


ENSAYO SOBRE OBRAS 


Oriente se basa en los hechos físicos... El do- 
minio británico en la India ha puesto en lucha 
á dos ideales: el de Oriente y el de Occidente. 
EL hindú discierne el principio de una lucha 
momentánea entre las fuerzas que trabajan 
para el renunciamiento del mundo por un lado 
y para la acumulación de la fortuna por otro 
la ciencia es un enemigo mortal de lo sobrena- 
tural... El p/ueblo de la India retendrá durante 
bastante tiempo el espíritu ascético para conti- 
nuar la vida sencilla y frugal de sus antepasa- 
dos, recordando siempre la enseñanza de sus 
sabios, á saber: que la verdadera riqueza y Ja 
libertad no dependen tanto del dinero como del 
dominio y severa disciplina de los deseos desor- 
denados. Esta ha sido desde tiempos inmemo- 
riales la lección de las más elevadas religionea 
del Asia y su evangelio para Europa.» 

Estas ideas sugieren toda la importancia 
que puede tener el cristianismo — el genuino cris- 
tianismo, despojado de todos los elementos ex- 
traños y funestos que le han agregado las reli- 
giones positivas — para la sociedad moderna. El 
objeto espléndido de la ciencia es la conquista 
física del mundo. 

¡Lector! si quieres palpar toda la belleza, 
intensa poesía y utilidad que hay en ese esfuer- 
zo mental, lee á uno de los grandes cerebros 


ACERCA DEL CRISTIANISMO 


XIV 


de la España moderna: á Blasco Ibáñez. Lee 
su articulo sobre Caja!, el gran español. 

Al alma no sólo le satisface la ciencia, sino 
también el ideal, porque siente Bed intensa por 
lo inasequible. El neo-cristianiBmo puede aún 
desempeñar ese rol. España y las naciones de 
América necesitan de ese soplo ideal. De idea- 
lidad ha menester el espíritu hispano, según lo 
expuso magistralmente el iluminado Unamuno. 
Blasco Ibáñez también lo deja entrever en su 
deseo profundo por que España se emancipe de 
su pasado histórico. 

Estos párrafos suyos, estas reflexiones que 
no hubiese negado el mismo divino Hipólito 
Taine, lo sugieren á voz en grito: 

«¡La religiosidad española!... Los hombres 
más religiosos de España son los sabios y los 
escritores impíos, por la razón de ser los únicos 
que se han preocupado del problema religioso, 
estudiando, investigando, reflexionando, aunque 
el resultado de las rebuscas de su pensamiento 
sea negativo y dé en el suelo con las creencias 
tradicionales. 

»E1 que llega á la incredulidad por reflexión, 
es que tiene un alma religiosa, ansiosa por pro- 
fundizar el supremo misterio que nos envuelve. 
Pero el buen español que va á misa todos los 
domingos porque también iban sus padres y 


XLVI 


ENSAYO SOBRE OBRAS 


porque van todas las personas decentes; que 
confiesa y comulga á la bora de la muerte, 
«porque nada se pierde con ello», y «por si 
más allá hay algo que no sabemos», y aparte 
de esto, vive como mejor le parece y se ríe de 
los curas y desea la desaparición de los frailes, 
se quedaría asombrado si le dijesen que Salme- 
rón, por ejemplo, es más religioso que ellos, 
porque ha estudiado los problemas del alma y 
de la idea de Dios, mientras ellos sólo se pre- 
ocupan de la última zarzuela del «género chico», 
ó discuten el cartel que regirá las corridas de 
toros de primavera. Hombres de ideal á la ma- 
nera de los filósofos helenos ó de Iob discípulos 
de Melanexton son necesarios á la mentalidad 
de la Península y de este continente.» 

En hombres como Unamuno, como Vicente 
Blasco Ibáfiez, como Cajal, como Sorolla, como 
Rodó, palpita la regeneración, la redención y la 
orientación hacia nuevas fuentes de salud para 
el alma. 

Es hora de estudiar el cristianismo con amor, 
sin prevenciones: posee belleza, es grande y 
majestuoso. En buena hora deshójesele de todo 
lo absurdo y malo que le han agregado los fa- 
náticos, los perversos, los críticos y vividores, 
pero juzgúesele con respeto. Max Nordau, el 
vigoroso pensador que desde orillas del Sena 


ACERCA DEL CRISTIANISMO 


XLV1I 


pontifica en nombre de la ciencia, se ocupaba 
no hace mucho de la cuestión religiosa. 

Decía: «Se inicia con esto (la implantación 
del régimen laico en Francia y la reacción con- 
servadora en Alemauia con von Bulow) un ex- 
perimento sociológico inmenso. Dos grandes 
pueblos aplican con toda energía en su ense- 
ñanza dos sistemas opuestos de educación. Uno 
pone á la escuela bajo la invocación de la cien- 
cia, y el otro bajo la de la religión. Uno quiere 
que sepa la juventud, que formará la nación 
más tarde, y el otro quiere que la juventud 
crea. 

» Tendrá, pues, un interés supremo observar 
el resultado de los dos principios y de los dos 
métodos. Como diletante, desearía que los dos 
países pudieran realizar íntegramente su ideal 
filosófico, para que el experimento fuese con- 
cluyente y definitivo. 

»Como alemán, deseo ardientemente que el 
gobierno prusiano no tenga tiempo de cultivar 
hasta la cosecha el grano que se dispone á 
sembrar en la mente de toda la juventud del 
país. Creo firmemente en la superioridad de la 
crítica con respecto al dogma, y todo lo temo 
de la decadencia intelectual, que será la con- 
secuencia de la clericalización despiadada de la 
escuela prusiana. Creo como él, pero poniendo 


XLVIII 


ENSAYO SOBRE OBRAS 


á salvo el principio filosófico de la necesidad de 
la fe en el ideal, en la superioridad de la vir- 
tud, de la nobleza, de la solidaridad, del al- 
truismo, contenidas en el Evangelio, libre de 
interpretaciones, independiente de toda organi- 
zación eclesiástica. Cierta parte del clero ha 
sido el mayor enemigo de la filosofía cristiana. 

»Lo infinito está aún por conquistarse; el 
hombre siempre mirará hacia el cielo, que le 
ofrece, como á Flaramarión, el más vasto cam- 
po de la especulación.» 


III 


Vano es el esfuerzo de suprimir la espiritua- 
lidad, la crítica toda, el mal: todo cuanto ha 
habido por suprimirla, sólo ha obrado sobre las 
masas ignorantes. Á medida que este idealismo, 
que la elevada ética del filósofo de Nazaret ha 
perdido su dominio sobre el bajo pueblo, ha ga- 
nado adeptos entre los grandes pensadores cuyo 
criterio parecía alejado de toda preocupación 
que no fuera la actividad de los sentidos y la 
vida actual. 



ACERCA DEL CRISTIANISMO XL1X 

Así, Juan Morley, el eminente político inglés, 
miembro del actual ministerio liberal, ha dicho 
con toda sinceridad en su Vida de Voltaire: «El 
común de laB gentes acostumbran á desear una 
revelación, ó si no, encuentran en el ateísmo una 
sinteBia superior á las otras. Se afirman á una 
nueva transmitida milagrosamente con sus espe- 
ranzas correspondientes de recompensa y la 
comunicación diaria con la divina voz mediante 
la oración ó el sacramento; de lo contrario, se 
forjan un mundo que se mueve al través del 
espacio como una nave monstruosa sin piloto. 
La concepción deísta, desprovista de toda ma- 
nifestación externa, que concibe á Dios dotado 
de poder soberano y suprema clemencia, con 
un poder irresistible y un espíritu de justicia 
incuestionable; que ama al hombre tiernamente, 
pero que al propio no le envia palabra alguna 
de consuelo y no le señala el camino de la libe- 
ración, es una cosa demasiado dura para quie- 
nes sobrellevan las cargas de las bestias, con- 
servando conjuntamente la inteligencia dada al 
hombre.» ¿Y qué se dirá entonces de la huma- 
nidad superior? Por lo que á mí se refiere, si 
bien no puedo probar los motivos de mi fe en 
el ideal, me eleva de tal modo sobre las contin- 
gencias del mundo, volviendo tan hermosa y 
elevada mi vida, que aunque fuera incierta mi 


4 


L 


EN8AY0 SOBRE OBRAS 


creencia, la aceptaría de corazón como la más 
luminosa verdad. Juzgúese de la causa por los 
efectos. En sus coloquios con Erkerman, Goethe 
se manifestó más vecino al cristianismo que en 
los días de potente juventud. Goethe puede me- 
recernos toda nuestra admiración; por nuestro 
amor de la antigüedad, de la cultura y de la 
belleza, somos sus hijos. Dios fuépara él, mien- 
tras adoraba con entusiasmos al arte, el inte- 
lecto supremo, la razón misma, d amor abso- 
luto. El objeto de nuestras oraciones á Dios 
debiera ser, según él, grandes pensamientos y 
un corazón puro. En ese cúmulo de bellezas que 
es Verdad y poesía, dice serenamente: «Amo la 
Biblia, la aprecio y es á ella á quien debo mi 
cultura moral.» El genial pensador reconoció 
ampliamente nuestra deuda para con la Refor- 
ma cuando dijo: «No sabemos cuántas gracias 
debemos á Lutero y á la Reforma. Por ellos 
fuimos delibrados de las cadenas de la medio- 
cridad espiritual, nos hemos hecho capaces, por 
una cultura creciente, á remontarnos á la fuen- 
te, á conocer el cristianismo en su pureza. Desde 
aquí en adelante tenemos el coraje de marchar 
con paso Arme sobre la tierra de Dios, volvién- 
donos conscientes á nuestra naturaleza humana, 
que es una naturaleza divina.» El autor del 
Fausto hablaba con un respeto singular de 


ACERCA DEL CRISTIANISMO 


LI 


Cristo: «Se rae pregunta ai no es propio de mi 
naturaleza el manifestarle el respeto de la ado- 
ración, y yo respondo: — Seguramente!...» «Se 
rae pregunta si estoy dispuesto á inclinarme 
delante un falange del pulgar de Pedro ó Pablo, 
y yo respondo: — Ahorradme, dejadme tranquilo 
con vuestras absurdidades.» 

Un filósofo italiano, Angelo Mosso, al día 
siguiente de la muerte de Herbert Spencer se 
preguntaba si el gran pensador no fuese un ag 
nóstico, ó si después de sus excursiones por la 
ciencia no se hubiese inclinado á alguna creen- 
cia religiosa. Spencer declaró que nunca había 
sentido abandonar al cristianismo, porque nun- 
ca lo aceptó. El hombre más sabio se engaña 
fácilmente. Cuando terminó sus Principios de 
sociología se alejaba ya de su primitivo positi- 
vismo. Estas preciosas observaciones nos lo re* 
velan hasta la evidencia: «Una verdad debe 
siempre volverse más clara, y es ella que hay 
una Existencia inescrutable que se manifiesta 
en todas las cosas, de la cual el hombre no 
puede encontrar ni concebir el principio ni 
el fin. 

»Entre los misterios que permanecen tanto 
más misteriosos cuanto más se piensa en ellos, 
quedará esta única certeza absoluta: el hombre 
está siempre en presencia de una Fuerza Infi- 



L1I 


ENSAYO SOBRE OBRAS 


Dita y Eterna, de la cual proceden todas las 
cosas. » 

Á los ochenta años escribía lo siguiente el 
noble anciano, cuya vida era un culto continuo 
á la verdad: «La idea de un espacio, frente al 
cual nuestro sistema sideral inconmensurable 
se reduciría á un punto, es un pensamiento que 
me aterra, y junto al cual el espíritu se detie- 
ne.» Esta idea lo preocupaba sobremanera, y 
de ella á la admisión de una banca Suprema, 
no hay más que un paso. 

De esas últimas cuestiones arranca el fun- 
damento de la fe y de la religión; esa es su base 
científica. En las últimas páginas de su Auto - 
biografía , el sereno, filósofo exponía, aun rin- 
diendo así un nuevo tributo á la filosofía de 
la creencia, sus ‘postreros vislumbres de la 
verdad: 

«En el génesis de un sistema filosófico, la 
naturaleza emocional es un factor tan impor- 
tante como la naturaleza intelectual.» 

Estas páginas revelan la esencia más re- 
cóndita de la gran alma de Spencer, que par- 
tiendo de los datos de la ciencia, llegó á las 
conclusiones intuitivas de la teología cristiana. 

Á medida que el espíritu del filósofo se ale- 
jaba de la juventud, su actitud hacia lo inmovi- 
ble se volvía más afectuosa... 


ACERCA. DEL CRISTIANISMO Lili 

Sentía la energía perenne, mas su mente 
no podía abrazarla en toda su magnitud, y como 
el más humilde salvaje le propicia sus mieseB, 
él le daba los frutos de su entendimiento. 

Llega un momento en que creyentes y ne- 
gadores nos damos la mano. Frente al problema 
del destino postrero y de los orígenes, sólo ca- 
ben dos cosas: la humildad y la resignación. 

La duda, cual aguijón de la curiosidad insa- 
ciada, conduce á conclusiones cada vez más 
en armonía con la triunfal verdad. 

Cuenta un escritor, exquisitamente sensi- 
ble, que en la9 catacumbas existen cuartos en 
loa cuales aun la vista más perspicaz no puede 
distinguir si uno se halla en un pequeño templo 
profano, ornado con loa frescos de un artista 
pagano, ó si en vez se contempla la tumba de 
uno de esos primitivos cristianos, levantada por 
sus hermanos con la idea de una religión 
nueva y de una fe más pura. Así sucede con 
Spencer. ¿Fué creyente ó agnóstico? Ni aun él 
mismo podría decírnoslo. Pero con todo nos 
basta su vida tan perfecta, su virtud y carác- 
ter tan íntegros y su hondo sentimiento por el 
más allá. 

Si existe un hombre que merezca actual- 
mente el título de filósofo, eBe hombre es Gui- 
llermo James, profesor de Psicología en la 


L1V 


ENSAYO SOBRE OBRAS 


Universidad de Harvard. Ha hecho de la expe- 
riencia religiosa un ensayo para contribuir con 
él á la psicología descriptiva de la creencia. 

Pocas obras señalan una erudición más ex- 
tensa y un ánimo más sereno para evitar el 
dogmatismo de la opinión personal, el apasio- 
namiento y el error, nacidos del prejuicio. 

Excuso decir que para él la experiencia re- 
ligiosa es una realidad y tiene su trascendencia 
incalculable en la vida colectiva como indi- 
vidual. 

Su conclusión no puede ser más filosófica ni 
más hermosa y vivida: 

«Toda experiencia humana, en su viviente 
realidad, me arrastra irresistiblemente á salir 
de los límites estrechos en que pretende ence- 
rrarnos la ciencia. 

»Me asisten razones prácticas y especulati- 
vas para acentuar esa creencia particular. 

» ¿Quién sabe si la felicidad de cada hombre 
á sus creencias personales no puede ayudar al 
mismo Dios á trabajar más eficazmente en los 
destinos del Universo?» 

Así lo siento y pienso, El cristianismo está 
en ese caso. Con la labor y ayudados del amor, 
también la vieja doctrina podrá darnos un mo- 
tivo más hondo para reflexionar, un acicate 
tnás permanente, una fuente de inspiraciones 


ACERCA DEL CRISTIANISMO 


LV 


más puras para esta vida que en los paÍBes do 
el catolicismo se ha cristalizado, comprometien- 
do así su vida y porvenir, no ofrece los halagos 
de aquellos en que ha pasado por el cristianismo 
el soplo siempre poderoso y útil de la critica y 
de la evolución. 

Hombres de pensamiento, almas dirigentes, 
españoles representativos como Unamuno y 
Blasco Ibáñez y todos cuantos se consagran en 
España y América al mejoramiento de la raza, 
creen que es menester edificar y no destruir. 
Evolucionemos. 

Estos Estudios han nacido de una carta que 
mi maestro y amigo Miguel de Unamuno me 
dirigiera exponiéndome su opinión sobre el cris- 
tianismo. Con ellos le contesto. 

La palabra favorita del filósofo de Salaman- 
ca es inquietar; yo recojo su pensamiento: in- 
quietémonos, vivamos también en lo eterno y 
de su energía inmortal. 


Alberto Nin Frías. 






ESTUDIOS RELIGIOSOS 






Dedico estos Estudios á don 
Miguel de Unamuno y á don Vicente 
Blasco Ibáñez como testimonio de 
la confianza que tengo en ellos para 
transmitir á nuestra raza la fuer- 
za de su carácter, la salud de sus 
ideas y su sed de progreso mental, 
como también aquella otra que nos 
eleva á la categoría de dioses: ¡la 
idea del misterioso más allá! 

Alberto Nin Frías 


Montevideo, Marzo de 1907. 



ESTUDIOS REUIGIOSOS 


Jesús ? la admiración del mando 


Todos los hombrea serán reli- 
giosos cuando se reconozca que 
la religión no ataca el libre exa- 
men y que todos los hombres 
verdaderamente religiosos res- 
peten la ciencia, que da por sen- 
tada la existencia de una reli- 
gión universal. 

Eliphas Lev!. 


Me preparaba á escribir sobre la flojedad 
de nuestro estado religioso cuando, como si al- 
gún ser invisible hubiera querido obsequiarme 
con testimonios de la intensa vitalidad de Cristo 
en el mundo, me llegaron dos opúsculos religio- 
sos: uno de Alemania, otro de América. 

Yo también iba á interrogar á estas multi- 
tudes, y preguntarles: «¿Qué saben del hombre 
ideal y de su vida?» Porque fuera de la Iglesia 
católicaj poco ó nada significa la personalidad 


62 


ALBERTO R1N FRÍAS 


de Jesús en los países latinos. El pensador, el 
moralista, el hombre superior apartado de la 
Iglesia, olvida todo símbolo religioso. Otra cosa 
sucede en las naciones donde la religión se ha 
vivificado en contacto del sencillo Evangelio: allí 
todo agnóstico conserva cierto misticismo, que 
mantiene los caracteres del espíritu religioso 
sin laB costumbres de la fe. 

Rodeo el cuarto donde escribo, y pienso en 
cuanto halaga el sentimiento de lo bello y des- 
pierta por la belleza el sentido moral. Antes 
de fijar mis ideas me he dirigido á todo lo que 
tuve la dicha de tener por guía en la vida del 
pensamiento. Posé la mirada llena de arroba- 
miento sobre el busto de Narciso, que para el 
adorable Heleno fué el símbolo de la introspec- 
ción, de esa facultad maravillosa que consiste 
en observarse minuciosamente y vislumbrar á 
Psiquis, 

El perfecto adolescente en actitud pensati- 
va, la hermosa cabeza baja, está representado 
frente al lago en que su divino cuerpo se refle- 
ja. El día en que el hombre comenzó á pensar 
filosóficamente fué desgraciado, surgió la duda, 
y con ella nació la soberbia. La vida entera de 
Grecia, con toda la belleza de sus templos relu- 
cientes, de sus gimnasios, de sus atletas, filóso- 
fos y artistas, surgió de pronto: visión sublime 


ESTUDIOS RELIGIOSOS 


63 


que resume el busto de Narciso. La Hélade se 
perdió sobreponiendo en cierto modo la forma 
al espíritu. Y así, si la humanidad se heleniza- 
ra, sólo viviría para el cuerpo y sus necesida- 
des: el placer y lo hermoso serían la única 
norma de todaB las acciones. Esta es acaso la 
Grecia de las multitudes y no la de Sócrates y 
Platón, á la cual admiro como lo más grande, 
pero no es la patria de la filosofía la que apa- 
siona á la sociedad, sino aquella otra albergue 
de Calícrates. Para el sublime sentido de la 
vista no hay patria más hermosa que Grecia. 
A ella busco cuando quiero soñar con la belleza 
sencilla y la armonía. Ella es mi compañera en 
los días «de la encantadora adolescencia del 
hombre pensante». ¡Belleza plástica, expresión 
de alma con salud, un entusiasta os saluda! 

Aparto mi vista de esta visión de «la prima- 
vera del mundo» y me atrae un cuadro donde 
aparece el Dante: la escena ocurre en Floren- 
cia, cuya belleza es tan grande, que un arqui 
tecto moderno la propone como modelo para la 
ciudad futura; el gran hombre, al atravesar el 
marmóreo puente de la Trinidad, se halla con 
Beatriz, la virginal doncella á quien ama como 
al través de un ensueño. Dante queda estático 
frente á su amor, teme profanarlo si se acerca; 
semejante á Narciso ante las aguas tranquilas,. 



64 


ALBERTO NIN FRÍAS 


ve en Beatriz reflejada su propia alma, oculta 
trae aquellas formae gráciles y tiernas. Pien- 
sa en la forma, pero más todavía en el es- 
píritu. He aquí otro símbolo, otra gran ruta 
ideal trazada para la humanidad en la Edad 
Media. Luego pasé la vista por otras imágenes: 
Spencer, Ramón y Cajal y Taine. El primero 
me sugería una vida estoica, la satisfacción fría 
del deber cumplido como finalidad moral de la 
vida; el sabio español señalaba el microscopio, 
dirigido sobre un cuerpo donde la vida ha dor- 
mido para eiempre; Taine, en actitud de mirar 
como quien teme deslumbrarse, parece atisbar 
algo oculto que, no visto en la juventud, se di- 
bujaba en su mente cuando en el crepúsculo 
psíquico la sabiduría suprema descendía sobre 
su serena frente. Jesús venía hacia ellos cuan- 
do, cansados de la pesada vida y de la ingrati- 
tud de los hombres, se acostaban para dormir 
el sueño sin amanecer. Spencer no quiso saber 
de Dios, pero le apellidó lo Incognoscible ; Taine 
habla con tal grandilocuencia del cristianismo, 
que un arzobispo ilustrado le ha citado en ple- 
na catedral. Preguntado el filósofo cómo habían 
de enterrarle, contestó: «Cual protestante», es 
decir, cristianamente. Y así, duerme en Cristo 
rodeado de los Alpes majestuosos, muy cerca 
del hogar donde tranquilamente, con sus com- 


ESTUDIOS RELIGIOSOS 


65 


pañeras, la soledad y la Naturaleza, pensó sus 
obras Paúl Bourgert, su discípulo bien amado, 
cual el hijo que corona la labor del padre es 
creyente y miembro de una religión positiva. 
Herbert Spencer exhala el último suspiro oyen- 
do el Avem María de Gounod. El célebre pen- 
sador, que quizá precedió á las doctrinas de 
Darwin sobre «el origen de las especies», pasó 
los últimos veinte años de su vida como delicado 
artista, ocupándose de Leopardi, de Meverbeer, 
el compositor de La Africana , y cosa rara, 
muere precisamente como el poeta- mú3Íco: 
Chopín. 

Retirado en «el principado de Mónaco im 
glés», Brigthon, allí donde el esplendoroso azul 
del firmamento, el aire tibio y el glauco mar se 
combinan para encarcelar casi perpetuamente 
á la grácil primavera, organizaba todos los días 
en su hogar pequeños conciertos. Siempre tuvo 
predilección por el autor de Fausto , y fué su 
Avem María sobre el primer preludio de Bach, 
tocado con devoción sobre un violín acompaña- 
do del arpa, la que le despidió de la vida física. 

En aquella hora de angustia fúnebre, ¡qué 
delirante súplica no sugeriría esta melodía, 
que asciende con la suavidad del volar de 
un ave hasta terminar en acordes llenos de 
majestad! 


5 


06 


ALBERTO N1N FRÍAS 


Al llegar al nunc et in hoc , el si natural vibra 
con la intensidad convulsa de la desesperación . .. 
mortus ... nostrce ... 

Herbert Speneer cesa de existir; las últimas 
notas acompañan el «amén... amén... amén», 
¿Puede morirse más cristianamente? Sócrates y 
Jesús, Grecia y el cristianismo, parecen trabar 
amistad y amarse. El cuerpo del pensador es 
dado á las llamas, como en los días en que el 
mundo era joven; concluye en el Older’s Green - 
Crematorium> y las cenizas ingresan en la paz 
eterna, en el cementerio de High-gate. 

...Abro el armónium é interpreto á Heendel, 
Bach, Beethoven, Mehul, Móndelsshon, Wágner, 
y en alas del más absorbente éxtasis abandono 
el mundo objetivo y creo estar do El divino está. 
Todos estos genios le amaron, y su inspiración 
servia para exaltar su persona sin igual... 

Crecí junto al ideal, y la belleza rodeó mi 
juventud. Siento fácil repetir con Franz Spee- 
man, estudioso que halla en Él todo lo bello 
esparcido sobre el mundo por el libro, el lien- 
zo, la estatua, la música y la vida de sus discí- 
pulos. Viví la mayor parte de mi vida en «la 
ciudad de los libros», y mis goces más intensos 
se confunden con su lectura. Nunca pudieron 
ellos apartarme del amor á JeBús; por el con- 
trario, todas las confesiones íntimas de Iob es- 


ESTUDIOS RELIGIOSOS 


67 


píritus bellos como una estatua griega, que son 
Goethe, Dante, Milton, Klópstock, Miguel Án- 
gel, Rafael, Palestrina, embellecieron mi amor. 
Viajé por Italia la hermosísima: sus ciudades 
con los duomos opulentos, los museos donde 
cuelgan las telas que representan todas las es- 
cenas de la vida; la Naturaleza sonriente y se- 
vera, cuadro de la gran civilización romana y 
universal; el éter luminoso y transparente en 
que la incomparable Nápoles se baña; la ma 
jestad de San Pedro; el asombro producido por 
el Vaticano y sus tesoros, todo me dijo: «Jesús 
ha sido el supremo objetivo de estos hombres; 
Él fué la fuente de toda esa belleza.» Dentro de 
la realidad objetiva, los arquitectos de esa ci- 
vilización no realizaron la alta idealidad cris- 
tiana, mas la consideraron el desiderátum, y á 
ellos cabe la gloria de haber fijado claro su 
rumbo. Ese ideal transparentado en el arte, 
único refugio de la aristocracia humana en sus 
tiempos, preparó el Renacimiento, cuya finalidad 
fué hermanar el cristianismo con el helenismo; 
en Italia se volvió á Grecia, en Alemania á Ju- 
dea. La Biblia por un lado había de llenar todas 
las aspiraciones del alma colectiva; los modelos 
ideales de Fidias y Praxiteles deleitarían los 
sentidos. Á la fisonomía ideal del Cristo se agre- 
gó una nueva perfección, pero es ella tan ex- 


(38 


ALBERTO NIN FRÍAS 


presiva, que generación alguna logra recons- 
truirla por completo. 

El Renacimiento y la Reforma fueron segui- 
dos, como todo movimiento, de reacciones acaso 
regresivas. El cristianismo pareció tambalear 
cuando Francia y el mundo se estremecieron 
con la Revolución francesa. Volvió la sociedad 
al Evangelio, y él hizo amistad con todas las 
grandes cuestiones sociales. Ante el anarquis- 
mo, él es la fuerza del ideal y de la razón. En 
literatura equivale á belleza pura y honda. 
Junto al arte crea el gótico y el grecorromano, 
sugiere A William Bourgersan bellezas plácidas, 
á Henner trágicas hermosuras, á Burne Jones 
altos ideales caballerescos, á Bockiln ensueños 
dantescos, á Domenico Morelli reconstrucciones 
arqueológicas, á Rodin poemas bíblicos en que 
Natura aparece en su Bincera desnudez, á Gus- 
tavo Doré grabados deslumbrantes y vigorosos, 
á Tissot cuadros perfectos y al evangélico 
Millet escenas donde se revela la confianza cris- 
tiana y la infantil fe del creyente que adora al 
Ser Supremo doquier aBome, aun en la perezosa 
beldad del día durmiente. En Norte América, 
tierra poco afanosa del ideal, según algunos, 
ese arte se ha deleiteado en propagar á Jesús 
y su sublime vida mediante reproducciones in- 
finitas. Maravilla hojear sus libros para la ense- 


ESTUDIOS RELIGIOSOS 


69 


fianza gradual de la Biblia. Arte, literatura, 
exégesis, bellezas de ayer, heroísmos de todas 
las épocas, todo cuanto logre un conocimiento 
perfecto de las cosas santas, está allí. Es en- 
tonces cuando se presencia el convergir de todas 
las fuerzas más sutiles de la humanidad á for- 
mar de Cristo y su ideal la piedra angular, el 
punto medio de todo y el fundamento para 
todas las cosas. «Quien no le conoce, no se 
conoce á sí mismo y nada sabe del mundo», 
gritaba Pascal, abismado en la grandeza del 
maestro. También con su seductora insinuación 
ha penetrado el arte de Beethoven; sus sonatas 
expresan los sentimientos máB elevados, los con- 
flictos más complicados del alma en lucha con 
las pasiones, á quienes vence el ideal cristiano; 
Hsendel comenta musicalmente la existencia 
del Mesías, Mozart y Rossini le glorifican en 
sus misas, Berlioz compone el poema musical 
de su infancia, el abate Perosi vuelve á ilustrar 
con sentidos acordes el Evangelio; en Inglate- 
rra surge un viril talento, el organista Elgar 
Widor; Lefébure Welly, Saint-Saens, Guilmant, 
Fowler Stainer y Farmer, arrancan al órgano 
sublimes bellezas del misterio de la otra vida. 
Abrid un himnario de la Iglesia anglicana ó del 
metodismo, hallaréis melodías á cual más espi- 
ritualmente hermosa: ¡cuántas veces me he con- 



70 


ALBERTO NIN FRÍAS 


movido al cantarlas! Me han avecinado á mi 
ideal. 

En Inglaterra, rica y severa, en cuarenta 
mil iglesias se levanta el sacerdote invitando 
al hombre á una vida más bella y más honda, 
en su nombre y ejemplo. En Alemania, treinta 
mil hacen lo mismo. En Francia el clero católi- 
co honra al catolicismo y allí, en aquella gran 
nación, todavía diez millones de almas no renie- 
gan de Cristo. El Evangelio es oro del más puro 
en labios del paBtor Wágner, cuya influencia 
moral se extiende de país en pais con su Vie 
Simple y Jeunesse, contando entre sus admira- 
dores á Roosevelt, en el ginebrino Franck Tilo- 
mas, evangelista admirable. Cerca de mil mé- 
dicos cristianos soportan la vida penosa de 
Oriente y Africa para predicar bu santa pala- 
bra y llevar el auxilio de la ciencia. El cris- 
tianismo católico y reformado envía á miles 
de sus preclaros representantes para predi- 
car el Evangelio al mundo pagano. En el esfor- 
zado Japón, miles confiesan el nombre de 
Cristo. 

En su nombre, el kaiser Guillermo rige el 
imperio que columpia progresos sorprendentes. 
Roosevelt gobierna á Estados Unidos como un 
apóstol. Por doquier retoña el principio evan- 
gélico; las naciones donde florece mejor son 


ESTUDIOS RELIGIOSOS 


71 


también las más prósperas y hermosas; su su- 
perioridad en el mundo está en razón directa 
de la práctica de este ideal. El día en que el 
fuego de esa fe se apague en el Occidente, esa 
hora señalará el dominio del Oriente y entonces 
la historia retrocederá mil quinientos años. El 
culto de Cristo engrandece á la humanidad. Si 
el aserto es demasiado aventurado, mirad á 
Francia, nuestra madre intelectual. Honda cri- 
sis trabaja á la primera nación del mundo; Fran- 
cia está en el cénit de su gloria y de su prospe- 
ridad, de la cual todos leemos maravillas; mas 
Francia la amada no ama á Cristo: quiere des- 
terrarle de la escuela, del hogar, del arte, de 
la literatura y hasta del espíritu humano. Ha 
divinizado al hombre: ha sustituido el ideal re- 
ligioso por el humano; á causa de ello, aunque 
rica como Cartago y lujosa como Alejandría, 
está á sus fronteras el enemigo: la molicie del 
lujo, el enervamiento del oro y la indiferencia 
glacial de la sin fe. Porque digámoslo sincera- 
mente: la gran campaña anticatólica en Fran- 
cia es, en resumidas cuentas, un ataque al 
cristianismo, cuyos intereses mal ó bien repre- 
senta. El catolicismo es superior al ateísmo ó 
al indiferentismo absoluto. Como en la Alema- 
nia moderna, puede éste, mediante la evolución, 
servir bajo formas más intelectuales la causa de 


ALBERTO NIN FRIAS 


la civilización superior. Sin abandonar su fe, los 
católicos alemanes se han vuelto ciudadanos 
civilizados y conscientes de la grandeza moral 
y material del imperio. Leed una preciosa re- 
vista editada en Munich titulada Hochland (Tie- 
rra alta), y pronto veréis cuán honda es la de- 
marcación entre el catolicismo á la española y 
el germano. En Inglaterra lo he observado per- 
sonalmente. «La animosa minoría» hugonote es 
harto pequeña para intentar en Francia un mo- 
vimiento hacia Cristo; esa tarea está reservada 
á los católicos, como Bourguet, Copée, Huys- 
mans, Loisy y otros. Para inculcar al niño las 
ideas morales sólo existe un vehículo: la reli- 
gión. Esa observación profunda sugiere á Lich- 
tenberg, inspector de escuelas, el estudio pro- 
lijo de la educación laica. El atestigua que 
para la mayoría, junto con la enseñanza reli- 
giosa, toda instrucción moral ha desaparecido; 
casi en todaB partes la enseñanza de la moral 
está muriendo, ó si no ya no existe. Una Memo- 
ria dirigida en 1888 por los inspectores de los 
talleres y factorías de París al prefecto del 
Sena,vcontiene estas observaciones penosísimas 
de leer: 

«Hemos notado con dolor la carencia de 
educación moral en nuestros jóvenes emplea- 
dos... 


ESTUDIOS RELIGIOSOS 


73 


»Es para nosotros un deber desagradable 
informar al señor prefecto que, por falta de edu- 
cación moral, la niñez está perdiendo toda 
noción de respeto y del deber, habituándose á 
usar el lenguaje más obsceno. Su conducta en 
las calles públicas es á menudo escandalosa. 

»...Ha sonado la hora de oponerse á esos 
desastres morales , » 

Las casas de corrección están repletas de 
criminales juveniles. En 1883, los reincidentes 
sumaban 89.871. El señor Guillot, uno de los 
mejores jueces de Francia, llamaba la atención 
sobre el aumento alarmante de la criminalidad 
juvenil y sus estrechas relaciones con los cam- 
bios efectuados en la instrucción pública. 

El jefe de las fuerzas policiales de París, 
señor Gustavo Macé, se expresa en estos térmi- 
nos sobre la Ley de secularización : «Reforma 
mal concebida y practicada de una manera in- 
aplicable... Se corre inmenso peligro al querer 
despojar al niño de todo temor» (significando 
con ello el temor religioso). Julio Simón, el aus- 
tero Sócrates de la Francia imperial, se lamen- 
taba de que «nuestras autoridades no tenían 
más poder que el concedido por la fuerza ofi- 
cial...» «La autoridad natural, la del padre y 
la de la madre, está desapareciendo al mismo 
tiempo.» 


74 


ALBERTO NIN FRÍAS 


«El hombre interno se forma en la infancia 
y en el nombre de Díob*, juzgó justo decir el 
mismo filósofo deísta, y no es otra la enseñanza 
toda del Nuevo y Antiguo Testamento. 

Por esa época Le Temps f el más respetable 
de los periódicos franceses, ponía muy en duda 
las ganancias de la educación seglar, y se ani- 
maba á considerarla como una maldición y 
haBta un peligro para la nación. La lectura de 
Zola comprueba cabalmente los asertos de la 
estadística, así como las lamentaciones de los 
moralistas. Francia no es la única nación per- 
judicada por apartarse de Jesús. Las mismas 
causas traen los mismos efectos. Las colonias 
inglesas son un campo fecundo de observación 
para el mismo fenómeno sociológico. Las leyes 
psíquicas son tan eficientes como las físicas. 

Australia adolece de los mismos males: la 
educación secular, lejos de disminuir el crimen, 
lo ha aumentado y sobrepasado al crecimiento 
proporcional de la población. Mientras esta úl- 
tima ha aumentado en el 30 por 100, el crimen 
ha crecido en la proporción de 50 por 100. En 
la gran isla-continente la infecundidad es un 
problema como en Francia. 

En la India el gobierno británico sigue la 
misma pendiente fatal. Los hindus se quejan 
amargamente del agnosticismo infiltrado por la 


ESTUDIOS RELIGIOSOS 


75 

ciencia occidental. En el decir de un hindú ilus- 
trado, Inglaterra lee imparte una luz peor que 
las tinieblas. 

Lord Lawrence, gobernador general de la 
India, después del motín de los sepoye no temía 
expresarse así: «Si Inglaterra hubiese profesa- 
do sus principios cristianos en la India, el gran 
motín no hubiera ocurrido, ahorrándose de ese 
modo doscientos millones de libras esterlinas y 
ríos de sangre. No obstante, cuando el pueblo 
inglés ha beneficiado á esta inmensa posesión, 
los misioneros de Cristo han trabajado más que 
todos los otros agentes combinados.» Jesucristo 
es, en verdad, la luz del mundo. 

¿Sigue la próspera Alemania esta senda de 
decadencia? 

Esta nación adelanta cada vez más, y pron- 
to será la primera potencia europea. ¿En qué re- 
lación está con Cristo y su doctrina? 

Cuida prolijamente de la educación de todo 
niño, mucho de lo cual es sugerido por el kaiser 
en sus manifestaciones religiosas. Su estricta 
organización militar mantiene muy vivos la ley, 
el orden, la disciplina, el respeto por sí mismo, 
la obediencia, la rectitud y el honor. El Estado 
obliga y provee á la instrucción religiosa para la 
escuela secundaria y primaria. En las escuelas 
primarias para niños menores de catorce años 


76 


ALBERTO NÍN FRÍAS 


y hasta ese término, se dedican tres horas por 
semana á ese estudio. En las escuelas secunda- 
rias se dan dos horas semanalmente. El Esta- 
do reconoce al efecto sólo tres comunidades: la 
protestante, la católica y la judía; si existen 
niños en número suficiente para constituir una 
clase, se imparte separadamente la instrucción 
religiosa por uno de los representantes de cada 
credo. 

Bélgica sigue el mismo sistema, con la dife- 
rencia de que estos cursos son dados fuera de las 
horas de clase. Nadie de ánimo sereno y cora- 
zón noble querrá se reproduzca en su patria la 
historia infausta de la Francia anticristiana. 

No en todos los católicos ha producido vio- 
lencia y odio la ley de separación, ley cuya 
trascendencia y utilidad resultarán de la ma- 
nera amplia como se aplique. El obispo de 
Orleans, Mr. Trochet, ha dirigido al sacerdocio 
episcopal, elegido recientemente, estas admira- 
bles palabras, en las que huelga el verdadero 
espíritu de Cristo: 

«Hoy no es la paz lo que existe entre el sa- 
cerdocio y la magistratura. Es la separación, 
y mañana será quizás la guerra. No es esto un 
estado social satisfactorio. Aun cuando la Iglesia 
esté separada del Estado, aun cuando debiera , 
como muchos buenos espíritus lo prevén t perma - 


ESTUDIOS RELIGIOSOS 


i i 

necer separada del Estado , no es esta una razón 
para que ella viva con él en desconfianza, me- 
nos aún en batalla. En los Estados Unidos la 
separación existe, es perfecta. Pero el respeto 
mutuo, la colaboración misma de Jos dos pode- 
res aseguran la paz, á cuya sombra se desarro- 
lla en rnagnífico y continuo progreso el pueblo 
americano . 

»Es un ideal al que hay que tender, monse- 
ñores. No temo señalarlos.» Cada día vinculo 
mi mente con nuevas certidumbres. Entre el 
verdadero catolicismo, reducido á su esencia 
íntima, y entre el protestantismo no hay los 
abismos supuestos por el fanatismo y una ani- 
madversión que nada tiene de cristiana. Allende 
el ceremonial y los ritos, los católicos se alle- 
gan á Dios por la intensidad de su fe. Á pesar 
de la excesiva materialidad en que está sumido 
el culto por la abstracción, se llega á la adora- 
ción de Dios en espíritu, y se ingresa así entre 
los que conciben la euritmia de todas las creen- 
cias hacia un mismo fin. Ante el Supremo, 
todas las denominaciones caen; para Él, sólo 
existe el alma que se entrega á su ley y á su ca- 
riño. Cuando reza el que de veras cree, cierra 
sus ojos para orar, y cuanto más honda es su 
plegaria, mayor es su abstracción del ambiente. 
Entrados en la paz de Jesús, ¿qué importan 


78 


ALBERTO N1N FRÍAS 


para esa alma, en comunión con Dios, las exte- 
rioridades? Uno y otro creyente están en el 
mismísimo caso; en ese momento no sabría dis- 
tinguirse al evangelista del católico. 

Para mí sé decir que esta es la genuina en- 
señanza de Cristo al respecto. Deseo compren- 
der, no odiar. Si con criterio tan amplio y 
sereno se juzgaran los asuntos religiosos, ¿ca- 
bría la lucha, la intolerancia, el odio entre las 
diversas comunidades cristianas? Es ante los 
matrimonios mixtos donde surgen con más fuer- 
zas esas consideraciones. ¿Puede en realidad el 
tierno príncipe de la paz desunir á dos jóvenes 
que le aman, y en cuyo nombre desean unirse 
para cumplir sus preceptos? 

¿Puede ser ofensivo ese connubio á cual- 
quier Iglesia que día á día casa á su juventud 
con incrédulos é indiferentes? ¿Cuál es mejor á 
los ojos- del clero: un cristiano ó un agnóstico? 
El amor es todopoderoso. Acaso es cerca de 
esas virgencitas puras, de áureos cabellos y 
tranquilos ojos, donde muchos se concilian con 
la Iglesia, y por ende con bu inspirador: Jesús. 
Esta amistad amorosa puede abrir las más ha- 
lagüeñas perspectivas. Con todo el poderío fas- 
cinador de su edificio y de su dogmática, ella 
no puede sofocar esa fe sencilla, esa piedad sin- 
cera y suave. 


ESTUDIOS RELIGIOSOS 


79 


Eu resumen: ¿qué diferencia cabe entre esta 
joven que necesita de la imagen para concebir 
lo infinito y otro joven que, pasándose de la 
forma, dialogue con Dios en los mismos térmi- 
nos y creyendo en loa mismísimos misterios sa- 
grados? 

Si el pensamiento sereno y cristiano como 
la dorada luz se posara sobre la cuestión reli- 
giosa, llegaríamos á considerar al catolicismo, 
á la religión reformada, como ramas de un 
mismo árbol, cual hermanos de un mismo pa- 
dre, semejante á discípulos de un mismo maes- 
tro, haces de una misma luz salvadora, cuyo 
antagonismo estriba más en los hombres que loe 
sustentan que en la intimidad esencial de las 
cosas. 

Toda forma religiosa es pensamiento eleva- 
do, manifestado por un cerebro que, á semejan- 
za de un tamiz, sólo deja pasar de la Divinidad 
y de su gloria aquello que permite su estructu- 
ra especial. 




HI testimonio de la juueníud intelectual 


Estás obligado á creer, porque 
los dioses no dan prueba mate- 
rial alguna. 

Goethe. 

ISadie puede desconocer el va- 
lor positivo de los caracteres for- 
mados por los que poseen la luz 
interior. 

Tienen paz, alegría y una ar- 
monía consigo mismos que es 
inquebrantable. 

Kant. 

Doscientos años hace que se 
fué Jesús, pero no está ausente 
para miles de vidas; para la ^ida 
de aquel que se ha apropiado el 
espíritu de su existencia, Cristo 
vive otra vez. 

Roberto Speer. 

El ideal sano para un joven es 
fundar una familia, un hogar im- 
perecedero, crear y gobernar. 

Taine. 


Ea la época otoñal: las hojas caen marchitas 
y la fecunda selva se prepara á dormitar hasta 


82 


ALBERTO NIN FRÍA8 


el nuevo renacer, bajo los rayoa de la prima- 
vera. Hasta mi ventana llega el rumor melan- 
cólico de las hojas que el viento lleva siu pie- 
dad... Asi como las hojas, atisbo el alma 
hispanoamericana; ella es conducida en alas 
del viento de lo frívolo y ligero. El otoño, ese 
preludio del sereno invierno, se ha fijado en los 
espíritus como en la Naturaleza. He mirado con 
la intensidad del viajero que columpia el valle 
agreste y risueño y o-bserva desde la cima, el 
pauoraraa todo de esta sociedad novel. En sitio 
alguno he visto el paisaje de la fe. Junto ai 
taller doude la industria crea; cerca de los areó- 
pagos; vecino al templo; en la estancia, do el 
pensamiento Be concreta y se emancipa, en sitio 
alguno se ha refugiado la inquietud sutil del 
misterio. El sueño de la vida eterna, el males 
tar de la conciencia, la duda religiosa no han 
sido pensados. ¿Será que sea propio de los pue- 
blos las faces de la vida individual y esta Amé- 
rica esté en su infancia? ¿Fuera que la multitud 
no se eleva á la contemplación sino cuando, ci 
mentando su vida con el bienestar, se serenan 
sus ardores para la lucha, descansa y sueña? 
¿Sería acaso que el alma española ha perdido 
la virtualidad de creer? ¿Quizá al atravesar el 
europeo el Atlántico perdió la religiosidad que 
la tradición y las costumbres le impusieron con- 



ESTÜDJOS RELIGIOSOS 


83 


tra su agrado? ¿Preparará América un nuevo 
culto á lo invisible? La disolución de creencias 
A que asisto triste me mueve á pensar que una 
evolución sana amanecerá, ó de lo contrario 
nuestro único dios será el dinero. y la religión: 
la persecución de la felicidad de los sentidos. 

Aparte de algunos pocos, contados pensa- 
dores, las cuestiones religiosas no preocupan 
seriamente á nadie. Con razón sobrada no halla 
Miguel Unamuno el hondo soplo de seriedad que 
tanto ama en la literatura, porque allí donde 
falta esa condición de la producción inmortal, 
el arte concluye. Rodó es una excepción del 
medio, pero su idealismo ha tomado ios rumbos 
de la estética y de la moral de Gruyau, ante 
quienes la inmensa multitud todavía no se es- 
tremece. Su Ariel es para la raza electa del fu- 
turo. Será oro de Golconda para la juventud 
en cuya frente se dibujen los caracteres intensos 
del Penseur de Rodin. Hoy pocos jóvenes miran 
á Sirio: escasos son los congresales á una clase 
donde elevándose á la región de lo eterno bello, 
un profesor explique el sublime símbolo de 
Shakespeare. Obra de un esteta y de un filósofo, 
Ariel es para los artistas y los pensadores. Va- 
gaba así mi pensamiento una tarde de domingo 
en que el silencio y el tibio sol alegran dando 
al espíritu el sentimiento de su libertad, cuando 



84 


ALBERTO NIN FRÍAS 


tras un golpe seco del cartero me alcanzaron 
un librito blanco con franja dorada, artística- 
mente impreso. Lo abrí apresuradamente: re- 
cibir recuerdos del extranjero es una sensación 
deliciosa. En la primera página leí: «J. F. y su 
querido discípulo y amigo, recordando una fiel 
amistad. Domingo de Pascua 1906.» Todos los 
años, por esa época de intensa vida en el mun- 
do cristiano, recibo obsequios parecidos de 
Suiza, donde cuento con la amistad de dos gran- 
des educadores: Hermann Lohnert y Julie Fets- 
cberin. Ella era quien me mandaba un librito, 
cuyo título me encantó: Del renacer en Cristo 
ó del renacimiento hacia Cristo. En él, un es- 
tudiante aventajado é instruido en la alta cul- 
tura moderna, Franz Speeman, reflejaba en 
páginas de belleza tranquila su testimonio cris- 
tiano. Me contó de una manera seductora cómo 
llegó á la teología después de haber divinizado 
á Goethe, á Voltaire (1), á Moltke y otros, cuya 
majestad marmórea de genio y carácter animó 
con la sangre de sus pensamientos. 

Su conversación, su renacer en el Señor, 
como lo sugiere la poética portada de su librito, 
tuvo por ambiente la campiña en verano. Leía 


(1-) De Voltaire ha publicado el Diccionario filosófico 
esta Casa Editorial. 


ESTUDIOS RELIGIOSOS 


85 


allí el Evangelio. Después de su lectura ento- 
naba con un piadoso poeta alemán: 

Jesús, mi goce y placer, 

Jesús, sol de mi ser, 

Jesús, mi salvador, 

Jesús, luz de mi vida. 

Tan profunda fué la impresión, que no sabe 
decirnos cómo volvió á la vida de todos los días 
después de su éxtasis. La vida parecíale un 
sueño, se sentía como^aiguien que volviera á la 
tierra tras larga ausencia. Entonces comenzó 
á comprender á Pascal... De vuelta á la ciudad 
halló á la humanidad pervertida y descubrien- 
do el ideal del Renacimiento: construir, cons- 
truir y construir; se pasó de Bach y Beethoven 
á la Teología para predicar la* renovación moral 
del hombre por los méritos de la crucifixión y 
resurección de Jesús. Leía yo esto deleitado y 
me vinieron en mente tristes juicios de la tierra 
en que vivimos, sin venerar las cosas espiri- 
tuales. Responsabilizo á ello de nuestro estado 
intranquilo: la autoridad sólo se apoya en la 
fuerza y no en el fuerte espíritu del respeto. 
Por esa razón este país, esta América latina no 
entran en la paz, como diría el filósofo de Sala- 
manca si juzgase de estas cosas. 

Pocos días después volvió á golpear á mi 


86 


ALBERTO NIN FRÍAS 


puerta otra mano piadosa para ofrendarme otra 
joyita religiosa. Esta vez se trataba de un sud- 
americano, mozo rubio, alto, de perfil inglés, 
apenas señalando el bozo diez y nueve años de 
estudiosa juventud. Vestido de luto riguroso, 
con sombrero de anchas alas, asomando por 
debajo cabellos ensortijados, me recordaba á un 
joven puritano de Pensylvania, que un pintor 
inglés, Seymour Lucas, ha fijado con toda exac- 
titud en sus cuadros de esa época. Entregóme 
su obrita para leer. Su sólo encabezamiento des- 
pertó en mí multitud de pensamientos: «¡Amo 
tanto á Jesús! es él mi mejor amigo. » Mi corazón 
latía de gozo. Cristo era admirado por un cere- 
bro joven, apenas transpuesta la adolescencia, 
que sólo es activa para la asimilación. Su vida 
había hecho pensar á una cabeza joven y á un 
corazón lleno de amor. La plenitud de la grati- 
tud, la certeza, el deslumbramiento que produ- 
ce en todos Jesús, le movían á escribir sobre 
la redención. Frente á la Biblia, acaso apoyado 
en la oración, descubre y escribe de todas las 
bellezas del corazón que tanto ha amado á los 
hombres. La admiración del Universo le lleva á 
la adoración de Dios y piensa cuando éste «era 
solo» y «bendecido en si mismo y por sí mis- 
mo»^ la pregunta intrincada del por qué Dios 
creó el Universo — «tal cual se presenta á núes- 


ESTUDIOS RELIGIOSOS 


87 


tra vista, encantador por su hermosura y ate- 
rrador por sus miserias y sus crímenes» — , con- 
testa de este modo filosófico y estético: «Al 
contemplar estos misterios nos encontramos 
todos como el antiguo sabio pagano, que, pre- 
guntado por su rey, «¿Qué es Dios?», pidió un dia 
para responder; expirado el plazo, pidió otros 
dos, y cuando éstos hubieron pasado, pidió 
cuatro, y así sucesivamente, hasta que se dió 
por vencido, porque cuanto más estudiaba el 
problema tanto más difícil se le hacía la solu- 
ción. Y no podia ser de otra manera, toda vez 
que la esencia de Dios y sus atributos no son tan 
solamente un objeto de razonamiento, sino tam- 
bién de fe, y cuando la fe falta, la razón vacila, 
titubea, cae y muere aplastada bajo el enorme 
peso de la inmensidad.» 

Al recorrer estas cuestiones de ardua teolo 
gía se evoca en mí el recuerdo de un cuadro 
que vi en Londres: un estudiante pasaba sus 
exámenes religiosos en la vetusta é imponente 
sala de un colegio de Oxford. Sus examinadores 
eran hombres austeros y graves. Sentado frente 
á ellos, ante una Biblia abierta é iluminado por 
un rayo que le servía de aureola, el joven parece 
anonadado y su actitud, delante de la inmensidad 
de lo divino, se resumía en estas palabras: Deo 
iluminatio mea. En caso semejante debe haberse 



ALBERTO SIN FRÍAS 


88 

hallado Scafarelli. Entiende, luego de meditarlo 
profundamente, que ni el interés, ni el deber, 
ni el amor Bon los móviles del Creador. «La 
bondad. He aquí el fin de la creación», pro- 
rrumpe. 

Otro momento solemne del novel escritor 
es al pronunciarse sobre el concepto de Dios; 
son párrafos de un heleno que luego de oir á 
Pablo sobre el Areópago narra sus impresio- 
nes: «Él ama desde la eternidad á todas sus 
criaturas, á todas las visita con su gracia, á 
todas las sostiene con su poder; Él está en cada 
una de sus criaturas y en cada uno de sus ac- 
tos; Él es testigo de todos los crímenes y hasta 
es el apoyo de los criminales; Él está muy cerca 
de las almas más degradadas, está en medio de 
las llamas de la eterna prisión, está en todas 
partes y todo lo llena con su presencia, todo lo , 
ve, todo lo oye, todo lo toca, sin que nadie lo 
toque á él. Como los rayos del sol penetran en 
los más lúgubres reductos sin que pierdan nada 
su belleza y esplendor, así el Todopoderoso con- 
templa y tolera el mal sin que le toque ni su- 
fra nada por la demencia, orgullo, impureza é 
incredulidad de sus criaturas; tanto que si, por 
una hipótesis, todas sus criaturas de común 
acuerdo se rebelasen contra Dios y llegasen 
hasta el punto de sumergir el Universo en un 


ESTUDIOS RELIGIOSOS 


89 


abíBmo, esta catástrofe, que sería fatal para el 
Universo, no sería nada para Él. Dios es siem- 
pre el mismo, siempre inmutable, siempre infi- 
nitamente bienaventurado. El mal ó el bien que 
causen las criaturas en el goce de su libertad, 
solamente redundan en daño ó provecho de las 
mismas. » 

Taine, que un criterio poco zahori ha tilda- 
do de irreligioso, es autor de una página á la 
que por su emocionante belleza ésta se le pare- 
ce. Ante el misterio todos somoB hermanos. 

Hermosas consideraciones brinda la expli- 
cación del misterio de la Trinidad. El Hijo, dice, 
«por el conocimiento que tiene de si mismo, llega 
á ser una persona distinta de la del Padre, 
como el pensamiento es distinto del Espirita sin 
estar de él separado». La segunda parte del 
opúsculo, que me inclino á llamar un excelente 
sermón de Viernes Santo, se ocupa de la trage- 
dia cristiana. El estilo es sencillo, como lo es 
el mismo Evangelio, y la sencillez constituye 
uno de los elementos de lo bello. En la primera 
parte hay más pensamiento, y se comprende 
que así sea, pues la una es un comentario, la 
segunda una narración. De ella sé decir que 
me llamó la atención la inculpación hecha por 
el autor á Juliano emperador. Ella es en mi 
Bentir un tanto injusta. El heleno emperador no 


90 


ALBERTO NIN FRÍAS 


odiaba tanto á Jesús, á quien bóIo es posible 
amar si se le comprende, como á sus secuaces 
que ya por aquella época, desnaturalizando su 
doctrina, se habían transformado en una turba 
de disputadores* La preocupación de Juliano, 
en cuyo nombre parecía condenar al cristianis- 
mo, era la idea de la lucba entre el cuerpo, el 
arte (la forma) y el alma (los intereses mora- 
les). El sabio príncipe consideraba al cristia- 
nismo estrecho y fanático un enemigo del arte 
de los griegos. La desconsagración de los tem- 
ploB en que bajo las formas perfectas de Apolo, 
Diana ó Venus se adoraban las ideas y cosas 
más sublimes, era para el piadoso Juliano un 
crimen de lesa belleza. Cristo no vino al mundo 
para destruir; su vida es alto testimonio de ello; 
sus prédicas tuvieron por escenario la sinagoga 
como el mar, la calle como el hogar. No era el 
sitio lo que exaltaba la sublimidad de sus deci- 
res, sino su personalidad, que todo lo llenaba de 
grandeza divina. 

El apóstol Pablo predicó sobre la colina de 
Marte en Atenas, junto á los raagnificos teraploB 
y los augustos tribunales. 

La vida de Juliano (1) abona mi afirmación, 


(i) Ver Merejkowski, La muerte de los dioses , publica- 
do por esta Casa Editorial en dos volúmenes. 


ESTUDIOS RELIGIOSOS 


91 


y la lectura de ella lo afirma hasta la eviden- 
cia. Se puede no ser partidario de un hombre y 
sin embargo merecernos respeto. El genuino 
cristianismo no es iconoclasta ni artistófobo. El 
maravilloso florecimiento de la arquitectura en 
la Edad Media, el Renacimiento italiano, su- 
geridos y alimentados por la Iglesia romana, 
fueron inspirados por el cristianismo. El punto 
central, el fundamento del arte griego, era 
el desnudo, como lo es el vestido en el cristiano; 
el primero se dedicó ante todo á la Naturaleza 
humana en el ideal estado del reposo y de la 
serenidad del pensar; el segundo lo expresa 
todo. Diez siglos de cultura han sido menester 
para concebir esa armonía de las cosas opues- 
tas. Hoy día otro sería el concepto del varón 
más templado y noble que llevó la púrpura im- 
perial... 



La juuentud del proleía de Mazare! 


Los discípulos de Cristo no pu- 
dieron inventar semejante ca- 
rácter. 

John Stuart Bell. 

Fué el más puro y amable de 
todos los caracteres de la his- 
toria. 

Ernesto Renán. 

Jesucristo es el ideal realizado 
de la humanidad. 

Herder. 

Cristo es nuestra religión, no 
el cristianismo. Nuestro Señor 
no nos dió un sistema de ótica. 
Vivió una vida... El ejemplo vale 
más que el precepto. 

...El mundo difiere en opinio- 
nes teológicas, pero los hombres 
de todas las edades, razas y re- 
ligiones, concuerdan en la es- 
timación de una personalidad 
perfecta puesta á prueba por las 
dificultades más insuperables. 

La nobleza de espíritu, el co- 
raje, la paciencia, la terneza, el 


94 


ALBERTO NIN FRÍAS 


sacrificio, constituyen acciones 
entendidas umversalmente... 

El que suscribe una fórmula 
religiosa puede faltarle el cora- 
zón y el valor de transformarse, 
mas el amor y la fidelidad hacia 
una persona inspira lo mejor, y 
la vida cotidiana se halla mol- 
deada por ese amor. 

Anónimo. 


Juventud adolescente que estudias y traba- 
jas, baja la frente, la mirada triste y lángui- 
da, levanta la cerviz y mira al joven de Na- 
zaret, Jesús: está en el taller del carpintero 
José, su protector; la frente embellecida por un 
rayo de luz que ha ido á descansar allí venido 
de lo infinito. Su cuerpo dice salud y los miem- 
bros gráciles de su persona presentan el hogar 
más hermoso construido para alma alguna: tra- 
baja y piensa en las cosas del Padre, la mente 
infinita. 

El divino joven era completamente humano, 
como su naturaleza plenamente divina; creció 
en saber, al tiempo que aumentó en estatura y 
fortaleza. 

Fué un verdadero joven, lleno de vitalidad, 
rebosando de la energía propia para las cosas 


ESTUDIOS RELIGIOSOS 


95 


puras y nobles; ayudaba á sus padres y á sus 
conciudadanos, escudriñándolas Escrituras en 
los momentos de ocio. 

Evitó con cuidado cuanto quebrantara su 
salud, debilitando sus facultades mentales. 

Apenado porque los hombres dejen de sentir- 
se atraídos hacia él, uno que de veras le quie- 
re buscaba el arte que le pintase sin las huellas 
de la anemia, sin estar encorvadas sus espal- 
das, sin el clásico ropaje de harapos y cola, 
ausente de su faz reverberante como el sol el 
aire deprimente de humildad. 

Yo creo á Jesús el más bello de los hombres, 
porque fué el más moral. 

Leed el viejo, Evangelio que tiene, como 
todo lo grande, el poder de no envejecer ja- 
más: todo prueba allí que él era hombre fuerte, 
alto, de aspecto imponente, reflejando el con- 
junto la más admirable imagen de la belleza 
física. 

Su fisonomía reunía, á los rasgos refinados 
del bello tipo hebreo, las líneas más perfectas 
de la belleza humana tal como se presentó en 
Grecia. Se equilibraban maravillosamente en 
esta cara todos los perfiles suaves de la mujer 
á loa vigorosos rasgos del hombre. 

Si es verdad, como lo han adivinado los 
poetas, que el alma se refleja en la fisonomía 


96 


ALBERTO N1N FRÍAS 


como el sol en una superficie, entonces el espí- 
ritu complejísimo del Maestro debiera asomar 
en una faz en la cual la fuerza se uniría al 
poder, la terneza á la simpatía, la firmeza á la 
intensidad y á la resolución, reflejando además 
las divinas facciones el amor y la compasión 
tan resaltantes en las acciones de esta vida in- 
comparable. Agréguese á todo esto la expresión 
divinal, reveladora de la luz interna. 

Ese era el joven Jesús, ese será su joven 
discípulo. 

«El que siguiere mis pasos — diria el Maestro 
pensando en el amado Juan — será hermoso, 
fuerte y viril como yo, siempre agradecido al 
Padre. » 

«Lo esencial de la belleza plástica, es preci- 
samente esa facultad de provocar la atención 
sugeriendo la meditación», escribe un esteta mo- 
derno: Paúl Adam. 

En la entrada de la pintoresca casa de cam- 
po que albergó á Tennyson muchos años de su 
vida, en la isla de Wight, se leen las palabras: 
«La verdad contra el mundo.» Nada puede re- 
sumir mejor la actitud mental del que dijo á 
Pilatos: «Yo soy la verdad, el camino, la 
vida...» Al inaugurar su clase de Geología en el 
nuevo edificio de Amherst College, el doctor 
Hitchcock, dijo como exordio á una de sus me- 


ESTUDIOS RELIGIOSOS 


97 


joree conferencias, refiriéndose á las amplias 
claraboyas que servían de techo al salón: 

«Mis jóvenes amigos, toda la luz que tene- 
mos aquí proviene de lo alto.» 

La Biblia y las cosas espirituales poseen 
una gloria y un encanto que les es peculiar. 
Poco se preocupan de ella Iob que sólo se de- 
dican á las cosas terrenales, y tal es su ignoran- 
cia sobre ese punto, que poco á poco comprenden 
las referencias de los poetas y filósofos á su 
respecto. Aunque Jesús no fuere un sabio, tenia 
su mente abierta á lo más imperecedero, á las 
cosas del alma. Su vida seüala claramente la 
diferencia entre el mero saber y la sabiduría. 
Su espíritu gobernó siempre á su cuerpo. 

Existe una estatua japonesa en la cual el 
alma está simbolizada por una joya fosfores- 
cente sostenida por una mano para contemplar- 
la piadosamente. 

El alma es el todo del hombre; ella mol- 
dea el carácter, el elemento primordial, in- 
condicional de toda vida elevada. Despierta 
temprano, Jesús, en la juventud, pues el día 
que te ame, te comprenda, será el más bello 
de la vida. 

Cada día son más costosos y malsanos los 
placeres á que los jóvenes se dan. Si la natura- 
leza humana pide aire, luz y movimiento para 


98 


ALBERTO N1N FRÍAS 


subsistir y fortificarse, la parte moral exige 
calma, paz y sano entusiasmo para engrande* 
cerse. ¿Quién puede dárnosla mejor que Él con 
los goces puros y profundos del hogar y de la 
salud? 

¡Rey de Iob jóvenes inmortales, os saludo! 



Reflexiones sobre la fe 


Un día que le confesé mi ad- 
miración de que existiesen tan- 
tas religiones, me dijo: «Helena, 
hay una religión universal, la 
religión del amor. Amad con to- 
das vuestras fuerzas, con toda el 
alma á vuestro Padre que está en 
los cielos; amad á cada uno de 
los hijos de Dios tanto como po- 
dáis, y tened presente que hay 
más ocasiones de hacer bien que 
de hacer mal. 

»Así tendréis la llave del cie- 
lo. Y su vida entera ha sido la 
demostración de una gran ver- 
dad. En su alma, toda nobleza, el 
amor y la ciencia se unían en el 
dominio de la luz. El obispo 
Brooks no me enseiió ninguna 
ciencia particularmente defini- 
da, ningún dogma; pero me pe- 
netró de dos ideas: la paternidad 
de Dios y la paternidad de los 
hombres; me hizo comprender 
que estas dos verdades eran la 
base de todas las religiones, de 


100 


ALBERTO NIN FRÍAS 


todas las formas de adoración. 
Dios es amor. Dios es nuestro 
Padre, nosotros somos sus hijos; 
por eso las más densas nubes se 
disiparán, y si la justicia es de- 
morada, alguna vez su victoria 
no es sino aparente; el mal no 
triunfará definitivamente.» 

Helen Keller, 

* Historia de mi vida , pág. 157. ' 


Como la tendencia de mi espíritu es la ar- 
monía al través de la reflexión, tengo fe refle- 
xiva. Afirmar la no existencia de Dios eB tan 
insensato como negar la causa primera. 

En el confín de la especulación mental, la 
idea de causa aparece serena y eterna . Admito 
un mundo objetivo: la materia ; otro subjetivo , in- 
terno, psíquico. Por nuestra mente comunicamos 
con él; la idea sería una eBtadía en ese mundo 
invisible, pero por ello no menos real; la acción, 
su manifestación. La materia con su tendencia 
destructiva, pues está condenada á la muerte, 
vale decir transformación, nos llevaría al mal 
si nos fiáramos demasiado en sus solicitaciones. 
El espíritu, por el cual existimos para el otro 
mundo, nos conduce al bien. De esa dualidad 
en la materia organizada con vida humana, han 


ESTUDIOS RELIGIOSOS 


101 


surgido' las religiones como lazo de unión. Las 
religiones son explicaciones más ó menos exac- 
tas de una realidad no negada por espíritu 
alguno. 

Cada cual se refugia, durante la cruel tor- 
menta de la duda, en alguna doctrina ó reli- 
gión, pero ello no implica que crean en ella á 
ciegas. Por mi parte, he ido al protestantismo 
por hallar allí á mis más amados maestros y 
amigos. Taine con sus obras, que son un gesto 
helénico, me ha llamado al Partenón, pero sólo 
existen ruinas suyas. Para poderlas admirar 
siquiera por una rendija del muudo moderno, 
he ido á la religión de la Reforma. He hallado 
en ella á intelectuales que, si bien como yo, no 
saben bien definir á Dios ó causa engendradora, 
le sienten al mirar el cielo las noches estrella- 
das, al contemplar al sol ocultarse tras las 
fantásticas nubes ó al elevarse por entre los 
tules vaporosos del aire húmedo, al atiabar las 
olas del infinito mar, al sentir la magnificencia 
de los paisajes, la majestad de la ciencia, la 
belleza al través de la prosa de un Guyau, los 
versos de un Shakespeare ó de un Leconte, la 
grandeza tranquila de la estatua griega, el éxta- 
sis musical, la voluptuosidad de los sentidos, la 
acción heroica, el pensatniento bondadoso, un 
corazón noble ó una vida armoniosa... entonce * 


102 


ALBERTO N1N FRÍAS 


sé que mi cuerpo es un templo de Dios viviente y 
que los cielos anuncian su gloria. Mi alma es una 
orla de la inmensa vestidura de la Divinidad, 
un pliegue de su infinita frente, un suspiro del 
alma universal. Durante ese arrobamiento, no 
ya yo vivo sin ella, eterna energía, misteriosa 
creadora, inescrutable justicia. 

Evohé, Abracadabra, Luz, Jehová, Pallas 
Atenea, Jesús, todos los pueblos han sabido bal- 
bucear su nombre. 

¿Le conocemos aún bien? No. Las ciencias 
mentales y aun la propia que estudia la mate- 
ria y sus fenómenos, nos van acercando al san- 
tuario, pero duda que ruedas rodarás por siglos, 
hasta que la prueba aparezca y entonces el 
hombre transformado de gloria en gloria volve- 
rá á verse cara á cara con su causa. ¿Qué es 
vuestra vida efímera, frente á la eternidad? 
¿Nuestro cerebro, enriquecido cada vez más, 
ante la mente de las mentes? 

Amemos, estudiemos las acciones bellas, 
ellas levantarán para nosotros el orden del di- 
vino velo; otras generaciones harán lo propio, y 
así hasta que contemplemos á Dios en su exis- 
tir deslumbrante, que acabará por absorbernos. 


La juventud del cuerpo y del espíritu 
dada por Desús 


Con fe robusta en la razón hay 
que buscar la razón de la fe. La 
ciencia de la religión es lo único 
que emancipará á los pueblos la- 
tinos de su esclavitud religiosa 
ó antirreligiosa; la meditación 
racional á la vez que cordial 
del cristianismo evangélico es lo 
único que les arrancará de las 
garras del paganismo que los 
enerva. 

Miguel deUnamijno. 

Para llegar á ser sabio se ne- 
cesita primero la fe, luego la fe 
y seguidamente y siempre la fe. 

Duclaux. 

Podemos experimentar launión 
con algo más amplio que nosotros 
mismos, y en esa unión hallar 
nuestra mayor tranquilidad de 
alma. 

William James. 

Yo amo los símbolos: en ellos 
ha fundido la humanidad pen- 


104 


ALBERTO NIN FRÍAS 


sante, como el escultor en su 
bronce ó en su mármol, sus ideas 
más sublimes. Los amo aún por- 
que ellos evocan en mi mente 
mil sueños de grandeza; hablan 
al alma. 

Alberto Nin Frías. 

Los que por su situación social, 
su cultura ó las funciones que 
tienen á su cargo están llamados 
á ejercer la más ligera influencia 
sobre la opinión, no tienen el 
derecho de ocultarse ó de refu- 
giarse en equívocos. 

Tienen la obligación de hablar . 

Georges Leygues. 


¡Jóvenes! venid, venid á trabajar en la viña 
del Señor. El vino que obtendréis es aquel que 
da larga vida al cuerpo y una eternidad al 
alma; es aquel prometido á la Samaritana cuan- 
do el Maestro Supremo de la juventud cristia- 
na, Jesús, le dijo: «Sólo has de adorar á Dios 
en espíritu.» 

Tenemos alma, tenemos cuerpo. ¿Cómo con- 
servarlos en juventud, vale decir, activos y 
sanoB? Alma y cuerpo se influencian uno al otro; 
una elevada espiritualidad disminuye las pasio- 
nes de los sentidos; un agudo materialismo nos 


ESTÜDIOS RELIGIOSOS 


AW 


vuelve escépticos. El desiderátum cristiano es 
arribar á la salud corporal y al bienestar mo- 
ral: mens cristiana in corpore sano. Para gozar 
de esta vida en todo lo que ella ofrece de bueno 
y hermoso, es necesario ajustarse á cierta hi- 
giene. Es saludable el pensar bien; estimula el 
vigor corporal. Los sentimientos de rabia, odie, 
envidia y sub congéneres, desarrollan secrecio- 
nes mortales. La labor mental es de tanta ne- 
cesidad como el ejercicio físico. El pueblo 
griego, maestro en muchas cosas, se acercó 
más que otro alguno á este equilibrio, al cual 
parecen también llegar los norteamericanos. 
Solón, Sófocles, Píndaro y Jenofonte, vivieron 
haBta los ochenta, y entonces trabajaron bien. 
Al morir el sublime autor del Fausto , los médi- 
cos descansaron su cuerpo descubierto sobre 
una mesa, y Sheffler, uno de ellos, exclamó 
llorando: «Es el cuerpo de un dios griego.» Po- 
cas señales habia en ese molde magníñeo del 
desgaste de la vejez. Goethe había pensado y 
sentido con serenidad toda su vida. Miguel An- 
gel escribía versos á los noventa y nueve, y el 
célebre Ticiano casi llegó á la edad de cien 
años; su último ruego fué que pudiese vivir aún 
para terminar cierto fresco. Estos genios eran 
jóvenes á pesar de su avanzada edad. David, 
aquel rey hebreo que tuvo una juventud tan 


. 10G 


ALBERTO N1N FRÍAS 




espléndida y que Miguel Ángel ha sabido escul- 
pir con contornos tan bellos y viriles, dice en 
una de sus oraciones al Eterno Joven (Dios): «Y 
tu juventud será renovada como la del águila.» 
En otra parte se expresa de eBta suerte enérgi- 
ca: «Como saetas en manos de valiente, asi 
son los hijoB habidos en la juventud.» Por hijos 
debemos entender toda la actividad desplegada 
en esa edad. 

La vida virtuosa conserva esta juventud, que 
es algo más que el tener pocos años. Deciase 
de la célebre Mad. de Recamier: «No es ancia- 
na, sino joven desde largos años.» Esa vida 
mantiene la alegría, y ¡cuán grandioso es su 
poder! Ella es á la salud lo que la luz á una 
casa. Leyendo una revista inglesa que encierra 
el sumo de la sabiduría práctica para el bien 
vivir, hallé estos consejes, reglas áureas de la 
juventud que tanto amamos: 

«Evitad frecuentar á pérsonas mórbidas, 
cínicas y de espíritu crítico... Id á la gente con- 
tenta, por el bien de vuestra mente. Absorbe- 
mos el pensamiento de los demás.» 

Escoged compañeros que tomen la vida por 
su lado optimista... Leed libros saludables... 
Cuando os sintáis débiles, meditad sobre la 
fuerza. Ordenad vuestra conversación, de ma- 
nera que el hallar defectos y criticar sea para 


ESTUDIOS RELIGIOSOS 


107 


vosotros un hábito del pasado. Perdemos nues- 
tra fuerza mental por usarla mal y dirigirla 
peor. Lo semejante atrae lo semejante. El pen- 
sar bien de los demás hace que se piense así 
de nosotros mismos. El vivir con las cualidades 
de jóvenes — altruismo, salud, belleza, curiosi- 
dad, entusiasmo — nos perpetuará en la encan- 
tadora juventud. 

La fuerza omnipotente, cuyo cultivo sugeri- 
mos, tiene un empleo vastísimo en la causa del 
Evangelio. 

¡Qué inmensas son nuestras ventajas, jóve- 
nes! Todos nuestros medios están llenos de es- 
peranza. 

A la obra, juventud, en las horas mejores 
de la vida. 

Caminemos en la luz de aquel que ofrece, 
en cambio de nuestra virtud, la juventud 
perenne. 

Hacia el alma por el Evangelio, la ciencia 
y la belleza. 







Un filósofo moderno y el Euangelio 


Amigos míos, vivimos en un 
mundo de labor. Justo es que tra- 
bajemos y tengamos que trabajar 
con fuerza. Ser industrioso es la 
condición normal de la mente y 
del cuerpo. Vivimos en un mun- 
do inquieto, pero ni es juicioso 
ni es piadoso permitir que esa 
inquietud nos invada y que nos 
vuelva desasosegados. 

Esa inquietud interior, tal in- 
tranquilidad de alma, transfor- 
ma al mundo en un purgatorio, 
coloca á la verdad más allá de 
nuestro alcance, pone un halo de 
ilusión alrededor de todas las 
grandes verdades de la vida y de 
la eterna existencia. 

Dr. Parkurst, 
en el Business World. 

La ciencia ejerce actualmen- 
te, á causa de los errores de una 
vulgarización, imbécil á menudo 
y odiosa, una influencia doble y 
funesta sobre los hábitos intelec- 


110 


ALBERTO NIN FRÍAS 


tnales, morales y físicos de l a 
humanidad. 

Taine. 

L’experience n’a prise aucune 
sur les questions d’essence et d’ 
origine. 

Littré. 

Je n’ai jamais óté athée, je 
n’ai jamais nié l’existence de 
Dieu... Je crois que la théorie de 
l’Evolutión est tout á frit compa- 
tible avec la croyance en Dieu.., 
I/imposibilitó que ce gran eteto- 
nant univers, avec nos moi cons- 
ciente, á pu naitre par hasard, me 
parait étre le principal argument 
pour Texistence de Dieu. 

Darwin. 


Uno de loe testimonios de la superioridad 
del libre examen es, sin duda, la vigorosa inte- 
lectualidad que sustenta. 

Alemania, la nación sabia por excelencia, 
cuenta con muchos teólogos, pero de ellos nin- 
guno ofrece un conjunto de cualidades tan feli- 
ces como Adolfo Harnack, autor de La esencia 
del cristianismo . 

Cuando un libro nos impresiona fuertemen- 
te, sentimos misteriosa simpatía hacia el autor, 
y curiosos de conocer el alma maravillosa que 


ESTUDIOS RELIGIOSOS 


111 


lo ha pensado, recurrimos á las biografías. He 
aquí algunos rasgos de la de Haruack: 

Los filósofos, como los pueblos felices, tie- 
nen poca historia. 

Harnack cuenta actualmente cincuenta y 
dos años y es profesor de Historia eclesiástica en 
la Universidad de Berlín que, aunque de re- 
ciente formación, cuenta con 487 profesores. 
¡Qué severo Ateneo ha de ser! 

Nuestro autor no es precisamente un teólogo 
ni un creyente ciego: es un pensador imparcial 
que piensa sobre los orígenes del cristianismo 
con simpatía, amor y justa clarividencia. Esta 
característica de su claro talento ha sido fijada 
admirablemente por un crítico. 

Adolfo Harnack es un hombre de la más 
profunda y sincera vida espiritual, y si su credo 
no es grande por el número de sus artículos, 
influye vivamente en su vida práctica. Es un 
cristiano viviente que desea una alianza con todos 
los soldados de Dios. No esconde sus simpatías 
por loá perseguidos, por las sectas disidentes, 
por las iglesias no conformistas. Habla, con 
disgusto visible, de todos aquellos que persi- 
guieron en nombre del Evangelio... Personal- 
mente es un hombre simpatiquísimo... como 
conferenciante es muy interesante y siempre 
dueño del argumento... Sus lecciones instruyen 


112 


ALBERTO NIN FRÍAS 


y edifican. Hasta aquí el comeutario del más 
intelectual de los periódicos evangélicos. Lo 
que he leido del hombre puede repetirse de sus 
lecciones, que manifiestan la vitalidad fecunda 
de las ideas cristianas. 

El Evangelio es aún hoy, después de sus 
veinte siglos de edad, un compendio de la ver- 
dadera civilización Bocial: todavía un modelo á 
imitar. Goethe, con todo su genio, halló subli- 
me la moral del cristianismo. 

El juicio de Harnack es terminante en este 
punto: «PienBO que no tenemos nada que ense- 
ñar al Evangelio, sino mucho que aprender de 
él.» Y más adelante, acudiendo al criterio ajeno 
para vigorizar su argumento, dice magnífica- 
mente: 

« La aparición de Jesucristo — nota justamen- 
te un historiador moderno — persiste como ci- 
miento exclusivo de toda civilización moral. 
Según se apague ó resplandezca la hermosa 
imagen, mengua ó se acrecienta la civilización 
moral de las naciones.» 

El gran Taine pensaba de la misma Buerte. 

Todo el libro concurre á sugerir que tan 
sólo la religión vivida puede ser sinceramente 
profesada. El autor es sincero en sumo grado, 
y si bu exposición del cristianismo nos parece 
novedosa, es tan sólo porque le conocemos 



estudios religiosos 


113 


adulterado en la mayoría de los casos. «Con 
viene, pues — dice Harnack — , aislar la religión 
cristiana, que es sencilla y sublime y que no se 
propone una sola finalidad: la vida eterna en 
la vida terrenal, bajo el poder y ante la pre* 
sencia de Dios.» 

Hay en este libro una lección muy directa 
para nuestra sociedad. Ella ea Ja definición de 
la nación cristiana, toda vez que la práctica 
del Evangelio fuera un hecho. 

«Y todavía conviene agregar, para que no 
se empañe la sublimidad del precepto evangéli- 
co, que el discípulo de Cristo debe estar siempre 
en condiciones de abdicar todo cuanto esté com- 
prendido en su derecho, y debe trabajar con 
empeño para que la humanidad llegue á ser una 
nación de hermanas , en la cual deje de afirmar 
se el derecho por la fuerza, y funcione mediante 
la espontánea obediencia de los hombres al 
bien; sea finalmente una sociedad, no sustentada 
gracias á instituciones jurídicas , sino gracias á 
la reciprocidad del deber y del amor. » ¿Verdad 
que esto es bello, estimado lector? Pero al pro- 
pio tiempo entristece. 

¡Qué lejos estamos los hispanoamericanos de 
tan grandioso ideal! Aun no hemos emprendido 
la ruta hacia la montaña santa. Todavía en la 
inmensa América, dos veces tan grande como 


8 


114 


ALBERTO NI» FRÍA8 


Europa, la guerra civil ea un fenómeno social 
ante el cual deben resignarse las almas propi- 
cias á la más amplia civilización. 

«No escasean los hombres dotados de intui- 
ción depurada, casi profética, que mantienen la 
vísta y el pensamiento fijos en el reino del 
amor y de la paz, el cual no es ya para ellos 
más utopía.» Estas preciosas ideas de nuestro 
autor nos consuelan, pero no lo suficiente para 
abandonar la lucha que se impone cada vez 
más tenaz para la propagación del Evangelio. 

Quisiera que eBte libro, lleno de «piedad sen- 
cilla y sincera», moviese los ánimos en ese sen- 
tido. Conviene á todos su lectura: el sacerdote 
hallará en él argumentos y citas para sus ser- 
mones; el maestro vistas sugestivas, y el laico 
meditaciones profundas. 

No olvidemos que «ef reino de Dios no admite 
más fuerzas que las morales y religiosas, ni más 
fundamento que el de la libertad ». 

El capítulo XV, dedicado á la religióu cris- 
tiana tal cual se ha desarrollado dentro del pro- 
testantismo, es de palpitante interés. Allí está, 
analizado con profundidad, la trascendencia y 
objetivo de la Reforma. Léase con detención 
y recuérdese bien, pues no se puede dar idea 
más cabal del protestantismo, que tanto ama* 
mos. 


ESTÍIDIOS RELIGIOSOS 


115 


Creo de corazón que Cristo y su vida intere- 
san de nuevo á los hombres, que hartos de des- 
quicio moral y de egoísmo, se encaminan al 
bien. Católicos como protestantes dejan á menu- 
do caer esos apelativos para llamarse, sencilla 
y llanamente, cristianos. Ello indica que el más 
elevado de los progresos cristianos está en evo- 
lución rápida: la tolerancia . 

Cuanto más amemos á Cristo, más estima- 
remos esa virtud, y nuestro espíritu sereno 
amará mejor cuanto hay de bello y de eterno 
en la religión. 






El Evangelio y la poesía moderna 


“LlA SflMflSlTflfJfí,, 

tJn drama basado en el Evangelio 

POR 

EDMOND ROSTAND 


Et maintenant c'est la traxcheur que je voie 
car mon árae a sentí, de son ombre surprise 
lourde, á flots de clarté , la fontaine promise! 
Jallis, source d’amour et monte en jet de foi 
etpuis retombe en gouttes d‘ espoir chant ennous, 
chant.et su9pend au lien d’itne poussiére infecte 
une poudre d'eau vive aux parois de man Ame. 


Mon Bien Aimé — je tai cherché depuis Vaurore 
sans te trouver — et je te trouves et c'est le soir 
mais qucl bonheur! — il ne faitpas-tout a fait noir 
mes yeux encore pourrojit te voir... 

Edmond Ros taxd. — La Samaritaine. 


Una emoción divina ha atravesado nuestros 
corazones. Al son del aura voz de Sarah y del 
suave ritmo de De Max, el Evangelio ha vivido. 
Rostand no escribió este admirable poema, lo 
soñó. Ha leído el más sugestivo de los libros, y 
sin esfuerzo, su espíritu ático ha tenido la vi- 
Bión de Palestina; sus más recónditas bellezas 
han surgido como las gotas cristalinas de un 
cántaro encantado. La emoción intensa sofoca 
el pensar, y de tanto sentir los escalofríos de 


119 


ALBERTO N1N FRÍAS 


admiración, de reBpeto, de espiritual belleza 
correr por las arterias, ardorosas, he quedado 
algún tiempo inactivo ante el papel que fija la 
impresión estética. Pero sí la belleza embriaga, 
es cierto que sugiere, y es á las sugestiones á lo 
que voy á dirigirme para reproducir el grato 
sueño mesiánico que se llama La Samaritaine, 
Abre su Evangelio Edmónd Rostand con una 
escena que representa el pozo sagrado do otrora 
Jacob hallara á Raquel: á lo lejos se divisa un 
bosque y montes; es de noche y velan el sacro 
Bitio las tres sombras de los profetas mayores. 
Estas tres visiones blancas recuerdan la majes- 
tad del drama griego. Esta escena constituye 
el prólogo de la obra. Las sombras huyen ante 
la aurora que nace bella para saludar á aquel 
que vendrá en nombre del Espíritu Universal 
á enseñar las leyes amorosas del perdón, de la 
regeneración y de la igualdad moral. Se suce- 
den varios cuadros y finalmente llega la nota 
culminante. Entra la Sarah Bernhardt, envuel- 
ta su plástica figura en los undosos pliegues de 
una túnica, que es una obra de arte. Va en busca 
de agua, y entretanto, su alma frívola piensa 
en los ensueños de la sensualidad. Espera el 
amado, que será bello como el amanecer, fuerte 
y vigoroso. Repite en tono distraído lo que el 
corazón siente, y engolfada en su amor terre- 


ESTUDIOS RELIGIOSOS 


119 


nal, no percibe la visión de lo alto, encarnada 
en Jesús. Él está allí, sintiendo la amargura 
del desprecio. La Samaritana se va á retirar, 
cantando su canción amorosa, cuando el Profeta 
de los Profetas le pide de beber. La pecadora 
reconoce en él á un judío y rehúsa complacerlo; 
su espíritu continúa entregado á la frivolidad. 
Jesús medita, le descubre su vida pecaminosa, 
y entonces, rendida, escucha la palabra de vida 
eterna. Este diálogo entre Jesús y la Samarita- 
na es bellísimo, suave y sereno; toda la pieza 
está en él; es su leit-motif. Sarah pasó por una 
gama deliciosa de posturas plásticas á cual más 
admirable. Max personifica al Señor de una 
manera honda, que Bupone un estudio psicoló- 
gico profundo. 

¡Todo es admirable en este cuadro! Al ocul- 
tar el telón este ensueño evangélico, la Sama- 
ritana cae á los pies de aquel que reconoco 
como el Mesías, mientras lentamente recita las 
divinas palabras de su canción, que son más ó 
menos así: «Tú eres el Bien Amado que buscaba 
desde la aurora al alba, suelta sobre el cuello 
la dorada cabellera...» 

La Samaritana ha sido tocada por el espíri- 
tu de Dios, y en el cuadro segundo se hace la 
mensajera del Bien Amado y de su doctrina; se 
transfigura y balbucea las profecías acerca de 


120 


ALBERTO NIN FRÍAS 


la venida del Mesías, revelando las máximas 
sublimes del Nazareno. 

En esta escena la eximia actriz se portó á 
la altura de la época en que para ciertos críti- 
cos era sin duda la reina del teatro. La voz de 
oro, el gesto, las poses plásticas que envidiaría 
el buril de Rodin. Todo ello fué insuperable: es 
el desmentido más grande á la decadencia de 
Sarah. La juventud es perenne en ella: ha be- 
bido ambrosía. Fué en ese momento, el más 
hondo de la pieza, cuando nos salimos con los 
ojos húmedos de emoción. ¡Qué halagador es el 
arrobamiento estético! 

En el último cuadro se ve como la fe de la 
pecadora ha encendido el entusiasmo comuni- 
cativo, logrando la siga toda la población de 
Samaría. La procesión gloriosa sorprende la 
tranquilidad del Maestro y sus discípulos. 

Es allí donde dice el Cristo su palabra re- 
dentora: «Es menester que os acostumbréis á 
que los últimos sean los primeros.» 

La apoteosis sigue su curso mientras por la 
fe los ciegos consiguen ver, los mudos hablar, 
los sordos oir y los que no saben llorar, el llan- 
to copioso. 

Espectáculos como este revelan y dignifican 
la mieión del arte, que debe ser una sugestión 
continua de lo grande, noble y sublime. 


¿Ha existido Cristo? 


El hombre que se dice amante de la ciencia 
debe ser el más respetuoso de todas las cosas, 
pues el objeto del conocimiento lógico y razona- 
do no es otro que comprender y explicar. Ahora 
bien; todo lo existente tiene su causa, su razón 
de ser. Evolución es la primer palabra del cre- 
do científico, y la humildad es el mejor estado 
de ánimo para acometer los más elevados pro- 
blemas que conciernen á la humanidad. Para 
ser historiador es necesario ser imparcial; para 
ser filósofo, tener amplitud de miras y sereni- 
dad de juicio. La fe es un elemento de todo 
juicio, la base de todo estudio. Al leer- á Sueto- 
nio, creo en los rasgos de genio y figura que 
consigna de los Césares romanos. Sin cierta fe, 
vale decir sin algún respeto por ese personaje, 
sin cierta adquiescencia de mi parte á su vera- 
cidad, estoy en el derecho de negar cuanto 
narra sobre los fantásticos caprichos de los 


122 


ALBERTO N1N FRÍ 48 


amos del mundo antiguo. Ese mismo argumento 
puede aplicarse á todos los historiadores, esa 
misma crítica puede dirigirse contra cualquier 
personaje histórico, pero hasta ahora se ha 
creído en las cosas más absurdas y monstruosas 
de príncipes abominables y se sigue creyendo 
con un aplomo cómico en todo ello; sin embar* 
go, se llega á la vida, cada día más perfecta- 
mente posible, de un hombre santo, de un 
genio de nuestra humanidad, de un instructor, 
de un fundador del nuevo derecho y del nuevo 
orden social, y entonces toda la legión de es- 
píritus científicos sólo piensa en apilar mate- 
riales para probar su no existencia. Significa 
ello que lo malo, lo criminal, por más sobrena- 
tural que sea, debe permanecer incólume y en 
pie; lo bueno, lo excelso, lo sobrenatural, ha 
de destruirse. Cada día, repito, se hace más 
admisible la vida de Cristo con su actuación 
milagrosa. No pasa una hora del día sin que 
retroceda para el hombre el misterio del mun- 
do. El Día del 24 del corriente transcribe un 
artículo de Cesare Lombroao, el indiecutido 
sabio italiano. Durante muchos años, para él 
las fuerzas suprasensibles fueron un mito. Fué 
el mayor detractor de los fenómenos producidos 
por los médiums . Hoy admite lo que otrora ca- 
lificó de superchería. El modo de pensar de este 


ESTUDIOS RELIGIOSOS 


123 


hombre es de tenerse en cuenta. Como él ya 
creían Currie, FJaramarión, Schiaparelli, Tara 
burini, Richet y otros hombres* de ciencia. Es- 
tupendos en verdad son Jos fenómenos de las 
sesiones espiritistas, estupendos son los mila- 
gros de Grieto, pero tan reales y tan dignos de 
no ser negados. Todo llega al que sabe esperar. 
La obra milagrosa de Cristo será, con el tiem- 
po, tan fácil de comprender como el mecanismo 
de un fonógrafo ó de una máquina de escribir. 
Es amando á la ciencia y á sus métodos rigu- 
rosos como he llegado á esa conclusión. Mi fe 
no es ciega; Be basa en el estudio y en el hondo 
respeto que tengo por el pasado. Para empa- 
parse de toda la filosofía de la historia, para 
saturarse de todo el bello desarrollo de este pe- 
queño planeta, donde la vida colectiva ha atra- 
vesado tantas vicisitudes, es menester eslabo- 
nar todos los fenómenos del mundo: los que nos 
son favorables como los que nos Bon adversos, 
■los simpáticos como los aborrecibles, los buenos 
como los malos. Querer suprimir el autor del 
cristianismo es una insensatez histórica. Es uno 
de los ejes de la historia de Europa y América. 
¿Cómo puede negarse una causa á ese efecto 
portentoso, lleno de luz y pleno de tinieblas, que 
inunda al mundo con bu influencia? ¡Oh, no! La 
ciencia no puede inducir á tales faltas de lógi- 


124 


ALBERTO NIN FRÍAS 


ca. La ciencia no juzga con sonrisas ni discute 
con orgullo; eB humilde, sabe que lo que hoy- 
es verdad, mañana, mejor ilustrado, podrá de- 
clararlo error; pero no por eso deja de consti- 
tuir ese error un jalón en la ruta del progreso. 
La ciencia es el análisis, la fe es la síntesis; la 
primera conduce lógicamente á lo segundo, y 
yo aguardo esperando el advenimiento de esa 
conciliación que tiene y debe venir. En toda 
época, en todo país, hay hombres, hay cosas 
que tanto se acercan á la perfección, que son 
indiscutibles. Son como para el hombre su ama- 
da; para el esposo, su mujer; para el poeta, su 
ideal; para el discípulo, su maestro. CriBto y su 
vida es una de ellas. 

Llevan de Palestina los viajeros una impre- 
sión de desolación y de desencanto. Todos los 
monumentos y los sitios donde se deslizó la vida 
de Jesús están llenos de manifestaciones de fa- 
natismo y de superstición. Soldadesca turca vi- 
gila los santos lugares é impide las eternas 
querellas entre los monjes latinos y griegos. 
Todo es división, desolación y degradación en 
la tierra en que Cristo vivió para salvar la hu- 
manidad. Allí no está Jesús. Tampoco se le en- 
cuentra en muchas de las cosas y personas que 
toman su nombre en vano. El mundo moderno 
ofrece, bajo muchos aspectos, la imagen de 


ESTUDIOS RELIGIOSOS 


125 


Palestina, otrora un país fértil, habitado por un 
gran pueblo. 

Cuando palpan esos ejemplo?, or que el 
escéptico hace bien en dudar de la existencia 
de tan luminoso espíritu. Pero que no le busque 
allí; allí no está. El ha resucitado. Fierre Lotti 
invita á buscarle entre los muertos. Jesús se 
encuentra en espíritu, y no entre las huellas 
fabulosas de su pasaje por esta ó aquella Iglesia. 
La Tierra Santa no revelará, nunca muchas 
de las grandes y majestuosas instituciones que 
hacen de sus doctrinas un privilegio especial. 
La superstición, el engaño, la hipocresía, bou 
sus grandes enemigos, á la vez que la más dura 
prueba á que está sometida la fe en el mundo. 

Siempre que las Iglesias han abandonado á 
Cristo, el ritualismo sofocante y excesivo se ha 
infiltrado en ellas. 

Cuando más medito en el destino humano, 
tanto más me confirmo en el testimonio que 
ofrece la Biblia de la existencia de Jesús. Dios 
se manifiesta en la historia. Castiga á los paí- 
ses y humilla á las naciones. Esta es la más 
alta enseñanza apuntada por el pueblo de Israel. 
Cristo profetizó el porvenir de bu patria; aun 
hoy obran sus vaticinios. La historia consigna 
ese testimonio en favor de la «existencia del 
Maestro». 


126 


ALBERTO NIN FRÍA9 


La vida de Cristo es uu tema vasto; consi- 
déresele hombre ó superhombre, tiene para la 
civilización la misma importancia. Su biografía 
debe darse á conocer A la niñez y á la juventud 
en la escuela y en la Universidad. No concibo 
enseñanza moral separada de él, aun dentro 
del más estricto laicismo. Se estudia á Sócrates, 
á Platón. ¿Y por qué no á Cristo? ¿No le perte- 
nece, descartada su actuación milagrosa, uno 
de los más puros sistemas de ética concebibles? 

Abstracción hecha de su divinidad, de sus 
poderes sobrenaturales, siempre será la figura 
culminante de nuestro planeta, el personaje 
ético reinante de toda época. El comunismo, el 
socialismo, el propio anarquismo, hallan en su 
doctrina el mejor fermento de sus vindica- 
ciones. 

El estudio de los orígenes del cristianismo 
ocupó la vida entera de un espíritu tan intuiti- 
vo y artista como el de Renán; Strauss le dedi- 
có no pocas vigilias; Harnack, el teólogo ale- 
mán, ha puesto en evidencia de una manera 
notable la esencia del cristianismo; en Inglate- 
rra, Farrar ha escrito una elocuente vida de 
Jesús; Andrews, Geike, Havgood, Hakes y otros 
se han ocupado de la divina existencia; Hart- 
mann, el célebre ocultista, retraza la vida de 
iniciación del Maestro. Shuré le clasifica entre 


ESTCDI08 RELIGIOSOS 


127 


Iob grandes iniciados. Luis Veuillot le hizo la 
apología católica. La lista completa de los his- 
toriadores de Jesús ocuparía un in folio de grau- 
des dimensiones. De una ú otra manera, no ha 
existido grande hombre que no se haya ocupado 
de él. Entre los hombres de ciencia sobresalen 
Kepler, Pascal, Newton, Le Verrier y Pasteur; 
entre los estadistas, Gladstone y G-uizot eran 
profundos cristianos. El libre pensamiento ha 
sugerido alguna vez que la fe va unida á la ig- 
norancia, cuando no á la pobreza de espíritu. 
Nada más falso. Cuanto más se eleva el hombre 
sobre el ambiente y la mediocridad, tanto más 
admira la armonía del Universo, concluyendo 
por amar á su Autor. Entre los creyentes, como 
entre los incrédulos, hay eabioB é ignorantes, 
buenos y malos; como en la bella parábola del 
Evangelio, el buen grano y el malo caen á me- 
nudo en la misma sementera. 

No; cien mil veces no. Cristo ha existido. 
Puede que los Evangelios, escritos por hombres 
bien intencionados, pero imperfectos, no nos 
presenten de él la más acabada imagen; es po- 
sible que el hombre y las Iglesias, enceguecidos 
por sus apasionamientos humanos, lo descon- 
ceptúen; con to'do, él es y será lo que es: el ser 
divino, el hombre perfecto y el sabio Maestro. 
Acaso una trabajosa crisis perturbe en la ac- 


128 


ALBERTO N1N FRÍAS 


tualidad el desarrollo del cristianismo, quizá 
por el momento las ansias de la posesión terres- 
tre y los apetitos desordenados de una sociedad 
ultramaterializada alejen de la mente humana 
la visión del reino interior de los cielos; pero 
ocurra lo que quiera, se cumplirán sus profe- 
cías, que suenan á una voz partida de lo infinito 
en viaje á los límites inimaginables del espacio. 



Desús y la historia 


Los historiadores coetáneos dé Jesús no re- 
gistran su vida porque no se dieron cuenta de 
la trascendencia de su misión y el alcance de 
su doctrina. Nosotros mismos incurrimos en 
idéntico error sin darnos cuenta de ello. Atribui- 
mos exagerada importancia á personas por el 
mero hecho de ocupar grandes puestos. Esas 
personas acaso ocuparán otro sitio en la mente 
del futuro historiador. 

Por ejemplo: un escritor puede alcanzar por 
sus ideas una influencia considerable, y por ese 
medio, transformar el medio ambiente. Ese 
hombre quizá llevó una vida obscura y sin ha- 
lagos mundanos; gobernantes y pueblos pasa- 
ban sin apercibirse de su existencia; sin embar- 
go, llega la hora de la justicia, y es tenido en 
más cuenta que todos elloB. 

El tiempo es el gran revelador. 

Para ilustrar mejor este excelente argu- 


9 



130 


ALBERTO N1N FRÍAS 


mentó, transportémonos á la época gloriosa de 
Inglaterra: el reinado de Isabel. 

Shakespeare fué su humilde súbdito: poca 
consideración merecía entonces este hoy gran 
ciudadano del mundo á la reyecía y nobleza de 
su época. A tal punto es esto cierto, que se ha 
dudado si él fué efectivamente el autor de los 
inmortales dramas. Se ha llegado hasta atribuir 
tan envidiable paternidad á lord Bacón, el filó- 
sofo de Novum Organum. Desde la época en que 
Shakespeare vivió desconocido, han transcurrid 
do cuatro siglos, Ínfimo parpadeo del eterno 
tiempo: hoy es considerado uno de los genios 
más portentosos; su nombre suena á divino; 
manda y gobierna á más corazones y cerebros 
que jamás gobernara la popular reina Bees, un 
tanto olvidada hoy. 

EL misterio rodea la existencia de los hom- 
bres más geniales. Aun se discute la existencia 
de Homero. En tanto permanecen La llíada y 
La Odisea como los más poéticos monumentos 
de la literatura universal. 

Todavía no se sabe á ciencia cierta quién 
fué el autor de la Imitación de Jesucristo . Tres 
hombres, todos ellos eminentes, comparten el 
honor de haberla escrito. 

Los genios se manifiestan tanto más así 
cuanto más transcurre el tiempo; poseen el 


ESTUDIOS RELIGIOSOS 


131 


poder de agigantarse ante las generaciones. Así 
sucedió con Homero; así aconteció con Sócrates 
y Platón; así ocurrió con el fundador del cris- 
tianismo. 

No ama la verdad quien sólo consulta los 
críticos y detractores de una personalidad. For- 
zoso es consultar ambas partes. 

Creo sinceramente que la persona de Jesús 
sale ganando con este método. La vida del 
Nazareno es una de aquellas que no pueden 
estudiarse sin sentir cierto escozor interno, 
acompañado de una emoción singular de tran- 
quilidad y de belleza que nos obliga á amarla. 

Existe en ciertas vidas un poder invencible 
de atracción. Hay armonías póstumas confor- 
mes con el carácter de las personas. El reino 
de Jesús no es aún de este mundo. 

Un pensador que conoce á fondo el espíritu 
de esta vida incomparable, la juzga de esta 
manera: 

«...La historia aquí no puede ser explicada 
por los principios materialistas de Buckle y 
Draper. Ella no es una ciencia de términos me- 
dios ni una filosofía del fatalismo. 

*Las fuentes de los acontecimientos que re- 
fiere y el orden en que se presentan, revisten á 
la vez un carácter espiritual é intelectual. Tie- 
nen que hallar su origen en el espíritu, en el 


132 


ALBERTO N1N FRÍAS 


pensamiento, en la libre actividad mental, no 
en una necesidad física, inmutable é irrevoca* 
ble al mismo tiempo. Cristo entró en el mundo 
y su ministerio detuvo el curso del desarrollo y 
del progreso humano. Él no era el producto de 
su época, sino su antítesis; no nació del espíritu 
del tiempo, sino que era más bien su antago- 
nista. Él cambió el carácter de su época y puso 
los cimientos de una nueva historia, una histo- 
ria tan diferente de lo pasado como lo es el cos- 
mos del caos » 

El filósofo que esto escribe, aunque cristia- 
no, no es ningún decadente, pues escribe como 
Buckle ó Taine y tiene la fe de un Pasteur ó de. 
un Gladstone. 

En punto á filosofía de la historia, el cris- 
tianismo ha contribuido con la ley más hermosa 
é importante: «De todas las leyes que gobiernan 
la historia, las espirituales son las más podero- 
sas.» Un moralista, un carpintero filósofo, un 
joven sin más armas que sus prédicas concisas, 
paralizó el desarrollo del imperio romano, dió 
origen al catolicismo, determinó la Reforma y 
produjo la democracia con sus infinitas posibili- 
dades. No es á grandes rasgos como pueden bos- 
quejarse las consecuencias de su buena nueva. 



La trascendencia del Evangelio 


No Be niegue la existencia del Maestro; es- 
tudíesele científicamente; divídase su pasaje por 
el mundo, como lo hace Stalker, en grandes pe- 
ríodos. 

La natividad; la nación y la época; el año 
de retiro; el año de popularidad; el año de opo- 
sición; la última cena y la conclusión filosófica 
juntamente con la repercusión de este suceso 
en la hiBtoria del mundo. 

No se ocupe el estudiante de lo sobrena- 
tural, para no ahogar así su real influencia 
en la vida diaria. El doctor Stalker ha bus- 
cado tratarle con la exactitud de un personaje 
histórico, y lo ha conseguido sin menoscabo de 
su gran fe. 

Semejante estudio, con ayuda de la historia 
política, social y literaria de Israel y hasta de 
su geografía, atraería á la personalidad de Je- 
sús á muchas almas que se ensimisman mientras 


134 


ALBERTO NIN FRÍAS 


otras adoptan un paganismo voluptuoso ó un 
ateísmo é indiferencia Buicida. 

Un judío racionalista, hombre de elevada 
condición, juzgaba á Cristo el judio más emi- 
nente después de Moisés. Es ya algo ganado en 
el terreno de la tolerancia y de la latitud men- 
tal. Sin sus enseñanzas no concebía á Wáshing- 
ton ni á Lincoln. 

Estamos en vísperas de las grandes conce- 
siones de la incredulidad y del materialismo 
histórico. 

Además de lo que llevo apuntado, sugeriría 
el estudio del Evangelio, libro siempre moral, 
la honda traza de la tradición cristiana en el 
arte del pasado y del presente; su hondo arrai- 
gó en mentes sanas como en la de Pasteur, sus 
esponsales con espíritus como el deTaine; Bour- 
get, Huysmans, De Vogüe; el efecto producido 
en desequilibrados geniales como Oscar Wilde, 
y otras tantas ocasiones de sorprender aún hoy 
su fresca vitalidad. 

La vida del mundo y la existencia efímera 
de un insecto cuentan lo mismo frente al tiem- 
po inconmensurable; el pequeño espacio que 
ocupamos en el océano del Universo no es ma- 
yor que el grano de polvo mecido por los an- 
tojos del viento. 

Nosotros, hombres minúsculos que á cada 



ESTUDIOS RELIGIOSOS 


135 


momento atestiguamos la impotencia y lo alea- 
torio de nuestros esfuerzos, queremos negar al 
genio de la vida y de la muerte, el poder de lo 
graude, de lo hermoso, de lo eterno. Irrisión. 
Locura. ¿Que no es posible? No; para el que ha 
hecho del cuerpo humano una fábrica de colo- 
res, para aquel que ha dado miles de movi- 
mientos á nuestros músculos y nervios, para el 
que ha deslumbrado nuestro entendimiento con 
tanta grandeza, todo es posible. 

Léase la obra de Gustave Lebon L’évolution 
de la matiére , y se verá cuán deficientes son 
aún nuestras nociones de la química y física. 

No pocaB mentes creen al conocimiento in- 
mutable y absoluto. El descubrimiento del radio 
compromete mucho nuestra noción científico- 
oficial de la materia y sus propiedades. Sólo 
Dios es absoluto; nosotros somos seres relativí 
simos; miles, cientos de miles de aüoB tienen 
que transcurrir para la adquisición del real 
saber que conduce á lo eterno. Joven aún es el 
mundo, muy imperfecta nuestra ciencia y poco 
desenvuelta nuestra espiritualidad é intuición 
para pretender erigirnos en críticos de Cristo, 
ser superior en todo sentido. Considéresele en 
su elevada vida del hogar; las cuestiones más 
delicadas que conmueven á la sociedad moder- 
na están planteadas y resueltas allí. Con res- 


136 


ALBERTO NIN FRÍAS 


pecio al Estado, sus pensamientos son de los 
más sabios. «Dad al César lo que es del César» 
aun es una fórmula que, de cumplirse como él 
la cumplió, no existiría rozamiento entre los 
poderes civiles y eclesiásticos. Él sintió, como 
sólo él era capaz de sentirlo, que la grandeza 
del estadista y del gobernante «no se mide por 
la cantidad de impuestos cobrados, sino por la 
magnitud de los servicios que se prestan». Fren- 
te á la Iglesia establecida de su patria, es de 
todos conocido y admirado su gesto püriücador 
cuando arrojó del templo á los mercaderes. Sus 
palabras grandiosas á la Samaritaua pueden 
citarse aún como la mejor definición del culto 
á Dios. Como amigo fué grande; prueba de ello 
son sus relaciones con los doce apóstoles. «La 
amistad, como casi todas las cosas, se juzga 
por los resultados.» Compárese á los discípulos 
cuando comenzaron su misión y después. 

Cristo era un hombre sociable; su vida dig- 
nificó este pensamiento áureo: «El poder como 
el carácter se derivan de la fuente de la ora- 
ción.» 

Era un profundo conocedor de las Santas 
Escrituras. El más influyente de los reformado- 
res ejerció el oficio de obrero manual. Su pará- 
bola de los talentos evidencia la grande estima 
en que tenia la laboriosidad. Nadie ha sabido 


ESTUDIOS RELIGIOSOS 


137 


sufrir como Jesús ni extraer tantos múltiples 
beneficios de su sublime abnegación. Fué filán- 
tropo, si es propio aplicarle ese nombre á su 
constante anhelo de aliviar el dolor y remover 
el mal de raíz. En él toma sus orígenes his- 
tóricos la caridad. Su manera de atraerse las 
almas pecadoras es inimitable. En su predica- 
ción Be fundían la elocuencia más conmovedora 
y la poesía más elevada. Como maestro, su éxito 
fué sin precedentes. Educó á sus rudos discípu- 
los como á niños que paulatinamente van abrien- 
do sus ojos á la luz del saber. Preguntado el 
profesor Tholuck, el gran teólogo alemán del 
siglo pasado, cuál era el secreto de su fecunda 
influencia, contestó con esta frase lapidaria: 
«Tengo una pasión: Cristo.» En su cualidad de 
controversista silenció á menudo á Iob fariseos 
con la expresión vigorosa de su ira santa y su 
acabada argumentación. Jesús fué tolerante con 
los humildes, los sufridos y los engañados, mas 
no tuvo piedad con la maldad recalcitrante y 
la hipocresía solapada. El corazón de Cristo co- 
noció toda la gama de sentimientos delicados, 
tiernos y hondos. La influencia verdaderamente 
mágica que ejercía su presencia, la medimos 
por la impresión producida, lo mismo sobre los 
individuos que sobre las multitudes. Los Evan- 
gelios narran que los hombres se maravillaban 


138 


ALBERTO NIN FRIAS 


ante él; los poseídos temblaban; los atormenta- 
dos por los más espantosos pesares, acudían con 
fe á él, esperanzados en que con una sola mira- 
da ó palabra transformara su dolor en alegría, su 
pena en goce, su fealdad en belleza, bu enfer- 
medad en salud. «En los irreligiosos producía, 
despertaba repulsión y el anhelo de huir de él.» 
Junto á este tema desearla que mi alma dimi- 
nuta tuviera un órgano de expansión sutil como 
la más leve emoción de belleza para fijarse 
cuánto experimento, á pesar de mis imperfec- 
ciones y sed de cosas mundanas. Todavía es- 
toy, en punto á espiritualidad, lo mismo que el 
zoófito más elemental; aun me hallo en el pri- 
mer peldaño de la escala de la vida, que em- 
pieza en la vibración más lenta de la materia 
para consumarse en el reposo de Dios. Filtran 
por mi ser, como las vetas de agua las entra- 
ñas de la tierra, las influencias de arriba, pero 
no aun en número suficiente para que emane 
de mi cerebro la verdad casta y purísima. 

Dejo paso á un maestro; con él he recorrido 
el mundo espiritual y el ambiente humano en 
que se desarrolló la existencia de Jesús. Su vi- 
sión la he hecho mía; en su pensamiento undoso 
y fértil, el mío toma alas y vuela: 

«Un hombre puede esforzarse por conquistar 
influencia y no lograrla. Pero dejadle que cul- 



ESTUDIOS RELIGIOSOS 


139 


tive el dominio de si mismo, la conciencia, la 
pureza y la sumisión, y entonces no le faltará. 
Cada paso en el progreso interno nos hace va- 
ler más ante el mundo y á toda causa con la 
cual nos identifiquemos. El sendero de la in- 
fluencia es, sencillamente, el camino del deber 
y de la lealtad. Permitid á un hombre acercar- 
se á Cristo y que abra de par en par su cora- 
zón para admitir la energía de Cristo, y enton- 
ces, á sabiendas ó no — acaso sea para él mejor 
que no lo sepa — , crecerá en poder sobre los 
hombres para traerlos á Dios y éste á ellos.» 

«Permaneced conmigo y yo con vosotros: 
así como la rama no puede dar fruto por sí mis- 
ma si no permanece junto á la viña, tampoco 
vosotros lo podéis si no vivís en raí. » 

El éxito de la corta vida de Jesús está en 
esas palabras, que parecen el eco de las más 
ocultas enseñanzas de la sabiduría. 

Lectores: os invito á meditarlas seriamente; 
anticristianos: seguidlas, y acabaréis como yo 
he comenzado y espero terminar la vida, ape- 
lando á ese Jesús que en todas las épocaB será 
como es hoy: el mejor amigo y hermano de la 
humanidad. 



ENSAYO 


SOBRE 

“Conversaciones tranquilas sobre el poder,, 

por S. D. GORDON 


A la doctora Estela Long . 


He notado que los libros entran siempre en 
la esfera de mi vida cuando necesito de ellos 
como si fuesen amigos y consejeros. Conocí este 
admirable librito en el momento más oportuno. 
Su lectura ha abierto mi mente á especulacio- 
nes espirituales. Al propio tiempo he podido 
cerciorarme acabadamente de cuán bien se her- 
mana la eterna doctrina del Maestro de Naza- 
ret con las sanas especulaciones del pensamien- 
to moderno más avanzado. Parecíame increíble 
al leer este libro, de una conmovedora piedad 
y de una ortodoxia insospechable, encontrar 
allí muchas de las ideaB que la filosofía cree 
suyas, cuando ha tiempo estaban escritas en el 
Evangelio. 


142 


ALBERTO NIN FRÍAS 


Empecé á leer esta obrita hermosa y con- 
movedora en la agitada urbe moderna, acabán- 
dola en el campo un domingo de la divina pri- 
mavera. ¡Qué sugestiva era esta circunstancia! 
Antes de leerla sufría de la inquietud malsana; 
después me poseía la serenidad de la fe. El 
domingo á que he hecho referencia era de una 
indescriptible belleza: el cielo, de un azul claro, 
volcaba sobre los campos verdeantes y los ár- 
boles frutales en que ya comienzan á aparecer 
las más olorosas flores. Había en todo una ale- 
gría serena, un aspecto de belleza armoniosa y 
fecunda. Ni una nube franqueaba el horizonte 
terso y límpido. Una claridad encantadora en- 
volvía á los seres y á las cosas. Los objetos se 
veían nítidos, destacándose como esos lujosos 
adornos superpuestos al terciopelo ó al encaje. 
Por el camino que tomé para llegar á la cam- 
paña reinaba el más absoluto silencio, y en sus 
pliegues mi espíritu se sintió desbordante de 
dicha. Me parecía que mi alma era un gran y 
nítido espejo en que toda la belleza de la Natu- 
raleza divina se reflejaba. Sentíala como se 
siente el palpitar de un corazón querido... y así 
también me sentí cuando lleno de sublime reco- 
gimiento cerró las tranquilas, suaves y nobles 
meditaciones sobre el poder del hombre que se 
deja guiar por el Espíritu Divino. Entonces ya 


ESTUDIOS RELIGIOSOS 


143 


no experimentaba «la ansiedad que quita la 
frescura de la mente y la dulzura del ánimo...» 
Con todo su esplendor, se iluminaba para mí 
esta sentencia: «El acto más elevado de la vo- 
luntad más firme es dejarse guiar por una vo- 
luntad superior cuando ésta se encuentra.» 

De la sabiduría de que este libro desborda, 
no podré dar pálida idea al que no lo haya 
leído; pero sólo diré que sus ocho capítulos son 
de una lógica acerada, donde con una sencillez 
admirable y precisión, el autor expone su co- 
mentarlo sobre «el Espíritu Santo». 

No he leído tesis mejor sostenida. El autor 
se ha desposeído de cuanto podía distraerlo de 
su propósito; marcha derecho y firme hacia él. 
Su auditorio es la juventud cristiana. 

Entre las experiencias que relata en el cur- 
so de sus estudios-sermones, he seleccionado las 
siguientes: 

Habla del camino por el cual debemos deci- 
dirnos en un momento solemne que á todos llega 
en la vida. Muchos, aun permaneciendo en el 
bien y e» la virtud aparentemente, se alejan sin 
quererlo de él por las causas más fortuitas. 

«Conocí á un joven que sentía una gran pa- 
sión por una admirable joven; ambos eran cris- 
tianos educadísimos, muy superiores á la mayo- 
ría respecto á dotes naturales é ilustración. EL 


14 1 


ALBERTO N1N FBÍAñ 


joven le hizo conocer bus sentimientos. Pero 
como ocurre con muchas mujeres que no confian 
esos asuntos á su mejor amigo y se inclinan á 
probar al amado, lo rechazó, probándolo repe- 
tidas veces, para comprobar hasta qué punto 
era verdadero su amor. Por fin, manifestándole 
ella indirectamente sus propios sentimientos en 
el asunto, le negó aún el consentimiento que 
solicitaba, hasta no someterse él á un cierto 
proyecto suyo. El proyecto, en sí mismo bue- 
no, era ambicioso, y tendía decididamente á 
alejarlo de los elevados y dulces ideales espiri- 
tuales que hablan tutelado su vida en la Univer- 
sidad y después, por más que él mismo no 
tuviera mucha conciencia de su propia tenden- 
cia. Lo único Bensato en esta emergencia era to- 
marse tiempo para pensar á solas y aparte, á fin 
de tomar una decisión tranquila, ponderada y 
orar: así averiguaba si el plan de ella coincidía 
también con el plan qu9 el Maestro había tra- 
zado para él. Pero el elemento personal probó 
ser muy fuerte para deliberar de esa suerte. La 
posibilidad de perderla lo afuscó. Nd fué ya 
cuestión entre el plan de ella y el del Maestro.» 

«Este último fué perdido de vista, y muy 
probablemente de una manera inconsciente, 
porque fué resuelto ligeramente. «Ella tenia 
que ser suya», pensaba el joven. Eso dominaba 


ESTDDI09 EELIGIOSOS 


145 


todas las cosas para él. Y sobre esa base tomó 
su decisión. ¿Con qué resultado? Él ocupa hoy 
un sitio prominente en el servicio de Cristo, 
es un orador sincero, un obrero infatigable, 
con una personalidad de las más atrayentes. 
Pero su vida espiritual se ha empequeñecido 
visiblemente. Sus ideales, todavía elevados y 
nobles, son á todas luces inferiores á los que 
poseía cuando era más joven. Los ideales inte- 
lectuales, admirables en sí mismos, pertene- 
cen á un segundo plano en la vida cristiana; 
actualmente dominan el ambiente. Las concep- 
ciones y la comprensión de este joven respecto 
de la verdad espiritual han cambiado marca- 
damente. » 

«La propuesta de una vida para sí, se le 
apareció de una manera muy fascinadora. Pron- 
tamente accedió á ello, aun cuando eso repor- 
taba rehusar el plan que otro tenía para él, 
plan que él había reconocido claramente y 
aceptado.» 

La conclusión de todo esto es que el cora- 
zón de cada hombre es un campo de batalla. 

De idea en idea, nutrida y bella, el autor llega 
á la contemplación de esa vida que es la ma- 
ravilla de las edades. Escuchadle cómo la 
caracteriza: «Fuéuna vida de conflicto cons- 
tante, pero espléndida, tranquila, de una paz 


10 


146 


ALBERTO NIN FRÍAS 


inalterable de ánimo y un maravilloso poder 
exterior.» 

Hablando sobre las caídas que solemos tener 
en nuestra vida espiritual, trae á colación este 
ejemplo notable bajo todos respectos: 

«Sin embargo, tengo conocimiento de un 
hombre — lo he conocido íntimamente por mu- 
chos años — , uno de los seres más santos que he 
tenido el privilegio de conocer. Durante algún 
tiempo fué misionero eu el extranjero; predica 
actualmente en este país. Su vida es verdade- 
ramente santa, y su prédica va acompañada 
siempre de manifestaciones de Bingular poder. 
Al conversar con un joven pastor, le dijo que 
no había conocido nunca la segunda bendición 
ó experiencia. Comprendo perfectamente que 
haya sido así. Pues, aparentemente, tan lejos 
como pueda verse su primera decisión, fué he- 
cha de todo corazón. Había seguido sencilla y 
plenamente el camino tal como lo vió. No se 
había detenido, habia ascendido gradualmente, 
y consiguió una revelación continua de la pre- 
sencia del espíritu. 

»Asi puedo decirlo con propiedad, porque lo 
creo sinceramente, que en el plan de Díob no 
hay necesidad de una Begunda experiencia.» 

En uno de los capítulos donde trata de la 
iniciación del poder en nuestro espíritu, emplea 



ESTUDIOS RELIGIOSOS 


147 


términos de mucha verdad y belleza para pin- 
tar la transfiguración de la vida y la intensa 
paz que de ella resulta. «Es la paz de Dios. 
Nos sirve como una coraza alrededor de nuestro 
corazón y de nuestros pensamientos para pre- 
servarnos de la inquietud. Es demasiado sutil 
para el análisis intelectual, mas penetra el 
corazón y el alma. No se puede comprender, 
pero se siente. El cerebro no puede contenerla, 
pero sí el corazón. No se obtiene. Ella osiuvade. 
No es menester comprenderla para sentirla.» 

Y yo añado qué preciosa es esa paz, supe 
rior á la serenidad que viene de la ciencia; á la 
alegría del éxito; del contento de la salud; de 
la tranquilidad del dinero; la firmeza y el cora- 
je que dan la confianza en sí mismo. Para com- 
prenderla, Glordon me lo ha hecho sentir in- 
tensamente, fuera menester referirnos á esa 
sensación de frescura, de profunda satisfacción 
que sigue á los apetitos sanos del ser cuando se 
satisfacen. El aura fresca en una noche del re 
verberante estío, el agua cristalina, los abismos 
estelares, el silencio de la admiración y del 
respeto, el éxtasis, todo ello no alcanza á definir 
en su esencia, esquiva á la pluma del escritor 
y á la visión del artista. Y esa paz trae apare- 
jado el amor, que no sólo es la flor más fina de 
la vida cristiana, sino su prueba final. 


148 


ALBERTO NIN FRÍAS 


Los efectoB del Poder Divino en noeotroB 
están bien preciBadoB. 

«El grupo original de facultades mentales 
permanece lo mismo.» 

«En cuanto á bu desarrollo — expone Gor- 
don — , pueden advertirse cuatro hechos: 

• Primero. Aquellas facultades ó talentos 
que han permanecido hasta entonces latentes, 
sin madurar se despiertan para ser empleados. 

• Segundo. Todas nuestras facultades se des- 
arrollarán hasta la mayor elevación normal 
posible. 

• Tercero. Se efectuará una vuelta á la nor- 
malidad en aquellas facultades que se han em- 
pequeñecido, torcido ó desarrollado anormal- 
mente por el pecado ó el egoísmo. 

• Cuarto. Todo este crecimiento y desarrollo 
se cumplirá extrictamente dentro de las condi- 
ciones de las dotes naturales del individuo.» 

Parecen definiciones de un texto de física, 
química ó botánica, ¿no es verdad? La mente 
se inclina fácilmente á creer que en el dominio 
de la moral y del espíritu todo es vago. Estas 
verdades, proposiciones nítidas, claras, demos- 
trables por la experiencia diaria, nos conven- 
cerán de lo contrario. El mundo toma para nos- 
otros nuestra fisonomía. 

El hombre sano sufre de una presbicia ilimi- 



tada por el mundo, allende loa cinco aentidoa, 
así como el malvado y el frívolo son aordoa y 
ciegoa á la8 melodíaa y á la8 viaionea del her- 
moso más allá. 

«Porque — y aquí mi penaamiento entra de 
lleno como un manao arroyuelo en el rio Gor- 
don — el hombre e8 el arpa eólica de Dios. La 
habilidad enseñada por mano del hombre puede 
extraer una música extraña, pero comparada 
con la otra es monótona, aun cuando dé de ai el 
mejor sonido. Cuando se afina el instrumento 
para captar el álito completo de Dios, entonces 
resuena con una fabulosa riqueza de melodías. 
Cuando la vida ae rinde por completo al impul- 
so del Espíritu, encontraremos que la paz de 
Dios, que excede á toda comprensión, llena el 
corazón, y el poder de Dios, que sobrepasa á 
toda resistencia, inundará nuestra vida. Otros 
hallarán la belleza de Dios, que no es posi- 
ble describir, transformar el rostro; y la fresca 
fragancia de Dios, que está más allá de toda 
comparación, llenará la personalidad, aun- 
que probablemente no nos daremos cuenta de 
ello. » 

Sólo un hombre penetrado de ese espíritu 
tan maravillosamente descrito, puede hablarnos 
así. La difícil doctrina del Espíritu Santo se 
hace en estas páginas comprensible al cerebro 



150 


ALBERTO N1N FRIAS 


menos iluminado. Todo el libro es, por aBÍ de- 
cirlo, un viaje por la metafísica del cristianismo, 
pero con un mentor tan sabio, tan amable y 
elocuente, que todas las regiones atravesadas 
parecen tierras de promisión. 

Cierra las sencillas meditaciones, que el 
autor ha bautizado modestamente Conversacio- 
nes tranquilas sobre el poder , un episodio de la 
vida de un hombre, que aunque Gordon no lo 
manifieste claramente, presenta todos Iob carac- 
teres del ser con poder del Espíritu. 

Acaso en la batalla diaria de nuestra exis- 
tencia iuquieta y mezquina con los grandes y 
luminosos ideales, olvidemos la doctrina, pero 
estos ejemplos prácticos perduran como marcas 
de fuego en nuestra memoria. 

«El profesor Johan Albrecht Bengel era 
maestro en el seminario de Denkendorf, Ale- 
mania, en el siglo XVIII. Poseía, junto á un 
profundo respeto por la Biblia, una agudeza de 
pensamiento á la cual nada escapaba. Los se 
minaristas vivían admirados de su gran intelec- 
tualidad, de su gran humildad y cristianismo 
práctico. 

»Una noche, uno de ellos, ávido de sor- 
prender el Beereto de su vida santa, se in- 
trodujo en bus piezas mientras que el profesor 
atendía á sus clases en la ciudad, y se ocultó 



r<a i u jjiuh KfciLiUlUSOS 


151 


tras las pesadas cortinas del receso de una 
vieja ventaua. 

• Esperó mucho tiempo, hasta que cansado 
de esperar pensó cuán fatigado estaría su maes- 
tro después de su labor diaria en laB clases y 
fuera de ellas. Finalmente, oyó pasos en el hall, 
y aguardó, fuera de aliento, para conocer el 
anhelado secreto. El profesor entró, cambió sus 
zapatos por zapatillas, y sentándose en su escri- 
torio, abrió la Biblia alemana, vieja y marcada 
de tanto hojearla, y comenzó á leerla tranqui- 
lamente, página por página. 

• Leyó media hora, tres cuartos de hora, una 
hora, y aun siguió leyendo. Luego, descansan- 
do su cabeza entre las manos durante algunos 
minutos, dijo del modo más sencillo y familiar 
posible: «Pues bien, Señor Jesús; estamos aún 
en los mismos términos de siempre. Buenas 
noches. > 

» ¡Si pudiésemos vivir así! ¡Empezando el día 
consagrando un rato á estar solos y á sostener 
una buena conversación matinal con él! Y 
mientras pasa el día trabajosamente, extenderle 
la mano á él y decirle quedamente: «Conservé- 
monos en buenas amistades, Señor Jesús.» Y 
cuando anochece irnos con él para mirarle la 
cara tranquilamente, conversarle y poderle 
decir con familiaridad respetuosa: «Buenas no- 


152 


ALBERTO NIN FRIAS 


ches, Señor Jesús: estamos en paz el uno con 
el otro; buenas noches.» Semejante vida estará 
penetrada de la presencia de Dios.» 

Mientras esto leyera, sentía un solaz tan 
indescriptible, una ayuda tan eficaz para vivir 
con Dios en la inmensidad de su poder, que sólo 
me queda decir una sola palabra de síntesis: 
¡Amén! 



NORTE AMÉRICA 

Los elementos idealistas de la vida 


Al profesor W. R. Shepherd, 
de Colombia University. 


Cuando uno se avecina á la gran estatua de 
la Libertad se siente el corazón lleno de alegría. 
No sé por qué se piensa instintivamente en la 
visión de una humanidad del porvenir ideali- 
zada. 

Un dramaturgo judío la llama sagazmente 
«la gran retorta en que se fundirán todos los 
pueblos del orbe para constituir un nuevo tipo 
humano, el más perfecto hasta ahora». 

El hecho geográfico más saliente de este 
enorme país es su situación entre los dos más 
importantes océanos del mundo, poseyendo den- 
tro de su área estupenda todos los elementos 
para ser el primer país del mundo. Es ya el 
primer productor de objetos manufacturados 
para usos domésticos. Produce granos, harina. 


154 


ALBERTO NIN FRÍAS 


aceite refinado, lana y cueros, hilos de todas 
clases, instrumentos de agricultura, objetos he- 
chos de acero y fierro de todas clases. 

Situada América — y en este decir van en* 
vueltaB las tres Américas, latina, sajona y bri- 
tánica — entre dos viejos mundos, Asia y Euro- 
pa, su misión es conquistarlos. La civilización 
es fundamentalmente un hecho económico; mas 
ei la consideramos desde un punto de vista ele- 
vado, es un hecho moral. 

Desde la llegada de los puritanos, hay cierta 
unidad en la historia de la Unión. A su llegada 
declararon en Plymouth Rock que todos los hom- 
bres eran libres ante Dios. La guerra de la In- 
dependencia fué contra la opresión inglesa, y 
eu última guerra civil fué para obtener la liber- 
tad de una raza oprimida. La base de este país 
es religiosa y descansa sobre un concepto j ético 
de la libertad. 

El puritanismo ha tenido una gran influencia 
sobre el carácter americano, vigorizándolo 
hasta la dureza é inclinándolo á reverenciar lo 
artificial en las costumbres, quitándole los im- 
pulsos naturales. Pero esas reminiscencias están 
muriendo rápidamente, y el carácter se está 
desarrollando en el sentido de la energía, del 
libre pensamiento, del coraje, de la confianza 
en sí mismo. 



ESTCDIOS RELIGIOSOS 


155 


Las tradiciones americanas han nacido en 
las colonias de Virginia y Massachussets, donde 
durante trescientos años se desarrollaron los 
rasgos más genuinos del carácter nacional. 

Burke, el gran orador, encontró á los ame- 
ricanos apasionadamente enamorados del espí- 
ritu de libertad. 

Los rasgos característicos del americano 
tienen su origen entre los ingleses de la época 
de Isabel. 

Es menester darse cuenta del idealismo de 
Nueva Inglaterra si se quiere estudiar las trans- 
formaciones del espíritu público aquí. 

Las cualidades prominentes de ios primeros 
colonos fueron un carácter excepcionalmente 
puro, ausencia de sensualismo mórbido y un 
esfuerzo constante para gobernarse según prin- 
cipios sinceros y fundamentales. 

Una tendencia marcadamente idealista, ca- 
rácter de la teología puritana, se posesionó del 
alma americana. Debido á ello, el país está 
animado de una gran devoción por ideales, «la 
concepción de Jos cuales no se refiere al saber, 
sino á una fe ardiente». 

La norma de la teología aquí es ir de la ex- 
periencia á lo abstracto en la investigación de 
la verdad. 

La vida no puede conducirse sobre princi- 


156 


ALBERTO NIN FRÍAS 


píos puramente abstractos; asi, la vida espiri- 
tual de buena parte de este pueblo consiste en 
un idealismo social. 

En su proclamación para el día de gracia 
nacional, el presidente escribe estas ideas que 
debieran grabarse en todos los corazones: 

«Sobre el bienestar físico como base, debe 
edificarse una elevada vida espiritual, si es que 
esta nación quiere realizar bu gran misión y 
llevar á cabo cuanto esperamos ardientemente 
y deseamos. Las cosas del cuerpo son buenas; 
las de la mente son mejores, pero mejor que 
todas ellas son las cosas del alma, pues en una 
nación, como en el individuo, después de todo 
lo que prevalece es el carácter.» 

Hay menos convencionalismo religioso que 
en Inglaterra. Al clero no se le considera una 
casta aparte. El lado social de la religión está 
más desarrollado que en la Europa protestante. 
Hay, Bin embargo, aún mucho convencionalis- 
mo religioso. 

El país es esencialmente protestante y no 
hay el menor peligro de que prevalezca el ca- 
tolicismo bí el protestantismo persiste en las 
creencias fundamentales del cristianismo pri- 
mitivo. 

El catolicismo avanza á paso rápido, sin 
embargo. Veinticuatro millones de súbditos, ó 



ESTUDIOS REÜGI080S 


157 


sea la décima parte de la población católica 
total del mundo, constituye una masa compacta 
frente á treinta y siete millones de protestan- 
tes, dividido en multitud de sectas. Por el últi- 
mo decreto papal, de 29 de Junio de 1908, los 
Estados Unidos han pasado de la categoría de 
pais misionero á la de nación, con los privilegios 
de Italia, Francia y España. 

Del obispo metodista Juan H. Vincent ha 
partido la idea de construir un templo exclusivo 
para la interpretación de la vida de Cristo y su 
relación con la civilización actual. 

Esta Aula Christi es un símbolo hermoso, y 
todo ser pensante podrá adorarle allí silencio- 
samente. Creo que la frase «Hacer rey á Jesús» 
salió de aquí. Si realmente este es el deseo ín- 
timo del alma americana, entonces profetizo 
que ningún país del mundo alcanzará su gloria 
y poderío. El país cuyos habitantes se dediquen 
al Maestro llegará á la más alta civilización, 
porque el Evangelio despierta cualidades impe- 
recederas. Así lo presentían Goethe y lo sostie- 
ne un sociólogo tan eminente é irreligioso como 
Franklin Goddings. 

Charles Wágner, el mejor escritor protes- 
tante de Francia, espíritu fuerte y justo, resu- 
me sus impresiones sobre América y su presi- 
dente en estas sabias palabras: 


158 


ALBERTO NiN FRÍAS 


«He visto á América en el hogar, en las 
iglesias, en loa colegios, en la sociedad y en los 
institutos de educación. Mis impresiones son 
magníficas y demasiado extensas para ser ex- 
presadas en pocas palabras. Estimo que Améri- 
ca promete poseer gran poder espiritual, la 
fuerza más importante en cualquier país. 

»¿Cómo puede adquirirlo? Esa es la gran 
cuestión. Cada generación trae consigo una 
interpretación personal del tesoro de la fe tra- 
dicional. Hay mucho que hacer en América si 
es que el oro viejo y hermoso ha de conservar 
su perfecto valor. 

»Llevo una fuerte impresión de mi visita á 
la Casa Blanca. América tiene un presidente 
que personifica lo mejor de su tradición honesta, 
su poderoso espíritu de labor para lo presente y 
lo futuro. 

»Me alegro sobremanera de haber conocido 
á semejante hombre, y de tenerle por amigo. 
Su único temor es hacer el mal.» 

Roosevelt es un hombre representativo por 
su elevada idealidad, perspicacia, amplia visión 
de la vida individual y colectiva, y la aplicación 
constante de una sana filosofía á las condicio- 
nes actuales de este país. 

Su fe en Dios y el coraje impetuoso con que 
abarca los problemas sociales, son sus rasgos 



ESTUDIOS RELIGIOSOS 


159 


más salientes. El anciano rector de Hanvard, 
doctor Elliot, comparte con él la popularidad 
nacional. 

El pueblo siente que la sabiduría, idealismo 
y fuerza de los juicios de estoB dos grandes hom- 
bres, son un factor decisivo en el progreso in- 
telectual y moral de la nacionalidad. 

Con admirable concisión, Mr. John Van 
Vorst ha precisado algunos rasgos que hacen 
ejemplar A este pueblo: 

«En América, todo hombre, mujer ó niño, 
tieDe algún ideal. No importa á qué clase de 
idealismo pertenezca; el ideal es personal. Cree 
en él. Está pronto A perecer con él ó enfadarse 
consigo mismo si no lo realiza. Trabaja y pro- 
gresa según esa idea. Hay sitio en el país para 
su pensamiento y su palabra. Esto le da coraje. 
Su esperanza es la suerte no experimentada; 
esta experiencia es su ideal.» 

Si aun el americano no ha vestido A la vida 
con poesia, como dijera Emerson de Goethe, la 
ha adornado del goce santo del vivir, de la ener- 
gía saludable y de la pasión por la verdad, en 
las relaciones diarias. 

Nosotros, los del Sur, debemos estudiarla mu- 
cho, para evitar los males del industrialismo y de 
la emancipación femenina. La cultura está más 
al alcance de todos que en los pueblos europeos; 


160 


ALBERTO N1N FRÍAS 


su inteligencia se parece mucho á la inglesa en 
•su reposo y tenacidad. Existe aquí una maravi- 
llosa capacidad para hacer dinero y hacerlo 
una fuerza en beneficio del arte y de las glorias 
del saber. Es un pueblo caballeresco, poseedor 
de una urbanidad innata y exquisita para con 
la mujer en general. 

El americano es excepcionalraente cortés 
con la mujer. Podría citar numerosos casos de 
su encantadora devoción al eterno femenino. 
Nunca me olvidaré que conversando con un 
sociólogo sobre un interesante tópico, al despe- 
dirme le envié recuerdos á su esposa. El efecto 
fué instantáneo; se incorporó, y con su más gen- 
til sonrisa se quitó el sombrero, saludándome 
con el mayor respeto. En los teatros, trenes, 
Universidad- y bancos, la mujer es tratada con 
la mayor deferencia. Sólo en Francia he ob- 
servado algo similar. El americano culto es 
comparable al joven hidalgo de la edad de oro, 
cuyo horizonte mental es la dama de su predi- 
lección. 

No hay señales de muy intenso escepticismo 
aquí. El cristianismo ha moldeado á los mejores 
hombres de ciencia y estadistas. Los librepen- 
sadores son escasísimos. En parte de la juven- 
tud se está operando una transformación intelec- 
tual y moral cuya partida es el cristianismo. 



ESTUDIOS RELIGIOSOS 


161 


Estados Unidos constituye una nación reli- 
giosa. La Biblia ba sido hasta aquí el libro más 
leído y vendido, pero hay tendencia A abando- 
narlo. De todas partes se elevan voces que in- 
citan al mejoramiento social. 

Alguien sugiere la creencia de que como el 
abogado representa la mayoría, debe ser bien 
educado y partidario de las mejores ideas. Una 
tercera parte del Senado está formada de abo- 
gados; la Cámara de Representantes posee la 
misma proporción. 

Hay cierto culto por los grandes partidos. 
El senador Alberto Boveridge, el orador más 
pulido de la Unión, habla en estos términos de 
los grandes hombres norteamericanos: 

«Wáshington sólo fué grande porque perso- 
nificó la voluntad popular en su lucha por la 
independencia; Lincoln fué grande porque re- 
presentó su determinación para ser una nacio- 
nalidad; Roosevelt es grande porque es su por 
tavoz el deseo de justicia social.» 

Todos los hombres cultos y patrióticos están 
contestes en que los Estados Unidos sólo podrá 
llegar á Ber la primera nación del mundo cuando 
sus hijos obedezcan á un elevado ideal político. 
La verdadera política tiene la elevación de una 
pasión religiosa. 

Hasta ahora el desarrollo material ha dis- 


n 



162 


ALBERTO KLN FRUS 


traído á la parte sana de la poblacióu de la po- 
lítica, dejada & bosses poco escrupuloBOB. Eq las 
municipalidades sobre todo, el gobierno ha sido 
deficientísirao y desordenado. 

Se está operando una gran reacción en este 
sentido, y á hombres como Roosevelt y el go- 
bernador Hughes se debe esto. 

Con estas frases vibrantes se dirige el rec- 
tor de la Universidad de California á la juven- 
tud que se graduó en 1908: 

«No ha vivido completamente aquel que no 
ha aumentado su vida por pérdidas y sacrifi- 
cios. Después de todo, las palabras del Hijo del 
Carpintero fueron la expresión de esa sabidu- 
ría mundial que llamamos buen sentido.» 

«Aquel que desee salvar bu vida, que la 
pierda. Aquel que anhele ser el mejor de todos, 
que sea el sirviente de todos.» 

John Maclaren, el humorista escocés, en una 
de sus conferencias, exclamó: 

«EL día de hoy es el mejor que conocemos, y 
nuestros hijos conocerán uno aun más bueno.» 

Al ser preguntado si el mundo había mejo- 
rado moralmente, contestó: 

«La condición del pueblo mejora material y 
físicamente. Existe mucho desasosiego religioso. 
Creo que el dogma sufrirá grandes cambios, 
pero las grandeB verdades fundamentales pre- 



ESTUDIOS REUGI0808 


163 


valeceráu. La fe no está desapareciendo en 
América. » 

El americanismo como ideal constructivo, 
está cundiendo rápidamente. Según hemos podi- 
do observar, uno de Iob hechos característicos 
de la América contemporánea es la intensidad 
con que se hace sentir la necesidad de ideales . 
Por un lado el maravilloso desarrollo económico 
ha destruido ciertos elementos superiores, y por 
otro, ha despertado un sentimiento de nueya 
responsabilidad. 

Hasta aquí la cultura americana procede de 
la europea. La literatura es UDa rama de la 
inglesa, en el drama descuellan grandemente, 
y no está lejano el día en que sus piezas socia 
les y cuadros encantadores de costumbres triun- 
farán por doquier se hable el idioma inglés. 

A pesar de una ola de inmoralidad que ha 
invadido los teatros neoyorkinos, las piezas 
tienden á la moral. 

He visto una pieza, El sirviente de la casa y 
realmente poderosa en todo género de sugestio- 
nes. Es un sermón dramático de efecto. Cristo 
está personificado en un sirviente que entra á 
una casa donde reina el caos, el egoísmo y la 
inquietud lenta, pero seguramente debido al 
sacrificio, al altruismo y á la obediencia, todo 
vuelve á la calma y á la paz. Se ha publicado 


164 


ALBERTO MN FRÍAS 


en libro, y desearía de corazón el verle tradu- 
cido para el público español. Los socialistas, y 
acaso los anarquistas, lo hallarían hermoso y 
ennoblecedor. 

La religión reposa en las concepciones del 
Antiguo Testamento. América y su espíritu, 
considerado como algo nuevo, es aún algo por 
venir. Desde ahora se puede adelantar que un 
sincero é intenso idealismo tutelará el devenir 
social. 

El espíritu universitario es de los mejores y 
refleja altos ideales y las más sabias reflexiones 
del pueblo. 

Esta magnífica declaración del presidente 
del Distrito Federal expresa bien el sentimiento 
público: 

«Nuestra ciudad existe, fuerte y sencilla, 
para realizar cosas de la mente y del espíritu. 
Por encima del clamoreo de los mercados y la 
marea de los placeres sensuales, Wáshington 
nos recuerda constantemente aquellos hombres 
que eran demasiado ocupados para acumular 
dinero y demasiado bien intencionados para 
malgastarlo, dando al país lo que otros dan á sí 
mismos. La voz de la ciudad llama á la juventud 
del país irresistiblemente para señalarle como 
deber una vida generosa, dedicada al esfuerzo 
patriótico.» 



ESTUDIOS RELIGIOSOS 


165 

En sus vigorosos juicios sobre América, 
Paúl Adam compara esta vida de combate 
contra el mal y la inactividad francesa: 

«Et Ton ne retrouve pas ici le repos latin, 
le petit trot du Sacre, la profusión des discours, 
les querelles interminables sur les congrega- 
tions, Tindolence des tentatives, la timidíté des 
révolutionnaires, le gout du certain et du joli, 
le desir de Taise paresseuse, Peconomie sordite 
et craintive, le langage trés ironique d'eaprits 
ayant chassé fcoute chimére grandioso pour 
teñir súrement le moyen, le solide, le positif 
sans aléas...» 

Otra faz de este pueblo en que revela su fe 
en una democracia perfecta es la campaña 
nacional contra el alcoholismo. Muchos son los 
Estados y ciudades donde está prohibida la 
venta y fabricación de bebidas alcohólicas. Se 
cierran treinta despachos de bebidas diarios. 
En el Sur, sobre todo, este asunto toma propor- 
ciones colosales. Se dice, y se cree, que el ame- 
ricano es tan sólo un comerciante: nada más 
erróneo; dudo exista un pueblo más inclinado á 
las cosas superiores. Algo los distingue de los 
demás pueblos en religión y en literatura: un 
fin práctico y concreto. 

El pragmatismo es una filosofía netamente 
americana. Cuatro ideas constructivas infcr- 



man este producto típico de esta civilización 
anglo- sajona: democracia, evolución, energía 
y método científico. 

Otro rasgo que reza con las observaciones 
anteriores es la generosidad de los ricos. El * 
hombre rico se vuelve siempre el bienhechor de 
la comunidad y trabaja para su progreso cívico. 

Eu fin; muchas son las fuerzas que trabajan 
un porvenir brillante á esta nación. Por otra 
parte, muchas cosas turban la paz pública. Por 
un lado la megalomanía de los trusts y la acti- 
tud provocadora de las sociedades de resisten- 
cia. Los peores enemigos de eBta sociedad son 
sus multimillonarios. Muchos de ellos trabajan 
por establecer sobre este suelo libre los prejui- 
cios europeos y su aristocracia demodada. 

El divorcio excesivo es otro elemento per- 
turbador. En veinte años se han decretado un 
millón de divorcios. De diez matrimonios, dos 
acaban en la separación. La proporción está 
alarmando á los estadistas. 

El negro es otra fuente de preocupación pú- 
blica. Á pesar de la existencia de tres millones 
de mulatos, la raza no se mezcla con la blanca 
en la proporción suficiente para ser absorbida. 
El norteamericano, por regla general, tiene 
una alta idea de la pureza de la raza. 

La inmensidad de este país hace que se sus- 



citen en él loa más variados problemas; pero 
pesando el mal y el bien, hay más motivo para 
estar altamente esperanzado de que será el he- 
redero de Inglaterra en la civilización del 
mundo. 

He venido á América animado de gran cu- 
riosidad; estoy sorprendido por la enormidad de 
sus conquistas materiales, políticas é intelec- 
tuales, si bien echo de menos nuestra pasión 
por lo bello, lo intelectual y el espíritu de fa- 
milia. 

Nada es tan necesario á este pueblo como 
ideales, porque la grandísima prosperidad y 
amor del dinero pueden desequilibrar fácilmen- 
te á esta democracia. Sus pensadores lo pre- 
vén, y por ello, de un lado á otro de la patria 
de Lincoln, se eleva el grito: «¡Excelsiorl» Con 
nuestro pan de cada día debemos por fuerza 
absorber ideales para conservarnos puros, fuer- 
tes y nobles. 




LA RELIGIÓN DEL ÁRBOL 







üa tfeíigión del áübol 


Trescientos años ha, las naciones que hoy 
más admiramos, Inglaterra, Francia y Alema- 
nia, estaban cubiertas en su mayor parte de 
vastos bosques. 

Los árboles que poblaban estos pulses no 
eran tan grandes como los de las alturas del 
Líbano; aun tenemos reminiscencias de ellos 
en los grandes robles. 

Entre todos los árboles, este último era el 
más interesante por su resistencia á las violen- 
cias de la tempestad y al apolillamiento. 

Nuestros antepasados, como lo habéis leído 
en la historia, eran rudos guerreros cuya ocu- 
pación primordial era la guerra y las artes que 
la alimentan; pero también para sus instintos 
guerreros llegó el día venturoso de trocar las 
lanzas y los sables en hachas para abatir los 
árboles en busca de madera. Con ella constru- 


yeron los hogares donde habitar y gozar de loe 
incomparables frutos de la paz. 

Todas las sociedades de la tierra pasan por 
estaB faces, y la nuestra, donde aun el espíritu 
marcial vibra tanto, está por entrar en una fran- 
ca evolución hacia el amor de la estabilidad. 
Como á nuestros ascendientes, va invadiéndonos 
el deseo del reposo en hogares embellecidos por 
el arte, cada día más al alcance de los más 
modestos. Deseamos hogares iluminados por el 
florecimiento de un hondo espíritu de familia. 

Pero esos hombres, hasta poco tiempo atrás 
bárbaros y violentos, se volvieron artistas, y 
aún las obras salidas de sus manos nos pasman 
de admiración. Hoy día no amamos el arte y la 
belleza como ellos la amaron. No se limitaban 
sus viviendas á refugios donde pernoctar. Tra- 
bajaban la madera traída de los bosque secula- 
res, convirtiéndola á fuerza de ingenio y de 
profundo sentido de lo bello en hermosísimas 
casas. La humanidad ha ido sin duda más lejos 
en la aplicación de las leyes de la mecánica, 
mas en materia artística está estacionaria, si no 
ha retrogradado. 

Este es el sentir de las personas pensadoras, 
á quienes atrae el arte sugestivo de los anti- 
guos. 

En estas ciudades y villas había seguridad, 



LA RELIGIÓN DEL ÁRBOL 


173 


relativa por lo menos, al fuego, pues no se usaba 
como en nuestros días. Era de práctica retirar- 
se á descansar cuando la noche sobrevenía. La 
casa se tornaba entonces en Bitio de descanso. 

Estas gentes sencillas no poseían la fiebre 
moderna de leer novelas sensacionales á la luz 
de la lámpara, ni tampoco se inquietaban por- 
que la casa no estaba alumbrada á giorno para 
alguna festividad nocturna. Sólo ardia una lum- 
bre en la casa: el hogar, en cuyo derredor toda 
la familia se congregaba. Los miembros de una 
misma familia gustaban referirse los hechos 
del día. 

Los constructores de estas viviendas eran 
hombres pensativos. 

Tenían del hogar un concepto más elevado 
del que tenemos en esta época febril; él era 
casi un templo, una mansión serena y bella 
donde el corazón podía entregarse en verdad á 
los goces de la familia y la vista recrearse con 
objetos de arte. 

La visión de lo hermoso produce en nosotros 
modalidades más suaves, actitudes más es- 
téticas y un modo de ser contemplativo y eleva- 
do, que nos acerca á la vida superior. 

Un paseo por Gaslar, en el Norte de Alema- 
nia, ó por el Sur de esa populosa confederación, 
donde está situado el viejo Nuremberg, ó atra- 



174 


ALBERTO NIN FRÍAS 


vesando el Canal de la Mancha y penetrando 
en la ciudad arzobispal de Canterbury, en Chés- 
ter ó Ipswich, nos convencerá plenamente de 
que los antiguos eran muy reflexivos. 

Construían los techos de bus casas muy al- 
tos, dándoles la forma de picos parecidos á las 
cimas de las montañas. Sobre éstos colocaban 
cuartitos comodísimos con amplias ventanas. 
Esos constructores amaban el aire y la luz ale- 
gradora. 

No les bastaba horadar un agujero en la 
pared y convertirlo en ventana; construían bal- 
cones salientes con tres costados por donde en- 
traba la luz, y con ella la alegría del vivir. La 
arquitectura modernísima ha vuelto á poner de 
moda esos balconeB colgantes. 

En muchas casas art nouveau de nuestra ca- 
pital podemos observarlo. De tarde se senta- 
rían allí para ver el movimiento diurno de las 
calles hasta la caída del día, cuando es más 
bello observar hasta los cielos con sus millones 
de estrellas. 

Los habitantes de estos hogares eran com- 
pañeros de la Naturaleza. 

Hallaban infinitos é interesantes placeres 
en todo lo hermoso que ella poseía en sus vas- 
tísimos dominios. 

Ellos se esforzaron en esculpir guirnaldas 



LA RELIGIÓN DEL ÁRBOL 


175 


de flores tal cual las habían visto florecer en el 
flanco de las colinas y en los valles de su país. 

Más en contacto con la Naturaleza ellos que 
nosotros, trasladaban á los objetos de arte sus 
obras caprichosas é ingeniosas. Así fué sugeri- 
do á los bellos griegos el más perfecto de los 
capiteles por la vista de las hojas de acanto, 
graciosamente agrupadas. Por vías parecidas 
llegaron á concebir los medioevales el arco gó- 
tico. Tomad una hoja de fresno y cortadla por 
la mitad; tendréis una forma que es el símil de 
la ojiva, forma siempre seductora cuaudo la 
vemos en las majestuosas catedrales ó en las 
portadas de las mansiones palaciegas. 

Un estudioso muy amante de esta forma la 
encuentra de lo más hermosa, no porque sea la 
más fuerte, sino por ser su forma una de las 
más halladas en los trabajos de la Naturaleza 
y porque la deidad la ha señalado como una 
fuente de placer para la mente humana. 

Si estos hombres hermoseaban sus hornee 
amando á la Naturaleza y revelando ese amor 
por las bellas flores que esculpían en los fren- 
tes de sus construcciones, no amaban menos las 
Sagradas Escrituras, de las cuales los pueblos 
latinoB no son lectores: 

Acostumbraban grabar sobre las paredes 
de su hogar un libro abierto de lectura prove- 


176 


ALBERTO NIN FRÍAS 


chosa, de esa lectura que algunos llaman ali- 
mento del almá. 

La ciudad de Ipswich, en Inglaterra, es 
muy interesante por una casa de madera cons- 
truida cuando este elemento primaba. Sobre sus 
paredes pueden verse figuras representando á 
los cuatro continentes conocidos en la época de 
su construcción. También se encuentran allí 
escenas del inmortal poema de Virgilio, el Ho 
mero de los romanos. 

No contentos con perpetuar tan sólo en sus 
esculturas lo que velan en la fisonomía sugesti- 
va de la Naturaleza y cuanto tenían por feha- 
ciente en la palabra divina tal como la conce- 
bía su espíritu limitado, aparte de su aprecio 
por la literatura clásica, grababan sátiras re- 
velando la agudeza de su crítica para Iob males 
de aquellos días sombríos. Una de ellas repre- 
senta á un monje vestido de zorro, predicando 
á una congregación de gansos. El espíritu de 
penetrante observación de la Reforma estaba por 
hacer eclosión en aquella sociedad, cuyo único 
solaz legítimo era el arte y sus esplendores. 

El encanto sencillo y plácido que comunica 
esta arquitectura de madera, consiste princi- 
palmente en sus relaciones intimas con la in- 
ventiva humana que, echando mano del más 
común de los materiales, construyó con ellos 



LA RELIGIÓN DEL ÁRBOL 


177 


sus viviendas, adornándolas con esmero, sin 
más pretensión que el de ser originalísimo y 
personal. 

Los habitantes de estas casas pensaban 
seriamente en las cosas que los rodeaban, y sin- 
tiendo por ellas mucha simpatía, buscaban im- 
primir en la madera formas semejantes. Culti- 
vaban superlativamente el sentimiento de lo 
bello, manifestando su profundo sentir en estas 
moradas que el tiempo ha preservado de la de- 
cadencia, tan hermosas como en los antiguos 
días de gloriosa juventud. Á medida que el arte 
se aleja de su cuna, se torna máB mecánico é 
impersonal. La obra artística es tanto más be- 
lla cuanto más presenta una manera personal 
de ser breve, un alma que ha sondeado hasta 
lo más hondo de sí para dar una novel inter- 
pretación de la sublime belleza. 

Hacer arte es acercarse á aquel que al for- 
mar las hojas de los árboles queridos dióles her- 
mosura y poder para sugerir al hombre las 
combinaciones más armónicas de las líneas y 
curvas. Nos alejamos de Dios por las acciones 
feas; los actos hermosos son también los bue- 
nos, y con ellos parécenos que, cual sucede en 
una leyenda del espíritu del mal, subimos por 
un momento á la región de la eterna vida. 


12 



Lfl VIDA DEL ESTUDIANTE ? Lfl JYIORHL 




La uida del estudiante ? la moral 


Ensayo-conferencia 


Señores estudiantes: 

Invitado por vuestro esforzado decano, el 
doctor C. Maggiolo, para dar á ustedes una con- 
ferencia relacionada con la materia de la cual 
tengo el placentero honor de ser sustituto — he 
escogido como tema uno que acaso hallarán 
demasiado grave, pero que por otra parte eB de 
carácter íntimo y estrechamente vinculado á 
los más caros afectos de mi corazón. 

La moral tiende á volverse, en ciertos pue- 
blos y en ciertos individuos, una ciencia pura- 
mente libresca, fuera de nuestro alcance; se la 
estudia como á un cadáver, sin el hondo soplo 
de amor, simpatía y amistad que intervienen 
en nuestras relaciones con los seres vivos. 

¿Es cierto que el día de la moral ha con- 
cluido? ¿Es verdadero afirmar el progreso del 


182 


ALBERTO NIN FRÍAS 


hombre sin ella? El tema es vasto, pero voy 
á limitarlo á la vida del estudiante en sus rela- 
ciones con ella. 

El buen estudiante es un ser moral, digo 
más, intensamente moral. En los pueblos lla- 
mados latinos, hay en general una tendencia 
marcada á olvidar toda la grandeza y belleza 
del carácter, de la voluntad y de la energía 
moral. Lejos de mí el decir que no me admiren 
estas prendas admirables de la personalidad 
humana; pero lo que yo quiero decir con esto, 
es que no se les tiene en cuenta como en In- 
glaterra y en Estados Unidos, donde las cua- 
lidades morales son las que más prevalecen 
en el ánimo de la sociedad al juzgar al hombre. 
Nosotros tenemos en más la brillantez de un 
espiritu muy inteligente, la precocidad juvenil 
y la funesta disposición oratoria, á la cual debe- 
mos no pocas ligerezas históricas y calamida- 
des nacionales. 

Para ilustrar mi tesis no hallo nada mejor 
que referiros la vida de un colega vuestro, que 
vivió su vida de estudiante modelo en la patria 
de WáshiDgton y Horacio Mann. 

Voy á contaros cómo él entendía el valor de 
la juventud, cómo para su temprana edad ma- 
nifestó el más elevado de los heroísmos, sacri- 
ficar su vida en aras de otras; cómo los princi- 


LA YIDA DEL ESTUDIANTE Y LA MORAL 


183 


pios morales que le inculcaron en su bello 
hogar paterno subsistieron incólumes en las 
aulas universitarias, y por ello procedo á lla- 
marle con toda verdad el estudiante héroe. 

Vuestro hermano del Norte se llamaba Gui- 
llermo Lancáster Me. Laughlil y cursaba sus 
estudios en la Universidad Wesley, Ohio. No he 
estado en Estados Unidos, donde á menudo vue- 
la mi espíritu con el pensamiento, mas conozco 
mucho su cultura y sus altas instituciones de en- 
señanza superior por esos artistas de la palabra 
y de la idea que se llaman PaúlBourget y Paúl 
Adam, é innumerables amigos é hijos de ese 
gran país. Sé que el aspecto de la Universidad 
de Hadwad es delicioso; sé que el terremoto 
que dió en tierra con la soberbia San Fran- 
cisco, puso en ruinas la Universidad más 
grande y lujosa del mundo, legada á la ciu- 
dad por la millonada Stafford en memoria 
de su esposo é hijo, y especialmente para re- 
cordar A este último, arrebatado á la santidad, 
á la nobleza y hermosura de la Vida estudiantil 
en plena primavera promisora. Esa maravillo- 
sa joya de arquitectura ha pasado, mas no 
dudo por un momento que será construida más 
esplendorosamente, porque los grandes pueblos 
se distinguen por su amor al saber y la venera- 
ción con que rodean á los que lo dispensan. 


184 


ALBERTO N1N FRÍAS 


Si visitarais las universidades inglesas, por 
largo tiempo vibraría vuestra imaginación al 
lado de lo que el filósofo Ruskiu hubiera llama- 
do con placer las Piedras de Oxford y de Cam- 
bridge. El polvo somnoliento de los siglos ador- 
na aún el precioso decorado de esas ciudades 
reflejados en sí mismas y por cuya atmósfera 
vetuBta Be desliza la más plácida de las exis- 
tencias universitarias. 

Por largo rato podría seguir evocando la 
munificencia norteamericana á este respecto, 
mas me limitaré al país que más conozco y que 
más amo, por ser allí donde fui más feliz cuan- 
do niño, joven y estudiante. 

No es Bin cierta angustiosa emoción como des- 
pierto los recuerdos dormidos de esa vieja In- 
glaterra, tan vital aún de energías para el bien, 
la verdad y lo bello moral. Es allí donde el 
saber ha sido rodeado de más poesía y majes- 
tad. Las ciudadelas del conocimiento son, sobre 
todo, Oxford y Cambridge, verdaderas colmenas 
de jóvenes estudiantes, cuyo objeto es el doble 
culto á la ciencia, al vigor y al desarrollo cor- 
poral. Como los griegos, siempre divinos, aman 
por igual al cuerpo y al espíritu. Platón parece 
haber repetido á sus organizadores su plan de 
vida y estudios, grabado en aquel consejo famo- 
so que me veo precisado á citar, ¡es él tan 



LA VIDA DEL ESTUDIANTE Y LA MORAL 


185 


bello!: «Lo mismo que cuando tú erijes un tem- 
plo para obligar al dios á delectarse, á frecuen- 
tarlo y á hacer de él su morada, tú ornas de 
manera superior el peristilo y todas las partes 
del monumento, desplegando todas las gracias 
de la arquitectura, así del mismo modo, si tú 
quieres que esa partecilla de lo divino, que es 
tu alma, habite larga y felizmente la envoltura 
de tu cuerpo, embellece ese cuerpo por la gim- 
nasia, como el más glorioso templo de mármol.* 
La cita es acaso larga, pero ¿puede fatigarnos 
el oir lo que es hermoso y cierto? 

Al ver á los estudiantes ingleses se percibe 
claramente que realizan el ideal antiguo: la 
manifestación del alma en un cuerpo, digna 
morada suya, proporcionada á ese huésped sutil 
que nos recuerda á cada paso ese código de que 
he hablado al principio, la moral. Oxford y 
Cambridge son, como Salamanca y el Cambrid- 
ge de los Estados Unidos, ciudades puramente 
universitarias, donde además de la multitud de 
colegios con fueros universitarios antiquísimos, 
existen las casas de profesores y de los estu- 
diantes, que generalmente viven con ellos, y las 
necesarias al comercio é industria local. Son 
ciudades tranquilas, de un pasado histórico, 
siempre relacionado con la expansión intelec- 
tual del país. El estudiante hace vida de tal y 


únicamente, ¡tal es lo sugestivo del sitio! Las 
universidades están rodeadas de magníficos par- 
ques, y la ciudad se halla situada á orillaB de un 
rio pintoresco que, dividiéndose, como en Oxford, 
en varioB brazos, serpentea por los fondos de 
muchas de las casas del saber. El árbol vive y 
crece allí como en la selva, su casa; los cisnes 
majestuosos se pasean tranquilos por el río y 
los arroyos contiguos, las fuentes murmuran en 
los patios académicos; el estilo gótico y el de 
Iob albores del Renacimiento domina én los edi- 
ficios severos como la ciencia é imponentes 
como la verdad; cada colegio tiene su célebre 
biblioteca y capilla, donde el arte religioso ha 
meditado maravillas para edificar é incitar al 
recogimiento. 

La Universidad está constituida por unos 
veinte colegios, cada cual con su edificio pro- 
pio, rodeado de jardines y parques, de cuya 
belleza incomparable darán cuenta las personas 
que, como yo, Iob han visto. El culto á los árbo- 
les, á los verdes prados, á las flores, está lle- 
vado á su más perfecto desarrollo. Por los 
muros de lo6 colegios trepan como en su casa la 
hiedra y la glycina; en los paseos al borde del 
rio y arroyuelos, que son muy numerosos en 
esta comarca, crecen los árboles con una mag- 
nificencia que sobrepasan á los puentes y edifi- 


cio8. Desde más de seis siglos, este sitio, sin 
rival por la hermosura de su flora arborescen- 
te, ha sido el refugio predilecto de los estudio- 
sos . Allí pasaron su juventud vigorosa los 
hombres que luego Be hicieron célebres por su 
elocuencia en las Cámaras y bu amor á la liber 
tad sin violentar el derecho ajeno; los poetas y 
Iob literatos que han vertido en sus poesías el 
amor más vivo por la Naturaleza; los hombres 
de ciencia que han revolucionado el conoci- 
miento. 

En estos colegios campestres se hacen hom- 
bres, no libros, porque el estudio, lo más her 
moso de la vida, se alterna con los ejercicios 
físicos que embellecen el cuerpo y reflejan salud, 
sin la cual la inteligencia no puede funcionar 
con claridad y energía. 

Cuando visité Oxford era muy joven, y á 
pesar de ello no he podido olvidar lo bella que 
era la Naturaleza. Después he pensado que si 
los habitantes de Oxford eran inteligentes y 
sabios, se debía, en primer término, á su culto 
entusiasta por la vida de campo, sana, eeueilla 
y tranquila. Rectores y profesores viven con- 
sagrados, como apóstoles de una religión, á la 
tarea de iluminar, porque enseñar es dar luz. 
Los profesores ancianos son muy queridos y ve- 
nerados, y á todos se les respeta, ya por sus 


IOS 


ALÜUK'IU mn riiiAta 


vastos conocimientos, ora por su brillantez de 
exposición, ya por la belleza de su vida moral. 
En su mayor parte alcanzan reputación de sa- 
bios y autoridades en las materias á que se de- 
dican, como un arquitecto á sus construcciones 
ó un comerciante á sus negocios, durante toda 
su vida. He oído muchas confesiones de estu- 
diantes, he leído muchas memorias de esa época 
áurea, y puedo asegurar que la mayor parte de 
los estudiantes concluyen sus carreras pesaro- 
sos de abandonar á sus mejores amigos y al 
mejor hogar de su mente. Todos los hombres 
célebres hablan con amor y terneza de su pasa- 
je por las queridas aulas, y esta aseveración es 
tanto más sentida cuanto que el estudiante ha 
cumplido con su deber, realizado, en una pala- 
bra, los principios de la moral. He pasado por 
toda esa digresión á fin de describir el ambien- 
te en que se movió mi héroe, porque no es posi- 
ble hacer la descripción de una batalla sin ocu- 
parse de la topografía del terreno en que Be 
libra. 

Nuestro querido colega, pues profesores y 
educandos todos somos estudiantes en distintos 
gradoB, había pasado su infancia en la Repúbli- 
ca Argentina, donde tanto héroe militar y civil 
ha visto la luz; sus padres eran norteamerica- 
nos, y como no lo ignoráis, ellos nunca olvidan 


LA VIDA DEL ESTUDIANTE T LA MORAL 


189 


á su patria, y tienen razón para ello. Así que 
el niño hubo recibido la educación é instrucción 
primeras, le enviaron allá al Norte, al progre- 
sista pais que les vió nacer y donde embellecie- 
ron su alma con la práctica de la virtud. Allí 
fué electo presidente de su clase á la edad de 
diez y ocho años, ganando los más altos hono- 
res en los exámenes de oratoria, también por 
esa época. Á estaB distinciones se agregaron 
otras: fué promovido al grado de cadete por 
mérito durante tres veces consecutivas en el 
curso del mismo año. 

Más tarde fué electo uno de los once atletas 
de la Universidad Wesley para ir á medirse con 
los seis grupos de otras tantas universidades, á 
fin de obtener uno de los más altos premios que 
se tributan en los juegos olímpicos de Norte 
Afnérica. 

Guillermo Lancáster Me. Laughlin tenía 
alma griega y corazón bondadoso; hubiera sido, 
en los tiempos heroicos, un discípulo del maes- 
tro de la belleza intelectual, Platón, porque 
reunía á un cuerpo fuerte, sano, bello, la inte- 
ligencia clara y la bondad ingénita y noble. 

He visto su retrato, lo he contemplado con 
simpatía, casi con amor de hermano, y puedo 
declararlo: en las facciones romanas de su 
fisonomía franca había los rasgos de la volun- 


190 


ALBERTO NIN FRÍAS 


tad y de esa frescura insuperable, de ese en- 
canto sutil, de esa atracción que ejercen las 
idiosincrasias sinceras, bellas, las almas aten- 
tas al ideal y á la virtud. 

Ante ella me inclino; no puedo expresar 
todo lo que sugiere, pero escucho á alguien ha- 
blar por mi, y extasiado oigo el elogio de Taine 
á los jóvenes que frecuentaban en Atenas la 
escuela de Sócrates y Platón: «El aspecto serio 
y calmoso, inmóvil como un ser que se deja vivir; 
la actitud es de una nobleza sorprendente; pa- 
rece estar por encima de toda agitación (y qué 
cierto resuelta ello, sobre todo cuando sepamos 
toda la historia de esa pequeña vida). La cara 
no es más expresiva que el resto del cuerpo; el 
espectador no se siente atraído, como en las 
imágenes modernas, por el pensamiento de la 
frente, por lo apasionado de la mirada ó de los 
labios. Se contempla con sumo gusto esos pies 
ágiles y ese pecho robusto, tanto como esa fiso- 
nomía hermosa; uno experimenta tanta alegría 
en sentir ese cuerpo vivir, como en observar á 
ese espíritu pensar. La naturaleza humana no 
está en él, como en nosotros, desarrollada uni- 
lateralmente; está aún en equilibrio; gozan 
tanto con sus sensaciones como con su vida 
moral... 

»Una vida tranquila se desarrolla Bilencio- 



LA VIDA DEL ESTUDIANTE Y LA MORAL 


191 


sámente en ese espíritu en calma; él no razona, 
lentas imágenes pasan por él, como el cortejo 
de nubes sobre el luminoso azul del cielo. Pero 
que 3e observe atentamente el óvalo puro y al- 
tivo de esa faz y se verá que ese joven en repo- 
so es un soldado de Pericles y un discípulo de 
Platón.» 

La descripción es exacta; evoca con rasgo 
severo y preciso A nueBtro héroe, y si un dia 
algún artista se siente movido á perpetuarlo en 
el bronce, que no olvide esas lineas sugestivas, 
llenas de encanto, llenas de arte. 

Guillermo Lancáster Me. Laughlin estaba 
en vías de ser útil á su patria, y acaso á la 
lejana Argentina, su segundo hogar; ya se pro- 
nunciaban los contornos del talento en su per- 
sonalidad naciente, cuando se encontró cara á 
cara con una de esas situaciones que cambian 
por completo el aspecto de la vida. Todos ha 
llamos en el camino áspero é incierto del vivir, 
como Hércules, las dos vias del bien y del mal. 
Guillermo escogió la Benda del bien, y vamos á 
ver cómo. 

Su tío, el doctor F. W. Gonsaulus, de Chi- 
cago, iba á dar una conferencia en el teatro 
Iroquois, y pasando el joven estudiante por allí, 
Be le ocurrió entrar para inspeccionar el enor- 
me auditorium ó sala del teatro. Mientras se 



192 


ALBERTO NIN FRÍAS 


bailaba allí surgió un pánico indescriptible, 
debido á un incendio que estalló despiadado. El 
teatro estaba lleno; la concurrencia, compuesta 
casi exclusivamente de mujeres y nifios, pues 
se trataba de una matinée para los niños. 

Pudo haber salido ileso, mas decidió regre- 
sar para asistir á otras personas que so sofoca- 
ban en los gases producidos por los escapes. 
¿Podemos imaginarnos situación más angustiosa 
para ser resuelta por un joven lleno de vida, 
pletórico de salud, con un vasto horizonte de 
gloria y honores ante sí? ¡Ruda era la prueba á 
que se iba á someter esta juventud admirable! 
Su decisión fué la obra de un instante. Optó por 
la muerte, que en eBte caso podemos declarar 
gloriosa, sublime, ¡bien venida! 

Se fué á la salida del segundo piso, frente 
A una ventana de la Facultad de Derecho de la 
Universidad de Northuwestern. 

Hasta ese instante no ardía. Varios hom- 
bres le interceptaron el camino, anteponiéndose 
A las madres y niños que gritaban por salvarse. 
Trató de disuadirlos por la crueldad que come- 
tían al quererse salvar ante el inmenso ejército 
de los débiles y desamparados. En la Universi 
dad contigua procuraron unir las dos ventanas 
con planchas de madera. Después de un peno- 
so trabajo, que costó la pérdida de algunas 


LA VIDA DEL ESTUDIANTE Y LA MOKAL 


193 


vidas, se consiguió el objeto y con ello se esta- 
bleció un puente. Al llegar aquí, un tipo bestial 
empujó groseramente A Guillermo, mandándole 
se retirara del camino. Prontamente devolvió 
un correctivo á ese monstruo, y se aprestó A 
pasar A diez y seis personas, pudiendo haber 
Balvado su vida esas tantas veces. 

Entretanto, el fuego se avecinaba furiosa- 
mente. Sin embargo, pudo proteger A una mu- 
jer que ardía, y luego se le vió A él mismo en 
llamas. En seguida se desplomó una escalera de 
acero, y con ella varias personas. El cuerpo del 
joven héroe fué hallado debajo de ocho cuerpos, 
siete de los cuales estaban inanimados. Medio 
moribundo fué llevado A una de las clases de la 
Universidad contigua, convertida en hospital. 
El médico quería aliviarlo de sus dolores terri- 
bles, pero respondía invariablemente: «Voy A 
morir; preste su atención A las mujeres y A los 
niños: voy A expirar y estoy pronto para ello.» 
Palabras conmovedoras que sacuden todas nues- 
tras fibras humanitarias, palabras de un espí- 
ritu fuerte, de una presencia de Animo que para 
hallarle su igual es menester recordar A los 
mártires cristianos y al anciaao Bernard de 
Palissy, que prefirió la cárcel antes de renegar 
su fe en el Evangelio. 

No todos estaban poseídos de esta tranquili- 


13 



194 


ALBERTO NIN FRÍA8 


dad: por doquier resonaban desgarradoras risa» 
histéricas, los gritos, los sollozos, los lamentos, 
las imprecaciones y los ruegos. 

Los cirujanos del hospital manifestaron el 
coraje y virilidad de Guillermo al sufrir las 
curas. Todo su pensamiento Be concentraba en 
sus lejanos lares. Alguien le habló de la gran- 
deza de su acción y sus consecuencias. El se 
manifestó plenamente consciente de lo que 
había hecho, y al citarle esa persona eBtas pala- 
bras llenas de belleza heroica y piedad altí- 
sima: «Guillermito, tú no dijiste: «Padre, sál- 
vame de este trance cruel», pero si «Para esto 
llegué yo á esta circunstancia. » Sólo halló 
bien responder con sublime sencillez y conci- 
sión: «Sabia que Beguía al Señor y no podía 
hacer otra coBa.» 

Á bu tio le dijo que algunos hombres alcan- 
zaban su día de éxito á los sesenta, otros á los 
cuarenta, otros á los treinta, pero que él lo 
había hallado á los diez y nueve años. 

Le tocó su lote y lo ganó, encontrándose 
por ello, según su propio decir, muy feliz. 

Al ser preguntado si sufría mucho, dijo por 
toda respuesta: «No me encuentro tan confor- 
tablemente como otras veces.» Sólo podía verse 
del joven los ojos y la boca; lo demás estaba 
envuelto cuidadosamente en algodones. Su tío, 



LA VIDA DEL ESTUDIANTE Y LA M0EAL 


U>5 


clérigo de la ciudad de Chicago, había predi- 
cado el domingo anterior sobre «El ministerio 
frente á la única gran oportunidad». Al verle 
por primera vez, después de su horrible acci- 
dente, le dijo: «Espero que haya sido mi minis- 
terio; yo sé positivamente que esta ha sido mi 
única oportunidad.» Al observarle éste que si 
viviere cien años no encontraria una ocasión 
semejante de desplegar tanta grandeza de alma, 
respondió: 

«Estoy contento de lo que he hecho; pero 
solamente Siento por mi pobre madrecita.» Y 
aquí acaso su corazón estalló de emoción, y 
las lágrimas ahogaron sus palabras. 

Ninguna fraBeque se le citó para confortarle 
le produjo tanto bienestar como ésta: «Él salvó 
á los demás, pero no pudo salvarse á si mismo.» 

Vivió veintiocho horas en pleno conocimien- 
to hasta su último suspiro. Cuatro horas antes 
de dormirse en bub ideas religiosas recibió un 
telegrama de su padre, procedente de Buenos 
Aires, que decía: 

«Cariños á Guillermito.» Este recuerdo le 
alegró sobremanera, y después de breves ins- 
tantes se le oyó decir: «Mi padre y mi madre 
no hubiesen querido que obrase de otro modo.» 

La ciencia se empeñó, como nunca, en de- 
fender á esa vida en su carrera vertiginosa ha- 


19(3 


ALBERTO NIN FRÍAS 


cia la eternidad; mas todo fué en vano: expiró 
tan valientemente como Sidney ó Bayardo sobre 
el campo de batalla. Hagamos un paralelo entre 
la conducta de este joven estudiante que sacri- 
ficó su vida para salvar á los pequeños, á los 
débiles, y la de otros y aquellos que sólo pen- 
sando en sí mismos desprecian con su incon- 
ciencia á laB jóvenes y á los niños. 

Este hecho logró conmover á toda la nación 
norteamericana, y tal fué su influencia para 
edificar A las masas, que el profesor John 
H. Grove declaró que él era solo comparable 
con el hermoso fin del presidente Me. Kinley. 

El elogio de todos sus profesores fué elevado 
y tierno. Uno hallaba bueno decir que ninguno 
de los alumnos contaba con tantos amigos como 
él, calificándole de rayo de sol alegrador de 
cuanto encontraba á su paso; otro alaba su 
fisonomía siempre sonriente, su caballeresca 
respetuosidad y consideración, su dignidad y 
aspecto tranquilo, su espíritu pronto, investiga- 
dor y celoso, sus elevadas aspiraciones morales 
y espirituales, su propósito deliberado de sacar 
todo lo máB de sus cualidades, su interés encan- 
tador por los estudios y la aguda apreciación 
de laB deferencias que le conquistaba su excep- 
cional modo de ser. Su profesora de matemáti- 
cas, la eminente señorita Konantz, eBtima que 



LA VIDA DEL ESTUDIANTE Y LA MORAL 


197 


ningún acontecimiento de la Universidad con- 
movió más hondamente á los estudiantes. «Le 
queriamos — dice hermosamente — por la bella 
vida que Biguió entre nosotros.» 

Otro de los que le conocieron de cerca y le 
amaron por sus cualidades morales y su despe- 
jo intelectual, recuerda la lectura que hizo, en 
la clase de Historia de Inglaterra, de una de 
las más entusiastas arengas de Enrique V. Al 
pronunciar las grandiosas palabras del genial 
Shakespeare, su vida entera resonaba en ellas: 

«Pero si fuera pecado el ambicionar honor, 
soy el alma viviente más pecadora.» 

Así vivió y aBÍ se fué Guillermo Lancás- 
ter Me. Laughlín. ¿No tenía yo razón en afir- 
mar al empezar mi conferencia que el buen 
estudiante es un ser intensamente moral? 

Esta vida, este ejemplo admirable, nos lo 
prueba y embellece singularmente el verdadero 
concepto en que debemos tener la época dis- 
puesta por la Naturaleza, llamado para ocupar- 
nos de ese encantador y placentero estudio. 

Ahora que comprendo lo que el estudio sig- 
nifica, ahora que lo amo como la más preciosa 
ocupación de la existencia, desearía volver á 
la época de tierna juventud, y asevero con 
todo el corazón que mi héroe, mi modelo é ideal 
humano sería este joven Me. Laughlin. 


ALBtttlO HUI rniAO 


1U3 

Para reverenciar bu memoria, os invito á 
amarle como yo le amo deBde hoy: levantémos- 
le en nuestros nobles corazones un monumento 
por la práctica de las cualidades y de la ab- 
negación, que le transformaron en un héroe de 
todos los tiempos. 

No puedo terminar sin hacer de los padres 
de Guillermo el más alto elogio. Merecieron tal 
hijo, y si no escuchad estas palabras llenas de 
esa belleza tranquila y pura que es el deside 
ratum del arte: 

«Muchos han hablado de este joven valiente 
en el mismo tono cariñoso, pero aquellos que 
le quisieron entrañablemente no lo alaban con 
tanto exceso. Fué simplemente un cumplidor 
de su deber, y murió luego. Casi sus últimas 
palabras fueron: «No podia conducirme de otro 
modo», y aunque sus corazones estén oprimidos 
y destrozados, se alegran de lo que hizo. Hubo 
muchos héroes en el horrible incendio, sus nom- 
bres están escritos en el Libro de la Vida. Fué 
sencillamente uno de tantos, Bolamente que por 
cierto inescrutable misterio su abnegación, en- 
tre las escenas horripilantes de las llamas y de 
la muerte, fué observada por muchos que aho- 
ra dan testimonio de ello. Su padre, madre y 
hermanas le vieron cuatro meses antes cuando 
se despedía á bordo de un trasatlántico para re- 



greaar á la Universidad, después de pasar cinco 
semanas de vacaciones en su lejano hogar ar- 
gentino. Ellos le volverán á ver cuando el dia 
amanezca y las sombras se disipen...» 

¡Bien por el padre que puede escribir de 
esta manera á la muerte de su hijo! En estas 
lineas campea, así como un halo luminoso, la 
esperanza confortante del más allá, pero aquí 
detengámonos al borde del misterio, pues acaBO 
no me acompañaréis en esta ascensión. Yo he 
sentido la divina paz. Experimento en toda su 
magnificencia las palabras de un gran psicólo- 
go, que estudiáis en vuestro curso de Psicolo- 
gía, William James: «Podemos experimentar la 
unión con algo más vasto que nosotros mismos, 
y en esa unión hallar nuestra mayor tranquili- 
dad.» Así habla ese filósofo honrado que vues- 
tro querido profesor Carlos Vaz Ferreira en 
tanto estima. 

No podéis imaginaros, queridos amigos, lo 
que el conocimiento de esta vida heroica ha 
influido últimamente en mi idiosincrasia. Me ha 
hecho pensar intensamente en que mi deber no 
está sólo ea gozar de la vida, sino también en 
mejorarla en mi persona para transmitirla más 
buena á mis descendientes. El bien moral que 
el hombre hace á sí mismo, lo hace á toda la 
humanidad. 


ALBERTO NIN FRÍAS 


2UU 

Guillermo Lancáster Me. Launghlin ha le* 
vantado mi espíritu, entonando mi mente, vigo- 
rizando mi voluntad y robusteciendo mis aspira- 
ciones. 

Si otro tanto despierta un vosotros, no se- 
rán inútiles estas páginas sinceras, escritas por 
amor de Aquel que forma á la clase de jóvenes 
á la cual pertenece Guillermo. Su nombre es 
un mundo, su influencia sobre la raza humana 
incalculable: Jesús. 

Bien venido sea este maestro de los maestros 
y el ejemplo de su joven discípulo en estos 
claustros de nuestra digna Universidad. 

He dicho. 


9 9 


“LAUS VITAS 






“LiflUS VITFE,, 


Ensayo sobre la belleza considerada como religión 
y finalidad en la oida 


Al Sr. D. Francisco Sempere 
Homenaje de gratitud y amistad sincera 


He leído á Taine, á Renán; he escuchado 
con fervor religioso el Lohengrin de AVágner; 
oido á Massenet; viajado por Italia, la bella y 
soberbia; vivido en los sitios más poéticos de la 
noble Inglaterra; en Francia, nido de la dicha 
y de lo bello; he confundido mis ansias de lo 
infinito con la extensa visión de Cristo; he abre- 
vado mi sed de saber en la fuente de las más 
finas filosofías y con la más exquisita poesía. 
Conozco el verde Océano; he visto el perfil de 
tres continentes; me han deslumbrado tiernos 
idilios; á menudo he contemplado extasiado el 
sereno cielo azul y el anchuroso mar. La noble 
amistad me ha hecho vibrar en lo más hondo. 


204 


ALBERTO NIN FRÍAS 


He sido espectador y actor en el cruel drama 
de la vida, he palpado el auge, he orillado el 
malestar que la falta de dinero crea en derre- 
dor nuestro. He recorrido con mano enguantada 
toda la gama de la vida para hallar su nota do- 
minante y eterna, la melodía que la embellece 
é ilumina. Belleza me han contestado todas las 
cosas, y desde entonces me he vuelto su adora- 
dor en la vida y en la muerte. En aquélla ob- 
servo la luminosa ondulación del movimiento 
fecundo; en ésta la belleza del reposo aparente, 
porque morir es sólo prepararse á nacer máB 
perfecto y elevado. Si pudiese manifestarse de 
alguna manera el alma de las cosas, exclama- 
ría: Belleza. 

Todo tiene su fondo bello, pero para perci- 
birlo es menester refinarse. La belleza eB el se- 
llo de artista genial en todos los seres. Somos 
su creación desde la flora que ondula en el fon- 
do abismal del Océano hasta el tejido nervioso 
mejor organizado; su profunda beldad es nues- 
tra inteligencia, nuestra piedad, nuestras ciu- 
dades, vibrantes de hermosura ó agigantadas 
por el esfuerzo; el hogar sereno; el héroe de las 
luchas, el genio descubridor; el talento su dis- 
cípulo; los asimiladores sus súbditos. Y así, to- 
das las cosas de la tierra harían eco á un himno 
á la belleza. 


LA.US VlTit 


205 


Bella también, y más bella que cualquier 
otra cosa, eB la joven en quien la maternidad 
ha impreso su sello tierno y grave. En ese es- 
tado, las ideas de belleza no deben abandonar 
á la pareja humana", porque de ellas pende el 
destino de miles de seres. Sus ideas descansa' 
rán constantemente en lo bello, que es el as- 
pecto de Dios en las cosas, fijando así con más 
fuerza esa imagen de la vida suma, inexpresa, 
silente, misteriosa y deslumbrante. Presente 
tendrán el pasado de Grecia y sus adolescentes 
bellos como las frentes de las altas cimas y lu- 
minosos como un día de sol. 

La joven, por ser madre, conocerá los siglos 
de gloria, las épocas de vida intensa, los gran- 
des hombres, los poéticos cuadros de Bougue- 
reau, la gentil figura de La Source de Ingres, las 
melodías de Massenet, los misteriosos acordes 
de Grieg, los estados de alma del semidiós Wá- 
gner, las páginas sabiamente encantadoras de 
Guyau, la altiva poesía del pensativo Leeonte 
de Lisie, la infinita fantasía de Shakespeare, la 
majestad y sereno ardor de Goethe, el optimis- 
mo de un soñador como Elíseo Reclús, el estilo 
soberbio y terso de un poeta de la prosa como 
Onésimo Reclús, las páginas sutiles de Maeter- 
linck, el ritmo sensitivo del heleno Schelley, el 
orgullo intelectual de un Gabriel d’Annunzio 


206 


ALBERTO N1N FRÍAS 


que esforcé la beldad de su amor por las cosas 
tenues y frágiles. La madre es el arquitecto de 
la belleza física y del esplendor espiritual. A 
ella deberá el futuro sus triunfos más preclaros. 
Sólo en su seno la belleza humana puede dila- 
tar su reino. Los seres hermosos serán también 
las mentes de pensamientos bellos y serenos. 
Si se trata de una joven alma de héroe con la 
sublime fisonomía de Apolo, su gesto de con' 
quistador será bellísimo como el del corso audaz 
que se sentó en el trono desmantelado de los 
Borbones, resucitó el espíritu de Julio César con 
su pompa magnífica, y quiso para la Europa 
muda, bajo el amparo del águila, la República 
de Augusto. 

Si el ser nacido de tan noble mujer se incli- 
na al pensamiento, las facciones helénicas ocul- 
tarán al Superhombre, cuyo dominio sólo estriba 
en la fuerza de sus ideas, engarzadas en un es- 
tilo clarividente. 

Si sigue el comercio, no será su tráfico puro 
comercialismo baladí, sino las grandes transac- 
ciones que cimentan la paz y progreso de los 
pueblos, engrandeciéndolos y procurándoles los 
ocios nobles que hicieron de la activa Atenas 
la capital del pensamiento y del arte, y hoy día 
al industrial París, donde la ley divina hace cre- 
cer junto á los más abominables vicios virtu- 



LAU8 VITiE 


207 


des sin par; los pensamientos que promueven la 
acción fecunda y los que contribuyen á destruir- 
la, enervándola. Si este ser bañado de luz se 
dedicara á la agricultura, con gravedad sacer- 
dotal arrojará á la tierra bendita la semilla del 
dorado trigo y de todos los cereales que man- 
tienen el vigor y perpetúan la hermosura y la 
salud entre los hombres. El alma de este agri- 
cultor será de las más puras y transparentes, 
porque vive más ensimismado en la soledad di- 
vinal y el silencio de los campos, frente á la 
naturaleza física, que nunca se oculta para él. 
Amará las flores con sus embriagadores perfu- 
mes y su estructura delicada. 

Si abraza la carrera de arquitecto sabrá 
pasearse silencioso y meditabundo por el Foro 
romano, la Acrópolis de Atenas, las Pirámides 
de Egipto, Versalles, el castillo de Windsor, el 
de Cintra, en Portugal, y los palacios y jardi- 
nes de Génova. Irá á inspirarse en los lares de 
Atenas; en las ruinas de Pompeya y en los 
palacios elegantes del Renacimiento francés, 
Fontainebleau, la casa de Francisco I, el Louvre 
incomparable; en el Panteón, donde yacen Vol* 
taire, Pasteur y Berthelot; en los jardines del 
Luxemburgo, en el pequeño Trianon, en las 
góticas naves de Notre-Dame; en Florencia, 
Roma, Venecia, la soñadora, Nápoles, Pisa, 


208 


ALBERTO NI» FRÍAS 


Bolonia, el imperial Berlín, Oxford, Windsor, la 
abadía de Wéstminster, la catedral de San 
Pablo, el Parlamento Británico, los parques de 
la gigantesca Londres, las ruinas sugerentes de 
Jerusalén, los esplendores de la arquitectura 
árabe, las pagodas de la India, todo ello cons- 
tituirá el horizonte de su pensamiento artístico. 
En el pasado encontraremos el arte digno de sí 
mismo; nuestra época actual, tan contraria á la 
religión de la belleza, eB mal ambiente para el 
artífice de obras inmortales. El pasado es en 
muchos sentidos lo hermoso; el futuro, que sólo 
depende de nosotros, será bello si lo deseamos 
con fuerza irresistible. La falta de amor por la 
belleza, en sus diversas y variadas manifesta- 
ciones, acusa carencia de nobles aspiraciones. 
El ser humano es el que logrará todas eBtas 
transformaciones: huelga hipnotizar en el pro- 
toplasma humano todas eBtas ideas. Esta apli- 
cación de la estética á la moral, acabaría por 
transformar poco á poco este vasto campo que 
es aún el planeta, salpicado de extensos desier- 
tos, poblado de multitudes ignorantes y mise- 
rables. 

En el Asia inmensa, cinco veces tan grande 
como la ática Europa, habitan sociedades some- 
tidas á la más infecunda pasividad. Los santua- 
rios, otrora elocuentes, están mudos para estas 


LADS VITjE 


209 


muchedumbres famélicas y casi mentalmente 
en la infancia. En África, el continente triste, 
reina la barbarie más absoluta; el negro no ha 
sobrepasado el eBtado más rudimentario. En la 
América latina, el alma se concentra en las 
ciudades populosas; solamente en ciertas zonas 
altamente civilizadas de Norte América y la 
Europa Occidental y Central es donde tan sólo 
ha surgido el medio ambiente en que puede acli- 
matarse una vida espiritual superior. Por eBto, 
no valiendo simplemente las virtudes domésticas 
y civiles, sino el culto de todos los momentos á 
la belleza. Para realizar este fin, se someterán 
todos nuestros movimientos, todas nuestras ac- 
ciones é ideas á la alta estética. 

Belleza no es tan sólo las cosas que perciben 
nuestros ojos, son también los objetos suaves y 
tersos que palpamos, las armonías escuchadas, 
los olores saludables, cosas invisibles del mundo 
que empieza donde la palabra acaba y el pensa- 
miento se hace vago. Una modalidad poco común, 
pero intensísima, de la emoción de lo bello, es 
la oración. Pocos perciben su intimo sentido. 
Á peBar de la multitud de templos en honor de 
lo invisible, en muy pocos de ellos la oración 
adquiere los caracteres de la absoluta belleza. 

Sin el ánimo tranquilo, la oración es sólo 
repetición de palabras sin sentido. 


14 


210 


ALBERTO N1N FRÍAS 


Conviene al que ora la relajación de bus 
músculos, el olvido progresivo de toda preocu- 
pación mundanal y la doble atmósfera que crean 
el silencio y la soledad. Luego pasamos A pen- 
sar en cuánto nos ha vigorizado la santa espe- 
ranza de mejorarnos, intelectualizarnos, de 
elevarnos en la senda de la perfección y del 
conocimiento. Primero nuestras ideaB musicali- 
zan un adagio, luego un andante y le sigue el 
coro luminoso de todas las bellezas que ha sem 
brado lo eterno en nuestra vida. Finalmente 
prorrumpe una sinfonía grandiosa, donde lo par- 
ticular é individual se confunden en una supre- 
ma síntesis. Entonces el silencio absoluto reina. 
No somos más nosotros mismos, es ello la 
absoluta belleza que nos transmite su grandeza 
mediante una emoción de paz y de goce inefa- 
ble... Hemos orado. Para acostumbrarnos á este 
ejercicio de pacificación interna, digamos á 
nuestra alma superior cuanto noB place de ele- 
vado y bello; á nuestro corazón, de tierno y 
noble; no acallemos un sentimiento bello, no 
dejemos sin realizar una idea benéfica. Comu- 
niquemos al Logos, á la suprema razón de toda 
existencia, todos nuestros deseos en voz alta, 
como si los dijéramos al ser más amado. El 
deseo es como la semilla. Desear es trazar en 
el plano mental una casa hecha sin manos, pero 



por ello uo menos real. Toda causa se proyecta 
en efectos hasta la consumación de los siglos. 
Todo se cumple, y como nuestra alma es bella 
y constructora, es eterna; ella será con el tiem- 
po el personaje de todos los dramas que plan- 
tea; moradora de cuautos palacios ó pocilgas 
se construya. 

Laboremos por construir, construir, cons 
truir siempre con líneas más armónicas, con 
elementos más puros de la eterna belleza que 
lentamente va descubriendo su faz sublime. 

Según este concepto, extrictamente psicoló- 
gico, de la oración, ella se vuelve nuestro taller 
de construcciones mentales. Por ella nos iremoB 
acercando con paso firme y delicioso al plan 
supremo de nuestro desenvolvimiento. Orar es 
otro vocablo para edificar. La oración ilumina, 
embellece, vigoriza, serena, nos vuelve más 
sabios y más hermosos. 

En todo movimiento físico, mental ó espiri- 
tual asoma la Bin par belleza, á condición de ser 
un ademán constructivo. 

«Buscad y hallaréis», suena al través de los 
siglos la voz del gran profeta. Durante miles de 
centurias, en su nombre se sellaron las fuentes 
de la investigación, y justamente fué él quien 
las abrió, enseñando á la humanidad la manera 
honda de comunicar con su padre, que también 


'¿V¿ 


ALBERTO NIN FRIAS 


es el nuestro, prototipo de esa ideal belleza 
cuyo culto describe en estas páginas. 

El silencio fué para ese espíritu oro de la más 
pura ley. Era en esos momentos que fluia hacia 
él esa inspiración sublime, que luego se transfor • 
maba en acción enérgica y perdurable. 

Jesús pasó inadvertido por este mundo, taci- 
turno como otros tantos espíritus creadores. 
Enamorado del Bilencio, amante de la medita- 
ción, dominaba los problemas de la intrincada 
realidad. 

Asi Buena Nueva, en que firma la belleza 
espiritual por sobre la física, semeja al Univer- 
so, océano inagotable de mundos, de soles, de 
sociedades infinitas, en quien la Belleza Divina 
quiere penetrar al través del dolor y la dicha. 

Hay una región en que lo bueno, lo bello y 
la verdad se confunden. Esta religión va en pos 
de ese ideal. 



INDICE 


PAgs 


Carta-prólogo v 

Sobre el espíritu filosófico del autor ix 

Du Dictionaire International des Écrivains du 

Monde Latín xm 

Datos biográficos del autor xvn 

Ensayo sobre las obras que la Casa Sempere ha publi- 
cado acerca del cristianismo xxv 

Estudios religiosos 

Dedicatoria 53 

Jesús y la admiración del mundo 61 

El testimonio de la juventud intelectual 81 

La juventud del profeta de Nazaret 93 

Reflexiones sobre la fe 99 

La juventud del cuerpo y del espíritu dada por Jesús. 103 

Un filósofo moderno y el Evangelio 109 

El Evangelio y la poesía moderna 117 

¿Ha existido Cristo? 121 

Jesús y la historia 129 

La trascendencia del Evangelio 133 

Ensayo sobre Conversaciones tranquilas sobre el 

poder 141 

Norte América. — Los elementos idealistas de la vida. 153 


La religión del árbol 171 

La vida del estudiante y la moral 181 

Laus vitos 203 




BIBLIOTECA CIENTIFICA 

OBRAS PUBLICADAS 


Ernesto H^ICKEL. — Historia de la Creación de los 
seres según las leyes naturales . — Obra ilustrada 
con grabados. — Dos tomos en 4.° 

P. LANFREY. — Historia política de los Papas . — 
Traducción, prólogo y continuación hasta Pío X, 
por J. FerrAndiz. — Un tomo en 4.° 

A. RENDA, — El destino de las dinastías. (La heren- 
cia morbosa en las Casas Reales). — Un tomo 
en 4.° 

J. FOLA IGÚRBIDE. — Revelaciones científicas que 
comprenden á todos los conocimientos humanos . — 
Un tomo en 4.° 

David-Federico STRAUSS. — Nueva vida de Jesús . 
— Traducción de José FerrAndiz. — Dos tomos 
en 4.° 

P, J. PROUDHON. — De la creación del orden en la 
humanidad ó principios de organización política . 
— Un tomo en 4.° 

José INGEGNIEROS. — Histeria y Sugestión . (Estu- 
dios de Psicología clínica.) — Un tomo en 4.° 

José INGEGNIEROS. — Simulación de la locura ante 
la •Criminología , la Medicina Legal y la Psiquia- 
tría . — Un tomo en 4.° 

Luis BÜCHNER. — La vida psíquica de las bestias . — 
Un tomo en 4.° 

Augusto DIDE. — El fin de las religiones . — Un tomo 
en 4.° 

Rafael ALTAMIRA. — España en América.— Un 
tomo en 4.°